Zona Agro

Floricultura. Negocio floreciente

“Mi fuerte son las rosas, las que traigo desde Colombia, asegurando un sello de calidad y garantía ya que vienen clasificadas”. Sostiene que la influencia foránea frente a lo local sigue siendo muy fuerte, “por ejemplo en algunas especies, como las flores de bulbo (tulipanes, iris, lilium), sus semillas se producen en Chile, pero son enviadas para su perfeccionamiento a Holanda, y regresan”

 

“En la búsqueda de reproducir, plantamos 5 mil y solo dieron mil de ellas, entonces hubo que replantar todo, pero bueno, se va aprendiendo en el camino”. Añadió que en este sentido, tanto en la cantidad de plantaciones, como también en la producción “aún estamos a años luz de realidades como en Francia, en donde las plantaciones son de varias hectáreas, por lo que además su proceso es automatizado”

 

“Empecé con enredaderas, con cubresuelos, para luego tomarle el gusto a la flora nativa, pero no era tan rentable, porque la gente prefiere y opta por las flores; fue así como hemos ido reencauzando el camino, hacia las flores, hacia rosas, lavandas y otras”

 

 

En algunos casos, esta pasión nació gracias al gusto por el colorido, por el aroma o por la belleza de contar en el jardín de la casa con un natural adorno que siempre llama la atención por su presencia. Es que la flor, cualquiera sea, por siempre ha estado en los distintos escenarios de nuestro diario quehacer, durante toda la vida: desde el obsequio al momento de nacer, acompañando a la novia en el instante del sí, o en la despedida de quien acaba de partir.

Hace cerca de una década, incluso menos, la presencia vistosa de las flores comenzó a salir de sus límites, los que estaban simplemente demarcados por los márgenes del antejardín, o de una u otra actividad simbólica en que aparecían los pétalos de la rosa, el engramado del clavel, o el colorido de las violetas. De eso aproximadamente 10 años, en que la cultura de las flores, comenzó silenciosamente a irrumpir.

Y no solo lo ha hecho como ornamento, sino como un área dentro de la industria constituida por los productos gestados desde la tierra. En este sentido, si bien los pasos de la floricultura han sido, en un inicio, un tanto tímidos en comparación con otros ámbitos del agro, también es cierto que estos pasos han sido concretos, en busca de alcanzar más hectáreas por plantar, ya que son más los emprendedores que buscan fortalecerse en este nicho.

Las cifras ratifican en todo caso, que el caminar de esta actividad aún sigue siendo paulatino, incluso austero, en especial cuando hablamos de exportaciones de flores chilenas, las que son arrolladas con creces por las importaciones, es decir, por los productos florales que llegan a Chile, principalmente desde Ecuador y con fuerza desde Colombia. Es por ello por lo que gran parte de la floricultura nacional se concentra en el consumo local.

Lo anterior considerando que las exportaciones reportan retornos de 4 a 5 millones de dólares, versus países como Colombia, el segundo exportador a nivel mundial, que transa US$1.200 millones al año, o en caso de Ecuador, que vende US$800 millones por temporada al extranjero. Por ello, el esfuerzo de los floricultores nacionales es atrevido y dedicado, pero aún con mucha senda por andar.

Desde Holanda

El ingeniero agrónomo holandés, Bram Delissen, en los últimos años de la década del 90, viajó a Chile para realizar su práctica. Era el inicio del 2001 cuando volvió esta vez para quedarse, y lo hizo en la provincia de Curicó, región del Maule, donde plantó flores y una de las más potentes iniciativas de la floricultura nacional.

“En Holanda la floricultura es un rubro grande a través de las subastas; tengo familiares que se dedicaron a este rubro y después en 1995 hice mi práctica en el sur de Francia en la producción y exportación de flores, igual experiencia en 1998 en África (Kenia) donde estaba a cargo de un packing”, afirma este profesional y experto en el área de las flores.

Para quedarse

Añade que sus estudios como agrónomo siempre han estado relacionados a los agrocomercios y las flores: “Después de una práctica en Chile en 1997, tomé la decisión de volver en 2001, y dedicarme al desarrollo de este rubro por la contraestación. Desde 2002 trabajamos juntos con André Lutijn en la empresa Chilfresh Limitada”, cuenta el holandés.

De paso comenta que “cuando empezamos tuvimos una participación del mercado de exportación de 5 por ciento, y hoy en día exportamos casi el 90 por ciento de flores de Chile”. Sobre este éxito, Bram Delissen, precisó que a su juicio, “todos los éxitos empiezan con base en tener pasión, visión, honestidad, trabajo duro y un poco de suerte, eso creo que nos llevó al éxito”, agrega el floricultor internacional.

Camino al andar

“La industria no existía – hicimos el camino, piedra por piedra y hoy en día tenemos una industria bastante profesional, especialmente en cuanto a la cadena de frío y logística; eso hoy está bajo control”, agrega este experto, precisando que actualmente la actividad en Chile es un bien necesario más allá de una moda o un boom.

El mercado de flores de corte, solamente en Holanda, genera más de 6 mil millones de Euros en el año; “esta cifra fluctúa 8 por ciento hacia arriba o hacia abajo, lo que significa que en nuestra cultura no es un boom o una moda pero sí un bien ¨necesario¨ para el consumidor – parte de la vida diario. Como en todos los rubros, solamente hay espacio para los mejores productores, sea en calidad o en eficiencia, en un rubro que no es fácil, ya que no existen mercados para segunda calidad”.

En este momento, Chilfresh tiene en conjunto con productores, 48 proyectos en Chile: En La Serena y desde Ovalle hasta Coyhaique, siendo las flores principales Peonias, Ranúnculos, Anémonas, Hortensias, Ruscus y Hellebores.

Al ser consultado de las cualidades de Chile para la floricultura, Bram Delissen, explica que sí la posee para algunas especies, aunque con contratiempos: “sí, por la contraestación tenemos un gran ventaja, aunque por otro lado, la logística no es fácil, además la falta de tecnología y conocimientos han sido un freno para el desarrollo”, aseveró.

Importaciones en alza

Las cifras del sector de los últimos años, señalan que importaciones de flores hacia el país han crecido en un 900 %. Como ejemplo, solo entre 2011 y 2012, las entradas de clavel subieron 400 %. Un factor importante para que ello ocurra ha sido su bajo precio en relación con la producción local y la incidencia de los supermercados.

Los mismos dígitos precisan que el 80 % de las flores que estos venden provienen del extranjero y su importancia en la venta de flores ha variado desde un 10 % a un 40 % en solo cinco años. En las florerías tradicionales locales, en tanto, aseguran que las ventas de flores en los últimos años se han incrementado a la par con los eventos y actividades del quehacer diario, desde  nacimientos y matrimonios, hasta licenciaturas y aniversarios, entre otros.

Así lo afirma Francisco Letelier, quien de sobra conoce el ámbito de las flores, ya que desde pequeño ha continuado una actividad familiar de a los menos tres generaciones de floristas. “A los 8 años ya realizaba arreglos y vendía flores, lo que he hecho durante 35 años en forma ininterrumpida, pasando por todos los cambios que ha tenido esto, que con el tiempo se ha transformado en una cultura, floricultura como hoy se denomina”, acotó.

Cruzando los tiempos

Reconoce que la importación de flores es importante en cuanto a números, por ejemplo en su negocio, una buena parte del abastecimiento viene desde fuera del país: “En nuestros productos, por ejemplo, se usan semillas holandesas, las rosas y los maules son colombianos, está llegando mucha flor ecuatoriana, también está llegando mucho desde Perú”, indica.

Cuenta Francisco, “que mi fuerte son las rosas, las que traigo desde Colombia, asegurando un sello de calidad y garantía ya que vienen clasificadas”. Sostiene que la influencia foránea frente a lo local sigue siendo muy fuerte, “por ejemplo en algunas especies, como las flores de bulbo (tulipanes, iris, lilium), sus semillas se producen en Chile, pero son enviadas para su perfeccionamiento a Holanda, y regresan”.

Indicó que las flores pudiesen ser parte de una moda, “pero moda que cruza los tiempos, en que siempre una flor estará presente, aunque hay algunas que cruzan y siguen presente para todas las ocasiones, como las rosas, los claveles, y en los últimos años, los lilium; hay flores que marcan tendencias, pero los floristas algo hemos hecho para hacer de esto una cultura”.

Sobre esto último, el destacado florista cuenta que “la gente ha sabido y aprendido a conocer de esta cultura de flores, en cómo usar los colores, los aromas, las formas de las flores, para las distintas ocasiones, a la gente les hemos enseñado cuáles son las mejores alternativas, cómo usarlas mejor y en dónde”.

El Aroma

Para la argentina avecindada en Chile, Celeste Busso, fue el aroma de las flores que la llevó, junto a su marido, Rafael Garrido, a incursionar en la floricultura, y específicamente en la producción, aun a baja escala de lavanda. “Y es que en el campo con mi esposo nos atrajo un fuerte olor a perfume que provenía desde una casa vecina, fragancia que inundaba todo el entorno, por lo que fuimos a indagar, y vimos que la vecina tenía un jardín de lavanda, ese fue el inicio”, cuenta la profesional trasandina.

Narra que “esto los llevó a investigar, a meternos en el tema, mi marido es ingeniero agrónomo, y encontramos que la lavanda además de su aroma, posee un sinfín de cualidades, por lo que decidimos probar, y hoy tenemos una hectárea de la flor, que se nota a mucha distancia por su olor, que es más intenso desde primavera hasta marzo aproximadamente, cuando la planta está con flor”.

Busso indica “que lo pensamos como una forma de iniciar un negocio propio, pero a la vez un negocio bonito, que de verdad gustase y en el que trabajamos prácticamente todos los días”, reconociendo además que “hoy en Chile hay muy baja producción; sabemos que hay en Molina, Chépica, en el sur, pero de todas formas es poca la información que se maneja a nivel local”, lo que lleva un poco a aprender de los errores.

Esto último porque “por ejemplo, en la búsqueda de reproducir, plantamos 5 mil y solo dieron mil de ellas, entonces hubo que replantar todo, pero bueno, se va aprendiendo en el camino”. Añadió que en este sentido, tanto en la cantidad de plantaciones, como también en la producción “aún estamos a años luz de realidades como en Francia, en donde las plantaciones son de varias hectáreas, por lo que además su proceso es automatizado”.

 

Más que una fragancia   

Celeste Busso explica que la idea es continuar con la producción de lavanda y hacer crecer la hectárea y media que poseen en Teno: “Hoy vendemos la planta, pero no para ornamentación, sino que la vendemos a productores de aceites de lavanda, y lo que queremos hacer, a futuro, es nosotros elaborar el aceite de lavanda, el que tiene muchas cualidades para la salud de las personas con propiedades impresionantes”, afirma.

En todo caso la trasandina no restó importancia al incremento del interés que la lavanda también ha despertado para arreglos florales u otras utilidades. “En este sentido, se da el sistema de no colocar todos los huevos en la misma canasta, y aprovechar el interés que ha despertado para ser utilizada en arreglos de novias, de hecho, las florerías nos han consultado al respecto, o para jabones, para perfumes, incluso nos han pedido plantas para los jardines”, aseguró.

De moda a cultura

Isabel Miranda, del vivero Florida del Alto, en los Niches, coincide en que el ámbito de la floricultura lentamente en los años ha ido formando un camino que pareciera va en alza y en varios sentidos, aunque aún en forma gradual en comparación con otros países. Cuenta que su relación con las flores se gesta hace unos 20 años, luego de estudiar dibujo técnico de arquitectura que derivó en talleres de paisajismo y botánica.

“Empecé con enredaderas, con cubresuelos, para luego tomarle el gusto a la flora nativa, pero no era tan rentable, porque la gente prefiere y opta por las flores; fue así como hemos ido reencauzando el camino, hacia las flores, hacia rosas, lavandas y otras”, cuenta Miranda, explicando que siempre, ornamentalmente, habrá una flor que esté de moda, como la rosa, los tuliperos, la astromelia, las peonías, las calas o los liquidámbar, por ejemplo.

Indica que en gran medida, este gusto por las flores, ha ido haciendo que la floricultura, como cultura, se inserte en nuestro país. “Tan solo hay que recordar que hace 20 años, solo veías claveles, gladiolos y  rosas, y no mucho más, a diferencia de hoy, donde la variedad y el gusto ha ido creciendo sin duda, pero falta que crezca aún más” reiteró, coincidiendo con los expertos y los impulsores de la floricultura en Chile.

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