Reportajes

¿Cuántas veces utilizaste esa frase? ¡Volví con mi ex!

En las historias de amor la vida puede dar muchas vueltas, experiencias positivas y negativas; encuentros y desencuentros, etc. Pero, si te preguntan por tu ex, ¿Volverías a tropezar con la misma piedra?

 

“No sé cómo llegamos al punto de terminar cada semana y testarudamente intentar remediarlo e intentarlo otra vez”, así, Daniela recuerda cómo luego de siete años de relación, con la persona con la que pensaba formar una familia, viajar y un sinfín de sueños se transformó en un ex, pero no cualquier ex, sino el que más le costó sacar de su vida.

“Ahora pienso y entiendo que sentía una dependencia muy fuerte, no imaginaba mi vida sin él o en el fondo sin la felicidad que logramos conseguir estando juntos en los primeros años. Pero, el amor no fue suficiente y todo se desvirtuó”, expresó la joven.

Daniela tiene 37 años, a los 28 terminó definitivamente su noviazgo con J, comenzaron a pololear a los 20 años y en total estuvieron ocho años juntos, sin embargo, ella solo cuenta siete.

“Terminamos un 16 de marzo, aún lo recuerdo porque era un cumple mes, fuimos al “Buinzoo”, como dos niños. Cuando venimos en el bus de regreso discutimos y fue en ese momento que nos dimos cuenta que ya no podíamos continuar juntos, ya que no nos soportábamos. Fue el viaje más largo de mi vida, ya no lo quería ver, solo quería llegar a mi casa. Pero, esa no fue la última vez que nos vimos, pues fue en marzo del año siguiente cuando no volví a saber de J.

“Volví con mi ex” fue mi frase más utilizada en ese año, yo creo que a mis amigas y familia los tenía cansados, de tantas idas y venidas, pero yo siempre les decía que tienen que vivir una situación así para entender cómo puede llegar a ser tan difícil terminar una relación.

De la felicidad, pasaba a la pena y rabia, un ciclo que se repetía cada cierto tiempo, era desgastante. Al principio nunca peleábamos por celos, más bien eran por tonteras, la más mínima diferencia en algo nos hacía discutir.

Ese año, de encuentros y desencuentros, conocí a otro hombre, y le dije a J que ya no podíamos continuar así y que quería darme la oportunidad de estar con otra persona.

Finalmente, salí con el chico nuevo, pero no funcionó ya que volví con mi ex, ¿era obvio no? Estuvimos dos meses bien, pero los 10 meses restantes solo eran discusiones, ya que llegaron los celos, como yo había salido con otra persona, él también hizo lo mismo. Parecía que entre más daño nos hacíamos era mejor.

Nos costó mucho cortar el cordón umbilical que nos unía, hasta que se involucró mi familia y la de él, fue inevitable que ocurriera eso, pues era notorio que ambos estábamos mal enfocados y nuestros seres queridos comenzaron a preocuparse.

En ese momento, dejamos de vernos, yo fui al psicólogo porque quedé muy mal luego de la separación definitiva, me ayudó a comprender que la dependencia que habíamos generado se transformó en algo malo para ambos, y todas las situaciones de enojo hicieron que el amor se disolviera poco a poco.

Recuerdo los malos ratos que pasamos por tener la idea de permanecer juntos, ambos nos habíamos alejado de nuestro entorno y pretendíamos tener una misma vida, algo que evidentemente era imposible. Por ejemplo, si él salía a carretear, yo al otro día salía también para no ser menos y ese tipo de situaciones generaban los problemas.

Han pasado 10 años de ese pololeo inmaduro, tras el quiebre tuve dos relaciones que con el tiempo se trasformaron en ex, claramente en esos casos logré con mayor facilidad dar vuelta la página y en el tiempo correcto.

Hace aproximadamente dos meses volví a tener noticias de J. Cuando pensé que nunca más le vería la cara pues lo último que había sabido de él era que se había ido a Santiago, están las redes sociales para recordar a esta persona que, tanto para bien como para mal, marcó una etapa de mi vida. Una solicitud de seguir en Instagram, que acepté, me hizo saber en qué parada de la vida estaba. No dudé en aceptarlo y revisar sus fotografías, y así supe que tuvo una hija y que continuaba en Santiago.

Desde ese día conversamos a diario, nos dimos nuestros actuales números de teléfono y hemos podido actualizarnos de qué fue de nosotros, ahora más grandes y más maduros.

¿Podría existir un rencuentro? creo que sí”.

“Relaciones tóxicas”

Pero, detrás la humorada que puede generar las idas y venidas en una pareja, las rupturas y las reconciliaciones, hay casos en que no es un conducta normal, pues el límite de una separación por algún tema en específico y las relaciones tóxicas tiene un pequeño margen.

Sonia Fernández., psicóloga

Sonia Fernández, psicóloga clínica ex coordinadora del programa “Hombres por una de vida sin violencia, región del Maule”, explicó que existen ciertos factores que propician la imposibilidad de terminar una relación definitivamente, “se debe a la dependencia emocional que a su vez es un tipo de adicción, donde una o las dos personas se vuelven adictas a la otra, y en el fondo la adicción es producida tras cada pelea y situación conflictiva”.

En esa línea la especialista, agregó que esta dependencia emocional se ve reflejada en la necesidad de ser necesitados, por ello, existen personas que se enfrascan con otros que los necesitan o con parejas que son propensas a abandonarlos.

“Básicamente este tipo de relaciones producen la activación emocional que se vuelve adictiva, lo que hace que en la práctica existan vueltas hacia reanudar la relación y la esperanza de mejorar la relación, pese a que toda evidencia lógica muestra que no”.

¿Cuáles son las características de este tipo de relaciones?

“Toda relación tóxica está definida por cuánto me hace sufrir, no somos capaces de ponerle fin y entender que no es para nosotros. Cuando nos vemos envueltos en estos círculos viciosos y comenzamos a pasar muy mal”.

En cuanto a las personas que puedan integran esta relación, Sonia, explicó que las características son muy varias, pues en algunas hay presencia de patologías y en otras no.

Según la psicóloga las personas que caen en una relación tóxica, por lo general, en su niñez, han tenido algún tipo de carencias afectivas o abandono emocional. “Un abandono tan mínimo como que te dejen llorando toda una tarde en el jardín infantil es causante para que se desate la ansiedad de separación y que en la adultez te apegues a personas que te producen la misma sensación de abandono”, señaló.

En esa línea, la especialista fundamentó con el siguiente ejemplo: “una niña va donde su mamá o su papá a mostrarle un dibujo que realizó, y él o ella no le dan la atención necesaria y le dicen que se corra porque está ocupado (a). La pequeña tendrá una sensación corporal que es la adrenalina que se produce en la guatita por la desazón de no ser considerada. Al crecer, esa niña encontrará una persona que le hará esa misma sensación producto de la indiferencia o que no atenderá sus necesidades emocionales y ella creerá que es amor, ya que de manera inconsciente su memoria emocional les va a decir que, si las personas que más la aman en la vida le hicieron sentir eso, el amor es así”.

Pero no solo las carencias emocionales de la niñez, hacen que una persona pueda desarrollar relaciones amorosas tóxicas, el factor sociocultural también tiene protagonismo en estos casos.

“Las teleseries donde la protagonista sufre todos los capítulos pero en el final es feliz o los cuentos de princesas como la Bella y la Bestia, donde este personaje al final se convierte en príncipe son ejemplos que de adulto seguimos, entonces, entramos en relaciones donde lo intentamos una y otra vez creyendo que al final estará el arcoíris, pensando en que las personas cambian por si solas o porque que prometen cambiar”.

Las carencias de la niñez, la necesidad de ser necesitados, el factor cultural y el miedo a ser abandonados son factores importantes para entrar en una relación tóxica. “Todas esas sensaciones afloran de manera muy potente cuando estás en una discusión de pareja. Por ejemplo, una persona te dice que hasta ahí no más llegan en medio de la discusión y tú te lanzas a sus brazos arrepentida o arrepentido y que por favor no te deje, en esos casos se ven reflejados dichos factores”.

En cuanto a los cambios que se esperan de la otra persona, para volver a intentarlo, la especialista dijo que por lo general la persona que espera cambios en su pareja es la que finalmente termina cambiando. “En la lógica la persona que tiene que cambiar es la que tiene el problema, la que abandona o maltrata, que tiene relaciones con fuera de la pareja, etc. Pero, por lo general, el miedo al ser abandonado (a) es tan grande que finalmente la persona afectada con esta situación es la que genera cambios”.

Sonia, evidenció un ejemplo claro es cuando una persona que está con una pareja violenta, luego de una pelea llega arrepentido, pidiendo perdón, pero explicando que si ella o él fuera más cariñosa, o que cambiara lo que le molesta, no reaccionaría de manera violenta, entonces la persona cede por miedo al abandono, esa es la característica de la persona con dependencia emocional y hacen distintas cosas para que la relación funcione o para regresar.

En la dependencia emocional, ¿hay diferencias entre hombres y mujeres?

“Por un lado, los hombres, por lo general, lo transforman en rabia y celotipia volviéndose muy posesivos y celosos. Por otro lado, las mujeres con dependencia emocional necesitan mucho a su pareja, de su presencia y de necesitar ser necesitadas, pedir más tiempo, espacio y compañía”.

Jóvenes y relaciones amorosas

Según el último sondeo realizado por el INJUV, Instituto Nacional de la Juventud, “Violencia en las relaciones de pareja”, midió a través de jóvenes ente 15 y 29 años conductas que pudieran denotar actitudes agresivas en el pololeo.

Entre los resultados más de un 14% de los encuestados señaló que es normal revisar el celular de su pareja.

Además, el 4,1% cree que es “bastante aceptable” insultar o gritarle a la pareja. Asimismo, también el 4,2% cree que es “bastante aceptable” forzar a la pareja a tener relaciones sexuales sin consentimiento.

En torno a sus propias experiencias, el 34% de los jóvenes encuestados dice haber sufrido situaciones de violencia, de ellos un 11,1% declara que su pareja la ha forzado a tener relaciones sexuales.

Mientras que el 60% asegura haber presenciado actos de violencia en otras parejas, de ese porcentaje, cerca del 75% vio “ejercer control sobre el otro”.

María José, tiene 21 años y si bien, no fue encuestada en el estudio al que se hace referencia anteriormente, ella se vio envuelta en una relación tóxica, que incluso la llevó a ser víctima de hechos de violencia.

“Tuve una relación por cinco años con Diego, mi ex, ese ex que no quieres volver a ver en tu vida. Comencé con él muy joven y cometí errores que ahora entiendo no debieron ocurrir, y que espero superar.

Con Diego teníamos una relación muy bonita en un principio, éramos unos niños, teníamos 15 años y éramos compañeros de curso. Fuimos experimentado junto todo lo que implica un primer pololeo, yo fui su primera mujer y él mi primer hombre.

No sé si fue la inmadurez de ambos o la falta de amor propio, pero luego del año de pololeo cambió la relación. Permitimos muchas cosas que no debieron ocurrir, entre esas la violencia. Las peleas se nos fueron de las manos al punto de llegar a los golpes.

Ahora pienso en esos episodios y no me explico cómo lo permití. Terminamos mil veces por la violencia que nos envolvía, pero las promesas de cambio y los “te amo” me hacía creer en que lograría tener una hermosa historia de amor con final feliz. Felicidad que duraba muy poco, pues las situaciones se repetían.

Ambos pasábamos mucho tiempo solos en nuestras casas entonces nuestros entornos no se daban cuenta de la mala relación que teníamos, yo le contaba a mis amigas sobre lo que me pasaba y ellas me aconsejaban, pero no lograba separarme definitivamente de él.

Un día mi mamá se dio cuenta de que algo me pasaba, había dejado de comer, no quería levantarme y solo quería dormir. Le conté lo que me pasaba y comencé una terapia, ahí cambié el swich y entendí que no podía quererme tan poco y continuar envuelta en un círculo de violencia. Tomé la valentía y mi ex se convirtió en un mal recuerdo que no quiero repetir nunca más.

¿Volvería con ex? Definitivamente no”.

¿Eres de aquellas personas que les cuenta terminar una relación amorosa pese a estar pasándolo mal con esa persona? Aquí, algunas recomendaciones de la especialista:

  • Cuando la lógica dice que no va a resultar la relación, el único camino es trabajar la autoestima y fortalecerse para superar este tipo de relaciones.
  • Entender que el problema es propio de quien lo está pasando mal, ya que cuando estamos en un conflicto no podemos preocuparnos de cambiar al otro, sino que a uno mismo.
  • Entender que se tiene una adicción, pues estos casos se dan en personas que han tenido más de una relación de este tipo.
  • Fijarse en el tipo de pareja y la dinámica de la relación.
  • Realizar psicoterapia con un especialista que entienda la dependencia emocional como un tipo de adicción para mejorar autoestima y empoderamiento.

Utilizar técnicas como por ejemplo, Mindfulfess, que es una técnica de meditación guiada para ir eliminando miedos, necesidades e inseguridades que producen que nos apeguemos a personas no adecuadas.

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