Reportajes

Alzheimer: Cuando la vida se comienza a olvidar

En muchos hogares la realidad ha tenido que cambiar por completo. Fijarse que no salió, revisar que no dejó encendido cualquier artefacto o prestar atención a sus palabras porque su forma de comunicarse se modificó, pues la pérdida degenerativa de la memoria transforma por completo la vida del paciente y la de su familia.

No era la primera vez que mi abuelo había salido de la casa en busca de su camión para trabajar. Los vecinos ya sabían que padecía Alzheimer y, por lo mismo, lo ayudaban a volver a casa inventándole cualquier cosa para que no siguiera en su intensa búsqueda.

Esa vez fui a buscarlo luego de que mi abuela me avisara que había escapado. Lo encontré cerca de la barraca donde él trabajó como camionero por más de 40 años. Le dije que la fábrica estaba cerrada y así volvimos juntos a casa, donde su esposa lo esperaba mientras a ella le volvía de a poco la calma.

Situaciones como aquellas se repetían, pero lo entendíamos. Además, de alguna manera, le “seguíamos la corriente” para no lastimar, aún más, su condición psicológica y emocional.

Sus inicios de esta enfermedad se traducían en cambios de humor, recordar situaciones de antaño, por ejemplo, que debía trabajar pese a que mi abuelo ya había jubilado. Cuando el Alzheimer progresó, mi tata pasó una etapa difícil en la cual tuvo que usar pañales, teníamos que darle de comer, bañarlo, vestirlo, entre otras cosas.

Su memoria cada vez se iba deteriorando, pero lo que él jamás olvidó fue a su esposa, mi abuela. En 2010, a la edad de 74 años, mi abuelo falleció tras una vida alegre, de seis hijos y largas rutas en su camión Pegaso.

Este es el testimonio de Carlo Cornejo, nieto de Maximiliano Olate, su querido abuelo linarense que vivió seis años con Alzheimer, una enfermedad irreversible.

Una historia de amor                                         

Más de 50 años llevaban juntos Reneè Cádiz y Claudio Muñoz, un matrimonio chillanejo que, según su hija Gloria Muñoz, se destacaba por ser entretenido, lleno de cariño y del cual nacieron cuatro hijos. Tras pasar los años, ambos fueron diagnosticados con Alzheimer, ella primero y él después.

“Ella era una mujer muy activa, apoderada de todos sus nietos, participaba en la junta de vecinos, organizó el grupo RH Negativo en Chillán, una persona que participaba en todo orden social”, comenta Gloria. Un pronóstico que cambió cuando, alrededor de los 70 años, le determinaron la enfermedad que la acompañaría de por vida.

Mientras que a Claudio en 2014 le diagnosticaron Alzheimer, una dolencia que se sumó a su tristeza luego de que en 2009 su esposa falleciera tras una neumonitis fuerte. Ambos presentaron las mismas consecuencias: recordar el pasado, repetir historias, ansias de caminar y, en el caso de Reneè, a tal punto de no hablar más.

El destino de Claudio fue otro. En abril de 2016, tras una reunión familiar en el sector de Pullay, Cobquecura, desapareció, se perdió y no volvió: “Hemos realizado una búsqueda incansable con policías, perros, drones, lugareños, incluso médiums, sin obtener ninguna noticia positiva”, cuenta su hija con la mirada perdida.

La última vez, él llevaba un pantalón negro, beatle color azul, bototos con cierre y una chaqueta negra, jamás se supo su rastro pero su foto sigue intacta en un afiche que circula por las redes sociales detallando sus características, entre esas destaca la frase “padece Alzheimer”.

Lento pero progresivo

Casos como Reneè, Maximiliano y Claudio se repiten. Según datos de la Corporación Profesional de Alzheimer y otras demencias (Coprad) al menos 200 mil personas padecen Alzheimer en Chile, una cifra que prevén se triplicará en 2050. Mientras que en 2015 murieron más de mil 772 chilenos de más de 70 años a causa de esta enfermedad de acuerdo al Ministerio de Salud.

 Jorge Carpio, neurólogo

Pero, ¿qué es el Alzheimer, cuáles son sus síntomas y sus procesos? El neurólogo Jorge Carpio de Curicó señala que esta es una enfermedad neurodegenerativa condicionante del cuadro de demencia que tiene como principal afección en la corteza cerebral, hipocampo y núcleos basales de Meynert.

Cuando se inicia con fallas en la memoria reciente se debe prestar atención: “Existe una dificultad para adquirir nuevos conocimientos, también trastornos de orientación en tiempo y espacio, alteración de funciones ejecutivas, razonamiento abstracto, agnosia (incapacidad para reconocer objetos), apraxia (pérdida de la capacidad de ejecutar actos motores previamente aprendidos) y trastorno del lenguaje. Más tardíamente aparecen alteraciones neuropsiquiatras como alucinaciones, conductas inadecuadas, ideas delirantes, depresión, entre otras”, indica el Dr. Carpio sobre los síntomas.

En cuanto al proceso a seguir, el especialista agrega que “al principio se puede obtener un ligero beneficio de algunos fármacos tipo anticolinesterásicos mejorando discretamente la falla de memoria y también antiglutamatérgicos para tener un moderado efecto en reducir la velocidad de progresión de la enfermedad”. Sin embargo, lamentablemente estos efectos no se mantienen a largo plazo.

Geriatría y Alzheimer

Los resultados de la encuesta Casen 2015 arrojaron que el 16,7% de la población chilena tiene más de 60 años, una cantidad que para 2025 podría llegar al 20%. Pese a esto, según información obtenida de La Tercera en la Subsecretaría de Redes Asistenciales, solo hay 104 geriatras en todo Chile. En Ñuble, solo hay tres de ellos.

Jorge Argüello, geriatra“Es preocupante y es un tema que el gobierno debe estar preocupado debido a la importancia de la inversión de la pirámide, donde cada vez la natalidad va en disminución. El tema es que cada día la gente alcanza edades más avanzadas”, menciona Jorge Argüello, geriatra de Ñuble.

Son especialistas fundamentales en toda sociedad, aún más para esta demencia, pues el Alzheimer debe ser guiado por un equipo multidisciplinario compuesto por neurólogo, psiquiatra y geriatra, siendo este último el que relacionará todo. Además, existen los psicólogos, psicopedagogos y terapeutas ocupacionales que pueden brindar ayuda a estos pacientes.

El Dr. Argüello manifiesta que el Alzheimer ocurre en un 1% a personas menores de 60 años, un 4% en mayores de 65 años, un 8% en mayores de 75 años, 32% a aquellos que sobrepasen los 80 años y 65% aproximadamente a mayores de 85 años. Apenas exista un signo de alarma inicial se debe realizar una serie de exámenes para descartar otra enfermedad, al comprobar lo anterior, se puede entonces diagnosticar con esta demencia.

Existen tres fases del Alzheimer que son evaluadas a través de puntajes que está en directa relación con el nivel de intelectualidad del individuo: 30 a 24 puntos se considera una persona sana, entre 24 y 18 demencia leve, de 18 a 12 puntos de carácter moderada y menos de 12 demencia severa. Esto se determina de acuerdo a preguntas y pruebas que realiza el especialista.

Es importante aclarar que la enfermedad de tipo Alzheimer está asociada a la edad y por eso equivocadamente se utiliza como sinónimo de demencia senil, declara el geriatra, pero este último concepto “no existe y es absolutamente categórico, es un vocablo griego que quiere decir viejo, pero la demencia senil es lo que comúnmente la gente llama al Alzheimer”.

Por último, el geriatra chillanejo recomendó que mejorar la memoria al paciente es lo más importante: “Hacerlos leer o leerles, decirles el día, facilitarles las noticias y los juegos de memoria son alternativas para ayudarlos. De hecho, los nietos son vitales ya que pueden jugar con ellos al memorice, por ejemplo. Órgano que no se utiliza, órgano que se atrofia”, finaliza.

Apoyo incondicional

Todos los adultos mayores tienen derecho a la vida y dignidad en la vejez. En ese sentido, la terapia ocupacional aporta indudablemente tanto a pacientes con Alzheimer como a sus cuidadores y/o familiares. Katherine Fuentes, terapeuta ocupacional de Los Ángeles, explica que esta especialidad ayuda a mantener y potenciar las capacidades que la persona tenga conservada, teniendo en cuenta su entorno, interacciones sociales y toda dimensión que lo rodea.

Katherine Fuentes, terapeuta ocupacional “Se busca que el paciente sea lo más independiente y autónomo posible, que descubra nuevos intereses, que se mantenga ocupado en actividades que le provoquen satisfacción y generen un incremento a su autoestima y autoeficiencia”, detalla Katherine. Para ello, se trabaja en el área de estimulación de las destrezas cognitivas, motoras, sensoriales y perceptivas; entrenamiento de actividades de la vida diaria, ocio y participación social; y con el apoyo a la familia y cuidadores.

En cuanto a estos últimos, el entorno del paciente con Alzheimer se ve fuertemente afectado al tener que afrontar este proceso, siendo el rol del terapeuta acoger a la familia, despejar las dudas, entrenar al cuidador con el fin de promover el máximo grado de independencia al paciente a través de técnicas que facilitarán su trabajo, entre otras actividades.

“Es importante crear una amplia red de cuidadores para que el cuidado del paciente no recaiga únicamente en una sola persona. Por lo tanto, en la medida de lo posible, es necesario hacer una distribución en los cuidados para repartir la carga y evitar la sobrecarga del cuidador principal”, concluye Katherine.

Adultos mayores: ¿años dorados?

Nelson García, trabajador socialNelson García, trabajador social y exacadémico de la Universidad del Biobío, investigó sobre el envejecimiento durante su carrera profesional, fundamentalmente sobre el maltrato al adulto mayor, evidenciado en su libro “Maltrato al adulto mayor, una realidad oculta”. Conversamos con el profesional para conocer cuál es la realidad de la tercera edad en Chile:

¿Qué falencias existen en nuestro país respecto a los adultos mayores?

Falta mucha capacitación para los cuidadores de pacientes con Alzheimer, las pensiones son irrisorias y las personas jubilan cuando aún tienen un tremendo potencial. En la salud se ha avanzado, las enfermedades que se han incorporado al GES son más, pero aún falta muchísimo, falta generar conciencia a la ciudadanía que colectivamente se envejece y para eso debemos trabajar intergeneracionalmente. En fin, se dice que una posible solución para evitar el problema de los ancianos en Chile es un Ministerio del Adulto Mayor porque hoy el SENAMA tiene pocas funciones.

Entre sus investigaciones está el maltrato al adulto mayor, ¿a qué tipo de violencia se refiere?

Familiar, institucional o estructural. Dentro del familiar está el maltrato físico, canalizado por la violencia intrafamiliar, sin embargo, son pocos los casos que se rectifican porque el adulto mayor tiene miedo de acusar porque son amenazados, el asilo es el “cuco” de los ancianos. Un estudio que nosotros realizamos identificó que el 90% de los chillanejos adultos mayores no rectifica ninguna denuncia.

Además, está el maltrato psicológico, molestarlos, aislarlos y no comunicarse con ellos. Mientras que la violencia económica sucede cuando las personas cobran las pensiones de los ancianos y no les entregan nada. El maltrato en general está en la cultura de nuestro país.

Como sociedad,  ¿estigmatizamos a la población mayor?

Sí, hay muchos prejuicios. El envejecer no es una enfermedad, es una etapa de la vida, por lo tanto hay que eliminar los prejuicios y estereotipos que existen en torno a la vejez porque las personas mayores tienen mucho que aportar. Un estudio que se realizó hace unos años en el HelpAge International declaró que las personas se sienten discriminadas por el trato, la falta de respeto y cortesía. Eso es producto de la falta de educación y falta de especialización en temas geriátricos.

¿Chile es un país difícil de envejecer?

Sí, se podría envejecer mejor si fuéramos más conscientes de lo que significa el aporte de la vejez a la sociedad. Las personas mayores les interesa que sean tomados en cuenta como persona y ciudadano, con derechos y obligaciones. Los municipios tienen una deuda con los adultos mayores, no hay un diagnóstico comunal de la vejez, solo se aplican medidas asistencialistas como un paseo o taller, pero si vemos las expectativas de vida en Chile sobrepasan el promedio de 80 años y no es grato pasar 20 años jubilados sin ninguna actividad para desarrollar.

Entonces, ¿cuál es la tarea?

Asumir el reto de que somos una sociedad envejecida porque no estamos preparados para eso y la experiencia de otros países nos dice que no basta con crear especialidad de gerontología en las universidades porque ellos tampoco tienen trabajo. La tarea es educar y crear conciencia que envejecemos todos, algunos les toca antes y a otros después.

Comentarios
Mostrar más
Botón volver arriba
Cerrar
Cerrar