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Luis Guzmán, pintor y académico chillanejo

PINCELADAS DE INSPIRACIÓN Y TRAYECTORIA

Luis Guzmán, pintor y académico chillanejoUna pintura sobre papel con colores diluidos en agua, una técnica que requiere de gran destreza y que Luis Guzmán, pintor y académico chillanejo, la domina por completo. Y es que con más de 50 años de trabajo y múltiples exposiciones por diversos lugares del mundo, este artista chillanejo es uno de los grandes referentes del arte de la acuarela.

“Ante tus compañeros, estoy orgulloso de tener un alumno como tú, quien es capaz de prestigiar esta Escuela Normal con esta exposición que ya estás mostrando en la sala de dibujo”, esa frase fue la que escuchó y nunca olvidó Luis Guzmán, pintor chillanejo, cuando cursaba sexto año de humanidades en la Escuela Normal en los años sesenta.

Palabras pronunciadas por, en ese entonces, director de la escuela y profesor de Historia Sr. Arturo Mutizábal. Y es que se trataba de su primera exposición, un suceso sorpresivo tanto para Luis como para sus compañeros: “Llegué a la escuela y me encontré con mis compañeros que me dicen ‘oye Lucho, están exponiendo tus acuarelas que le entregaste al profesor Don Baltazar’. A través de los vidrios, vi que la mayor parte de las acuarelas estaban enmarcadas y listas para ser expuestas”, nos cuenta.

Es ahí donde comienza a formar su camino de pintor, recorriendo diversos países y también enseñando en la Universidad del Bío-Bío todos sus conocimientos por más de 50 años. Nos recibe amablemente en su taller, ese espacio íntimo que es fiel testigo de sus más grandes inspiraciones y creaciones.

EL ARTISTA

Es hijo de Luis Guzmán Abarca y Magdalena Molina Urra, matrimonio que tuvo tres hijos: Luis, Mario y Patricio. Toda una vida en las tierras chillanejas y también un admirador de sus zonas aledañas, como Los Lleuques.

¿Qué recuerdos tiene de su infancia?

Los recuerdos de infancia son haber perdido a mi padre cuando tenía 12 años, el año que me incorporé a la Escuela Normal (1954). Éramos tres hermanos, yo el mayor. Mi madre, con mucho esfuerzo, logró educarnos, formarnos y cada uno pudo cumplir sus objetivos, uno de mis hermanos es profesor de francés, el otro profesor de inglés y yo fui profesor básico.

¿Cómo inicia su recorrido por la pintura?

Instintivamente a mí me agradó el dibujo desde niño, dibujaba maceteros con flores que mi madre tenía en la casa. En 1953 mi padre adquirió un sitio en Los Lleuques, luego entró a su estado final y en ese espacio que él dejó, mi madre construyó una cabaña en la cual yo prácticamente inicié mi trabajo. Además, tuve la suerte de haber tenido un profesor de calidad, Baltazar Hernández, un gran acuarelista chillanejo.

¿Fue él su primer referente?

Efectivamente, ese es su significado de su presencia y de su entrega docente, él me enriqueció de niño y me hizo despertar.

La primera exposición que realizó fue de sorpresa y gracias a su profesor, ¿qué nos podría contar de ella?

En esta primera exposición, y lo digo verdaderamente con un cariño profundo que nunca he podido desprender, era de una temática preferencial vinculada con las termas, Las Trancas, Los Lleuques, Recinto y Pinto, lugares que, al no tener vehículo, caminábamos para llegar en plena nevazón. Recuerdo que le pedí a un zapatero que añadiera a mis zapatos un pedazo de goma de neumático porque eso permitía caminar bien sobre la nieve, allá buscaba los espacios en los cuales protegerme, tomar los dibujos, iniciar la pintura y de ese modo fuimos practicando hasta hoy.

UNA TRAYECTORIA CONSOLIDADA

¿Cómo fue usted desarrollando su arte?

Inicié mi trabajo artístico con la acuarela, después me introduje en el óleo y luego de ello intenté el acrílico, pero siempre privilegié el uso de la acuarela y hasta hoy continuo con ello. Además, me dediqué a la cerámica y también he pintado murales como el de las Termas de Chillán y también el mural en la Iglesia San Francisco de San Francisco de Asís, una idea que traje desde Italia cuando vi a San Francisco con las manos abiertas y una paloma poniendo huevos en sus manos.

Desgraciadamente, el muro que estaba el mural se destruyó en el terremoto de 2010, algo que fue verdaderamente deplorable para mí y también para la iglesia.

Usted es una persona creyente, ¿cuánto de eso está reflejado en sus obras?


Bueno, ahí es donde tengo la tranquilidad de haber respetado la naturaleza y, como creyente, creo que somos producto de Dios y por eso he tenido el privilegio de pintar Chile desde Arica hasta la Antártica. En mis más de 50 exposiciones por diversos lugares en el mundo, la temática siempre fue nuestra, de América y de Chile preferentemente.

¿Qué exposiciones recuerda del extranjero?

La primera exposición en el exterior fue en 1968 en California, después en Inglaterra, Italia, Australia, y lo más interesante es que en todas ellas me encontré con gente que nunca imaginé, con exprofesores, chillanejos, anécdotas increíbles.

Más de cinco décadas pintando y muchas obras, ¿cuál es la más significativa?

Un grupo de árboles de Las Trancas en pleno otoño y con la nieve.

Obras que han tenido reconocimientos, ¿cómo atesora esto?

Ese es un estímulo que nunca me lo esperé como chillanejo, me quedé en Chillán y he tenido la suerte de trabajar en la Universidad de Puebla, Universidad de Brasil, he sido invitado a la Universidad de Magallanes y también en investigaciones del folclore chileno en la Universidad de Arica. Todos lugares donde mi trabajo ha sido reconocido.

EL ARTE DE ENSEÑAR

Además de sus obras artísticas, Luis Guzmán siempre sostuvo la idea de seguir pintando y a su vez enseñando. Comenzó como profesor en la Escuela de Ninquihue, luego en la Escuela Técnica Industrial de San Carlos y posteriormente entregó sus conocimientos en la Universidad de Chile, institución que posteriormente fue nombrada como Universidad del Bío-Bío.

¿Cómo ingresó a la universidad?

En el año 1966, cuando se creó la universidad. A partir de ahí, realicé clases de manera interrumpida hasta el año pasado.

Más de 50 años enseñando, ¿qué satisfacciones le deja?

Tengo la satisfacción de que mis exalumnos me recuerden positivamente.

ÑUBLE REGIÓN

¿Acuarelistas que destaque de la zona?

Nuestro punto de partida nos permite recordar a Don Ramón Toro Gutiérrez, a Don Baltazar Hernández y, ahora, en el último Salón de Tanagra, tengo la satisfacción de que el premio de honor se lo entregaron a un exalumno mío, Luciano Venegas. Eso confirma que Ñuble sigue generando la persistencia de personajes que van a cultivar esta técnica difícil.

Se cumplió un año de que Ñuble es región, ¿ha influido este hecho positivamente en el desarrollo cultural?

Veo que las ideas van surgiendo, que podemos convertirnos en una región importante.

EL LEGADO

Además de las pinturas, en su tiempo libre ¿a qué otra cosa lo dedica?

Estoy escribiendo las anécdotas que han sucedido en las exposiciones que he hecho en el mundo, que son más de 50 lugares. La idea es redactar un libro como “Recordatorio de mi visita como pintor chillanejo a diferentes lugares del mundo” y donde prácticamente en todos esos lugares me he encontrado con alguien que está vinculado a Chillán.

¿Qué legado le gustaría dejar a su tierra?

Lo que corresponde es dejar algo que recuerde el trabajo realizado, alguna cerámica, óleo, acuarelas, que sean factibles entregar. No por ego, sino porque rescatan nuestra cultura.

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