Reportajes

Adopción de menores. Cuando se engendra desde el corazón

Muchas parejas se someten a un tratamiento para la fertilidad, deseosos de ser padres. Sin embargo, lo que no saben es que quizás su hijo ya nació y los está esperando en alguna institución.

Por Macarena Sandoval Muñoz

Soy Andrea y al poco tiempo de haber nacido fui adoptada. Sé que me adoptaron porque mis papás querían tener más hijos, tenían dos y después no pudieron, así que decidieron integrarme en su familia.

Siempre supe que fui adoptada, a mí no me contaron como a otros niños en una conversación sentados en el comedor de la casa, mi mamá prefirió decírmelo a través de cuentos, eran historias para menores donde relataban que uno nacía del corazón y no así del vientre materno. Eso me sirvió para tenerlo internalizado desde chica.

Nunca he pasado por una crisis de depresión, pese a que no conozco a mi familia biológica. Tampoco me interesé en verlos para buscar alguna explicación de fondo. Lo único que sé es que mi madre biológica me tuvo muy joven y su familia no la apoyó, no la juzgo.

Cuando le cuento a mi grupo de cercanos que soy adoptada nadie lo puede creer, pero es porque me encuentran parecida a mi papá, hasta yo creo que tengo rasgos similares, a veces pasa eso. Soy muy abierta en contar mi historia, no tengo problema en decir quién soy y por eso nunca he recibido un trato diferente.

Actualmente soy casada, tengo 37 años y no he podido quedar embarazada. ¿Si quiero adoptar? Definitivamente sí, siempre he tenido la idea de tener mis propios hijos y a la vez adoptar, lo tenemos conversado con mi esposo, porque si algún día yo recibí ese amor, entonces también quiero transmitirlo.

Un nuevo hogar

Todos los niños tienen derecho a vivir en una familia que los cuide y los quiera. No obstante, la adopción infantil del Servicio Nacional de Menores (Sename) hace años presenta una sostenida caída debido a una menor cantidad de menores “susceptibles de ser adoptados”.

En 2012, 605 niños fueron adoptados en el país. Para 2016, la cifra cayó a 473, un 21,8% de diferencia, en el cual un 79% de las adopciones se realizaron a través del Sename. Para aquellos menores puede resultar un proceso difícil, por lo que es importante acompañarlos en todo momento.

Esa es la función del Programa de Intervención y Preparación para la Integración en Familias Adoptivas (PRI), institución que se encarga de preparar a los niños a nivel emocional para que puedan interiorizar y tener cierta estabilidad dentro de su próximo hogar.

Directora PRI Pauline Le Corre“Se les apoya a través de terapias que pueden durar máximo diez meses, pero todo depende del proceso legal que sigue el niño, de su causa, susceptibilidad y de la asignación de una familia. Entonces es estimativo, hay menores que su preparación es más corta y otros más larga”, comenta Pauline Le Corre, directora PRI Concepción.

Un niño o niña que está en una institución posee un nivel de afectación emocional, por lo tanto el apoyo es fundamental: “Se debe ayudar a superar el duelo emocional que significa estar desvinculado de su familia y experiencias complejas que pudo haber vivido. Cuando ya tiene la susceptibilidad declarada desde el tribunal, se empieza a trabajar el tema de la adopción como posibilidad”.

Actualmente hay 45 niños, entre 3 y 10 años, y familias que son atendidos por psicólogos. En el caso de los niños, afirma la directora del PRI, cuando se les informa que están buscando a una nueva familia adquieren una actitud positiva, ellos prefieren vivir en un grupo y no en una institución. Mientras que a las familias que adoptaron se les brinda apoyo cuando existen crisis o algún problema específico.

Otro factor fundamental, declara Pauline, es el buen diagnóstico que deben realizar como programa, incorporando características de cómo es el niño para que la Unidad de Adopción del Sename pueda buscar la familia más idónea: “Ellos tienen muchas carencias, necesitan afecto y papás con paciencia porque vienen con mucho daño emocional”, finaliza.

El amor se expande

La Ley 19.620 es la que dicta las normas sobre adopción de menores y establece que el programa de adopción es el conjunto de actividades tendientes a procurar al menor una familia responsable. Además expone que se podrá otorgar la adopción a los cónyuges chilenos o extranjeros, con residencia permanente en el país, que tengan dos o más años de matrimonio. Deben ser mayores de 25 años y menores de 60, y con 20 años o más de diferencia etaria con el menor adoptado.

No obstante, no será exigible el mínimo de años de matrimonio en caso de que algunos de los cónyuges estén afectados de infertilidad. También podrá adoptar una persona soltera, divorciada o viuda con residencia en el país y que cumpla con el perfil físico, psicológico y moralmente idóneo.

Para poder ingresar a la Unidad de Adopción existen dos formas: ingresando los datos a través del sitio web o ir personalmente a las dependencias del Sename de cada región y, de acuerdo al lugar de origen de los postulantes, se los invita a un taller informativo.

Posteriormente, se realiza un taller de sensibilización para prepararlos para la paternidad adoptiva, una entrevista individual con una asistente social y se deriva a evaluaciones con evaluadores externos, psicólogos o asistentes sociales. Esta etapa es la única que tiene un costo monetario, hasta 6 UF en el caso de la evaluación social y hasta 7 UF para la evaluación psicológica.

Ximena Arriagada Coordinadora Unidad Adopción Sename BiobioRespecto al tiempo de espera, Ximena Arriagada, coordinadora de la Unidad de Adopción Sename Biobío, mencionó: “Cuando ingresas al registro de postulantes idóneos hay un promedio de espera de dos años y medio aproximadamente, pero no es porque queramos sino porque hay matrimonios que llevan más años en el programa y priorizamos la antigüedad. En la práctica, el universo de niños para adoptar es significativamente más bajo que el universo de matrimonios que quieren ser papás”.

Al momento de la elección de él o la menor, la familia que desea adoptar puede definir la edad y el sexo del niño, niña o el grupo de hermanos, y para el primer encuentro la Unidad del Sename junto al PRI son los encargados: “Se trabaja con álbumes de fotos, vídeos y/o contacto por Skype, de tal forma que cuando sea el encuentro físico se hayan producido ciertas aproximaciones sucesivas con la familia del niño”, añadió Ximena.

Padres primerizos

En 2010 Ana y Luis comenzaron los trámites de adopción, ella tenía 38 años y él 56 cuando decidieron ser padres por primera vez. Producto de un cáncer testicular y porque no quisieron someterse a tratamientos de fertilidad, optaron por iniciar el proceso pensando que existen tantos niños a los cuales poder querer y entregar amor. Esta es su historia:

Siempre quisimos ser papás, asistimos a una reunión del Sename donde nos explicaron el proceso de postulación, nos inscribimos y fuimos a una entrevista personal con la psicóloga. Tuvimos que ir con profesionales externos a la institución para que nos hicieran un informe sobre si éramos idóneos para adoptar, documentos que fluctúan entre 250 y 300 mil pesos, nada de económicos.

Ingresamos al listado nacional de adoptantes y luego de ocho meses en tener los informes y presentarlos, dos meses en recibir la respuesta que ingresamos al listado y un año de espera, nos informaron que nuestro sueño se haría realidad, estábamos felices.

Siempre dejamos en claro que no nos importaba cuál era su pasado, qué tipo de vida o maltrato recibió, ya que nosotros pondríamos todos nuestros esfuerzos y ayuda psicológica para que rehiciera su vida junto a su nueva familia. Jamás propusimos si queríamos niño o niña, solo que fuera alguien que estuviera completamente solo y pudiéramos acompañar en sus primeras etapas de escolaridad.

Tras el tiempo de espera, nos informaron que hay un menor que nos eligió, nos indicaron que es varón, su nombre, que tenía cinco años y nos cuentan su historia de vida. Esto para nosotros fue exactamente igual a un embarazo pero con una sola diferencia, se estaba engendrando en nuestro corazón. Él nos estaba esperando y nosotros a él.

Es un niño exquisito, extremadamente cariñoso, decidido y de mucha fortaleza, actualmente tiene 12 años. Legalmente somos sus padres y ha sido una experiencia maravillosa, nos hemos realizado como familia, pero esto no está libre de altos y bajos, de miedo al abandono por parte de nuestro hijo, es un proceso gradual hasta que él nos adopte definitivamente en su corazón como papás.

Somos felices porque nuestro hijo decidió dejar atrás sus penas, abandono, olvido y se subió al auto de dos desconocidos para emprender un viaje a otra ciudad, a un cambio de vida, deseoso de ser amado y nosotros de amarlo a él.

Un nuevo integrante

Fabiola Mardones, psicologa Es fundamental tener ciertas recomendaciones ligadas a las emociones para adoptar. Fabiola Mardones, psicóloga de Los Ángeles, contó que es recomendable confiar en el proceso siendo lo más colaborador y transparente posible con la entrega de información solicitada.

En cuanto al proceso de espera: “Lo sugerido es que ambos padres compartan su experiencia personal en pareja, así como también con los demás integrantes de la familia y amigos, como una forma de compartir e integrar a su red socioafectiva y favorecer la posterior llegada del nuevo integrante”, añadió Fabiola.

Para este proceso la ayuda es fundamental. La psicóloga explicó que, una vez declarada la idoneidad de los candidatos, el apoyo psicológico está orientado a abordar inquietudes personales, de pareja y familia, la ansiedad y expectativas. Mientras que para aquellos que tuvieron una contraindicación temporalmente, un proceso psicoterapéutico permitirá explorar los conflictos detectados.

¿Le cuento a mi hijo que es adoptado?

Los lazos de confianza entre hijo adoptado y padres adoptivos debe ser un aspecto existente en la familia, por lo tanto, tal como detalló Fabiola, negarle a un niño la verdad respecto a sus orígenes, no favorecerá este atributo, por el contrario, pues crecerá en un entorno de historias sin coherencia, información omitida o falsa, generando dudas, desconfianza y distancia afectiva.

“Aprovechar las conversaciones familiares para entregar información real, con un lenguaje comprensible, respetuoso y aliviador para el niño, será una forma de honrar el origen de la familia adoptiva, que gracias a su llegada fue posible constituir. Hay que hablarles a los niños de los deseos que tuvieron de ser padres, la alternativa que eligieron, el momento del primer encuentro y su llegada al hogar”, concluyó la especialista.

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