Taller para Padres

Mañas, pataletas y conductas agresivas

Más de algún papá o mamá ha vivido situaciones de conflicto con sus hijos en los primeros años de vida, una pataleta o reacciones violentas por conseguir algo; o ser testigos de palabras no adecuadas en sus hijos.

 ¿En qué punto estas conductas dejan de ser una experiencia anecdótica?

Cuando un niño pequeño está recién comenzando a caminar o hablar suele tener conductas agresivas como morder o pegar si otro menor les quita un juguete, pues así expresan sus emociones en dicha etapa. A la medida que crecen y comienzan a desarrollar el lenguaje verbal estos impulsos agresivos deberían quedar atrás.

Pero, ¿cuándo estas conductas se consideran un trastorno? Si esta agresividad es difícil de controlar, existe gran impulsividad y/o afecta la funcionalidad del niño produciendo daños a terceros se convierte en un problema, así lo entiende Constanza Vega, psicóloga clínica.

“En casos que no se logran controlar pueden generar problemas en el futuro del menor, por ejemplo, fracaso en el sistema escolar, problemas para sociabilizar, dificultades para adaptarse, rechazo, etc.”, explicó la profesional.

¿Cuál es el rol que cumplen los padres frente a estas situaciones?

“Las conductas agresivas en los niños son reacciones a experiencias previas, por ejemplo, pueden responder  de manera violenta porque lo aprendieron previamente, ya que imitan las conductas de los padres, familia o compañeros de estudios. Es muy importante el rol de los papás, influyen en la construcción de las conductas, pues los niños imitan su comportan”.

 

Cómo reaccionar a situaciones agresivas:

  • No reaccionar con agresividad a las conductas inadecuadas de los niños. Como imitan, repetirán esas conductas que los padres les muestran.
  • No golpear al niño o niña frente a una conducta agresiva, pues se envía un mensaje erróneo a los menores, puede generar traumas a futuro y además, no está permitido.

Recomendaciones para los padres:

  • Fijarse en cómo se relacionan entre ellos (padres)
  • Fijarse en cómo reaccionan con situaciones cotidianas que pueden ser imitadas por los menores.
  • Ser moderadamente flexibles, ya que como a los niños les cuesta expresar sus emociones en algunos casos los castigos pueden empeorar la situación. Buscar un punto medio entre la comprensión y el castigo.
  • Analizar los momentos y contextos en que ocurrieron las conductas agresivas para comprender al menor.

GROSERÍAS

Más de alguna persona ha sido testigo de lo gracioso que puede ser escuchar a un niño pequeño decir una palabra que no es adecuada a su edad. Sin embargo, lo “divertido”, según indicó Constanza, causa confusión en los menores.

“El menor creerá que decir malas palabras siempre será celebrado, pero en la medida que el niño crece las incluirá en su vocabulario, utilizándolas en otros contextos, repitiéndolas en el colegio o entre sus amigos”.

En esa línea, Constanza indicó que los padres deben tener en cuenta que los menores repiten todo, por ello cuidar su actuar y lenguaje es prioridad para que niño o niña no malinterpreten las conductas.

AGRESIVIDAD EN EL COLEGIO

El rol que juegan los padres en el comportamiento de sus hijos no es solo cuando están con los ellos, pues los menores se desenvuelven en diferentes escenarios, como por ejemplo en los establecimientos educacionales.

“El rol de ellos fundamental, ya que no solo influyen en el ámbito pedagógico de los niños. Yo tengo que trabajar codo a codo con los padres y tomar medidas para que el niño no tenga conductas agresivas”, expresó Josefa Fernández, Educadora de Párvulo de la Universidad del Biobío, quien trabaja con niños de cinco años.

En ese contexto, agregó que “han coincidido algunos casos que las conductas agresivas tienen relación con problemáticas o situaciones que viven en sus hogares. Está en los padres querer ayudar a los pequeños en su comportamiento”.

¿En qué momentos has sido testigo de conductas agresivas?

“Por un lado, la agresividad la asocio a los niveles de frustración de los niños, es decir, en actividades que podrían genera competitividad, ellos reaccionan con conductas agresivas. Por otro lado, hay contextos, muchas veces los niños pasan por una situación en particular, por ejemplo, el nacimiento de un hermano o que el papá se fue de casa, son situaciones que pueden generar retrocesos en su conducta, no son capaces de expresar sus emociones y las representan en situaciones de agresividad”.

Para dichas conductas agresivas, Josefa indicó que hay metodologías a seguir, como la conversación y contención con los pequeños.

“Averiguo lo que ocurrió, pregunto al o los involucrados y también a los testigos para que me expliquen la situación. Les pregunto por qué reaccionaron de esa forma, qué sintieron y qué los impulsó. En el caso que exista llanto trato de contenerlos de manera afectiva, entonces es una mezcla de conversación y contención para que el niño pueda internalizar lo que hablamos y sea significativo, que no lo entienda como un llamado de atención”.

Una forma de actuar de esta educadora bajo el pensamiento de que las conductas agresivas no se pueden enfrentar con enojo, pues en una nueva situación agresiva el menor respondería del mismo modo.

Cabe destacar, que, así lo explicó Josefa, existen situaciones esporádicas y otras constantes. En el caso de que las reacciones agresivas sean prolongadas los pasos a seguir cambian.

Observo con mayor intensidad al niño o niña, para luego tener conversaciones con sus apoderados. También, se habla con el menor para tener antecedentes de lo que vive, porque puede ser que esté viviendo algo en su entorno que genera sus conductas agresivas. Pero, cuando los niveles son sobrepasados y así también los de frustración se incorporan otros integrantes del cuerpo técnico como psicóloga”, finalizó.

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