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«Si la plata se pudiera comer, muchos burros se la comerían»

Cuenta la leyenda que antiguamente los burros se alimentaban únicamente de pasto. Era un animal que se contentaba con lo simple, sin mayores pretensiones. Por eso, vivían todos los burros tranquilos, hasta que un día un zorro astuto les mostró el dinero para manipularlos y crear en ellos una necesidad.

Como quien suministra la droga a un necesitado. Jugando con su vulnerabilidad. Así los burros fueron sometidos por el zorro. Él dirigía su voluntad conforme a sus oscuros deseos.

Eran burros… No lograban ver más allá de lo aparente. Se encontraban felices comiendo billetes. Les mostraron un mundo lleno de sabor… El pasto ya no era su opción.  Esa hambre los cegó.

Ceguera provocada por el verde artificial de la mala yerba. El zorro utilizaba muy bien sus cartas para maquinar y urdir su plan.

Mantenía a los burros contentos comiendo billetes… Mientras que él se lavaba las manos concretar su oscura intención.

Así los burros hacían el trabajo sucio que el zorro no quería hacer. Tenía un animal de sacrificio a quien explotar. Simples burros que con billetes se podían comprar.

Sobrellevar pesadas cargas y obligaciones que iban más allá de lo que un burro era capaz de soportar. Se convirtieron en animales de sacrificio. Ese fue el precio a pagar. Se convirtieron en burreros. Se expusieron a los más increíbles crímenes… Con tal de dinero y poder alcanzar.

El astuto zorro se reía de sus esclavos, pero sabía muy bien disimular.

Muchos encontraron la muerte encandilados por un poco de dinero. Otros nunca lo vieron. Se arriesgaron y perdieron. Se acostumbraron a comerlo. Jamás se cuestionaron las cosas… Mucho menos lo escupieron. Ya el pasto no era sabroso… Su debilidad controlaron y la voluntad perdieron. Transaron su tranquilidad, honestidad y  vida por dinero.

Ensuciaron sus manos ejecutando los macabros planes ideados por el zorro y sus corazones perdieron. Los burros por naturaleza eran animales nobles, ingenuos y, por ende, fácilmente manipulables. Emocionalmente vulnerables, con poca educación, problemas dentro de su entorno era una constante. Otros en cambio, eran flojos y cómodos. Buscaban resultados a corto plazo y fueron perdiendo la honestidad que los caracterizaba.

Pero el plan del zorro era tremendamente seductor, sabía que apelando a sus debilidades iba a cultivar esclavos baratos, en verdaderos prisioneros…

Hoy los burros cargan con la muerte en la espalda… Ese fue el precio a pagar por el error que cometieron.

Moraleja: Nunca hay que confiar en un zorro… Su naturaleza es engañar aunque se haga el inocente y amable primero.

Te invito al cambio

Camila Zarzar Amor

Coach de Liderazgo, Emprendimiento y Felicidad

 

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