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EL SECUESTRO EN CASA DE GONZALO ROJAS

Culminó ciclo “La Palabra”

El pasado viernes 26 de noviembre finalizó la cuarta y última jornada del ciclo “La Palabra”, organizado por la biblioteca Del Relámpago de  Casa Gonzalo Rojas, tendiente a lanzar libros de autores regionales, con la presentación de dos obras; “El secuestro” del escritor y periodista sancarlino, Camilo Ortiz, y “Poemas del encierro” del escritor, poeta y periodista, Iván Quezada, ambas escritas durante el año 2020.

Exitosa fue la culminación del ciclo “La Palabra”, realizado en  Casa Gonzalo Rojas, con el objetivo de promover los espacios culturales de la ciudad a través de la interacción en vivo con los autores en la casa del poeta Gonzalo Rojas, ya que en esta cuarta actividad se presentaron dos interesantes libros.

 PRESENTACIÓN

“EL SECUESTRO”: Hay secuestros y secuestros, en la vida real y en la literatura policial, en el suspenso y en el terror, en la fantasía, en la crónica, en cuentos. El lector gozará en cada página en su trayecto porque hay diversidad, un espejo de realidad contemporánea, vívida, que pueden ustedes sentir en cada página. Entre sus líneas encontrarán trozos de memoria como Las mil y una noche, El tambor de hojalata, El chacal de Nahueltoro, El perro matapacos, El vil consumo del ser humano, El hartazgo, El hastío, El vacío y La soledad.

“POEMAS DEL ENCIERRO”: En la obra de Iván Quezada podemos encontrar un dulzor y amor que contiene fuertes dosis de desengaño, ese ácido resultado de amar y despertar sintiéndose un solitario incomprendido, resulta de total empatía. Nos vemos reflejados en esas elucubraciones, llegando a pensar que el encierro hizo su buena tarea contra nosotros, un encierro que dejó cicatrices en los versos de Quezada, como un río de copiosas imágenes que pintan la atmósfera, vestidos de mascarilla.

EL SEPULCRO DE LA CUARENTENA

La casa de Gonzalo Rojas es un sitio especial para mí, porque estoy presentando un libro de poemas en la casa de un maestro de la poesía chilena, quien de una u otra forma me ha influido.

Este libro trata sobre el encierro producto de la pandemia, no es un lamento, ni una queja, simplemente una bitácora ya que en mi caso el encierro fue absoluto (estaba viviendo solo en Santiago, puesto que mi familia es de Concón). Tuve que convivir conmigo mismo, escribiendo para tener una respuesta de la soledad.

“ENCIERRO, hoy no vi a nadie, salvo el recuerdo de mi sombra, pasó un millón de años en un segundo, el origen del universo está un poco más lejos, una cuarentena es lo más parecido a un sepulcro, las sirenas de las ambulancias son las campanadas del trasnoche, como nunca el tiempo es un número, la comunión con el gato, farol de ojos inmóviles como la mirada fija de un ave, recostado sobre mi pecho para la más larga siesta que registra la historia, me faltó el aire en la calle, pero no fue la enfermedad, sino un suspiro que no encontró en este mundo la oportunidad para manifestarse, me cuesta escribir o editar, me cuesta el amor que rehúye las pantallas, en mis sueños nadie me habla, son espejos rotos en que mis pensamientos son un cuento en el rostro del olvido, las mascarillas se parecen a morir asfixiado con la almohada, ¿qué hacer ahora?, declararle mi lealtad a las pantuflas, observar la pálida cordillera del invierno y pagar mis deudas eternamente… ¡Ahh! Como me gustaría darle de correazos a la realidad hasta que se extingan los notarios, las férulas, los mascarones y las corbatas…”.

LA OSCURIDAD HUMANA ES INFINITA

Camilo fue secretario durante un año y medio de Gonzalo Rojas y esta es la primera vez que lanza una obra desde la casa del vate.

Antes de comenzar, le dedicó este lanzamiento a su madre, que es una de las personas que más ha querido en su vida, “quien no está con nosotros desde hace 8 meses. Es un proceso duro y para un escritor tiene un algo más… pero la vida y la literatura sigue…”.  

Camilo leyó dos textos de su obra, de los cuales les compartimos LA PAJARITA.

“Le voy a contar señor inspector lo terrible que han sido las cosas, ni siquiera podemos dormir, no sé cómo mi pobre hijo se enredó con esa cabra loca, supongo que empezaron a juntarse a la salida del colegio, todas las tardes andaban para arriba y para abajo, o si no hablaban por celular, le dije no se cuántas veces que esa pajarita estaba mal, pero él estaba obsesionado, la defendía diciendo que era una víctima y hasta echándose la culpa para que no hablase con su mamá, al final fui y nos mandamos el medio encontrón con la vecina, que era harto mal hablada. Usted comprenderá que como madre no me sentía tranquila viendo a mi hijo todo rasguñado, sabía que era el hazmerreir del curso, pero el seguía y seguía como si estuviera empotado, por si acaso, así se decía en los tiempos de mi abuelo, que de verlo le hubiera dado una paliza por dejar que una mujer hiciera eso. Con esta cosa del feminismo, las mujeres están bravas y claro que les encuentro razón, pero se les pasó la mano y ahora es pura venganza, como si todos los hombres fueran malos de adentro y ni Dios los pudiera perdonar. Mi niño siempre fue quietecito y obediente, nunca me robó ni 100 pesos de los vueltos, jugaba alegre con sus amigos y hasta lo elegían mejor compañero de curso, ahora en cambio, se ponía insolente cuando hablaba de ponerse los pantalones y cantárselas clarito a la Fernanda, ni le cuento el escándalo que armó la última vez en que le dimos once junto a mi Jonathan. Tenemos un perrito que a veces se pasa al comedor y a mi marido no le gusta, él también es un hombre tranquilo, usted ya lo conoció, lo malo fue que quedó cesante después que unos buses chocaron en la carretera y cerró la empresa donde trabajaba como mecánico. Estábamos en lo mejor y entró el perrito, ¡Jeremías! dio un grito para que saliera pero se metió debajo de la mesa y entonces mi marido le dio una patadita para echarlo y ahí salió la Fernanda, le gritó que era un macho agresor y hasta a mí me sacó al baile, acusándolo de pegarme, ¿cuándo?, nunca me ha levantado la mano, más bien yo lo cacheteo cuando llega borracho, por eso creo que Jonathan salió a su padre, porque a la hora que sale a mí, a esta cabra ya la habría mandado a cambiar con viento fresco. Cuento corto, la pajarita dejó la escoba, se fue dando un portazo, pero la cosa no terminó ahí, se puso a decir por las redes sociales que éramos unos maltratadores de animales y debían quitarnos al perro. Ahí sí que Jeremías se enojó porque quiere harto al animalito en el fondo, fíjese que lo trajo de la calle cuando andaba botado y desnutrido. Se acabaron las visitas de la Fernanda, pero antes de seguir debo contarle algo que me da vergüenza Sr. Inspector, a veces cuando ella se quedaba a dormir sospechaba algo, me levantaba y aunque la puerta de mi niño estaba cerrada, oía que hacían sus cosas de pareja y después se escuchaban ni que medios palmetazos. Al otro día mi niño se levantaba con la cara roja y ni siquiera probaba el desayuno. A lo mejor mi error fue que no le conté nada a Jeremías, hasta que se dio cuenta solo. Me fui a hablar con la mamá de ella y era como la copia vieja de la pajarita, me dijo que no tenía nada que meterme donde no me correspondía, su hija era así por ser muy consciente de la realidad y estaba orgullosa, las personas como ella mejorarían el mundo algún día, en cambio mi hijo era de los quedaitos que no decía pío ni cuando lo meaban en la cara. Ahí me enojé y le solté unas cuantas cosas, en mi familia no aguantamos las groserías, somos humildes pero siempre decentes. La señora casi se me vino encima, tuve que irme rapidito, al padre no lo vi y tampoco iba a preguntar por él, Fernanda, en cambio, salió de su pieza en el último momento para avivar la cueca y ayer a la señora se le ocurrió llamar a los canales de televisión y fueron los periodistas en busca de cahuín, le echó la culpa al Jonathan de hasta el pecado de Adán, corrí a dar mi versión y nos mandamos un round ahí mismo frente a las cámaras. No le cuento lo que después colocó en la redes sociales, formó un grupo de protesta con las amigas de Fernanda y nos tienen amenazados si no aparece luego la pajarita… (Suena el teléfono) perdón Sr. Inspector, es mi celular, ¡por fin Jonathan!, ¿dónde estás?, ¿pasó algo?… No sé cómo decirlo mami… Dime no más, yo te creo todo… Mamita, no aguanté más y me la pitié..

Con estas dos presentaciones, concluyó el exitoso ciclo “La Palabra”, organizado en la casa de Gonzalo Rojas, que entregó interesantes títulos para leer y disfrutar este verano.

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