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Los jaguares de Latinoamérica

Los jaguares de Latinoamérica

Hoy los jaguares de Latinoamérica estamos en crisis.

Una crisis que  nos golpea fuerte que nos ha dejado desconcertados, preocupados y  de rodillas.

Una crisis que anticipé en su momento, y que hoy observo con detención, pena y asombro. Donde pararnos nos va a llevar un buen tiempo. El daño ha sido brutal, sobre todo emocional.

Una crisis que nos explotó en la cara por ser indiferentes y negligentes, sin saber escuchar. Golpe bajo al ego, soberbia y egoísmo.

Quién iba a imaginarse que el caos llegaría a nuestro país, siendo que fuimos por mucho tiempo un referente de estabilidad social, económica y política de la región. Sin ir más lejos hace un par de meses atrás, dábamos cátedras de civilidad frente a las crisis que vivían otros países.

Fuimos por muchos años el sueño americano de muchos inmigrantes que veían a Chile como la tierra prometida.

Creo que todas estas realidades virtuales nos dejaron ciegos a todos. Nos vanagloriamos tanto que no fuimos capaces de hacernos cargo de nuestras debilidades, y atender las demandas sociales que por muchos años la misma ciudadanía pedía a gritos…

Pero de algo estoy convencida. En la vida, todo cae por su propio peso. Y el tiempo es el mejor juez. He visto a muchos gigantes caer… Y hoy los caídos somos nosotros. La sociedad chilena.

El peor dolor que podemos tener todos los chilenos es revivir la gran herida histórica que tenemos y que nos presentan una triste realidad: hemos fracasado.

Nos hemos mirado tanto el ombligo siendo indiferentes ante las necesidades de otros, que hoy estamos pagando las consecuencias de un dolor que resurgió con más fuerza y  más vehemencia.

Hace un par de meses me referí respecto de la bomba de tiempo que alimentamos durante años de manera silenciosa. Que el día que estallara no íbamos a saber qué hacer con ella, asumiendo que es responsabilidad de todos los sectores: públicos y privados.

Hoy, la división es entre ciudadanos. Los que no estamos de acuerdo con la violencia, y los que han ocupado un recurso tan bajo como es el dolor de la ciudadanía y una eterna insatisfacción social para así encubrir con ello robos, desmanes, atentados, ataques incendiarios, daño a la propiedad pública y privada, justificando sus acciones en pro de la causa.

Políticos que no son capaces de ser verdaderos líderes, fomentando y solidarizando con la violencia y amparando el mal actuar de las personas, usando la ocasión como aprovechamiento político. Cuando el deber de un buen político es llamar al orden y mantener el Estado de derecho.

Políticos que se burlaron de su gente y de sus circunstancias precarias.

Privados que se aprovecharon del pobre por mucho tiempo, para así generar una mayor utilidad.

Personas que en post de su hambre por escalar posiciones, obtener  dinero de manera ilícita y controlar poder, defraudaron al Estado por millones de dólares, manchando así el prestigio de las instituciones.

Ciudadanos que critican el sistema, el Estado, los políticos y los privados, pero que en su actuar personal tampoco son éticos y a la primera crisis demuestran su falta de probidad. Tildan a los demás de ladrones y corruptos, pero ante la primera oportunidad se vuelven ladrones y corruptos, justificando su actuar por las circunstancias, manchando así una buena y justificada causa.

El dolor nos volvió subversivos y desafiantes. Porque partamos de la premisa que para exigir respeto hay que respetar. Y ahí radica el problema…. Nadie nos respetó como ciudadanos. Ni siquiera entre nosotros mismos. Muy por el contrario, como ciudadanos fuimos indolentes, prepotentes, exigentes, discriminadores y muy poco dados a ayudar.

Mucha gente se ha sentido humillada y discriminada por un Chile que sigue siendo muy discriminador. Donde las oportunidades no son para todos y donde el inteligente o el que tiene talento no surge por sí solo si no está dispuesto a inmolarse por nadar contra la corriente.

Lo que pasa es que hoy esa discriminación es más sofisticada y elegante. Pero sigue existiendo.

Es importante subrayar que no todos los jóvenes estamos de acuerdo con la violencia ni la avalamos. No por eso no estamos de acuerdo con el fondo de todo lo que está pasando. Estamos tan de acuerdo, que hemos buscado maneras de proponer cambios, buscamos propiciarlos desde nuestra tribuna. Con acciones concretas que incentiven y promuevan una mejor sociedad para todos.

Hay muchos agentes de cambio que no están a favor de la desigualdad.  Varias instituciones y organizaciones que todos los días tratan de mejorar sus entornos y el de los demás, sin actuar de manera desproporcionada e irracional en post de lo que no nos gusta o de nuestras demandas sociales. Fomentan espacios de reflexión que incentivan construir y no destruir, incluir y no excluir… Promover, proponer, integrar y no segregar. Porque Chile por muchos años ha estado dividido y muchos actores han ocupado esa división para sus intereses personales.

El perjuicio causado, va en desmedro de las personas más vulnerables, que hoy se han quedado más pobres, desconectados y dolidos.

Hay muchas personas vulnerables que no por ser pobres, son ladrones, ni violentistas. Son personas honradas, esforzadas, sacrificadas, que quieren un mejor Chile y no por eso están haciendo arder Chile.

Que también se sienten pasados a llevar en su dignidad todos los días y son condenados frente un sistema que nos castiga a todos constantemente por no tener privilegios.

Hemos visto protestas familiares que han sido pacíficas. Porque insisto, a esta altura nadie puede decir que no está de acuerdo con el fondo. Lo que aquí se ha discutido ha sido la forma.

Pero si la forma no hubiese sido desproporcionada con altos índices de violencia ¿Hubiésemos tomado en cuenta el grito desgarrador de una sociedad que está muerta en vida, asfixiada por un sistema que no nos permite vivir?

Me rehúso a creer que el fin justifica los medios… Porque si ese es el lema que nos va a representar como sociedad para hacer efectivas nuestras demandas terminaremos fomentando el odio y la violencia, dividiendo aún más el país, llegando nuevamente a los extremos que tanto daño nos ha hecho y porque emocionalmente volvimos a reabrir una herida que por años costó cicatrizar y que ha sido motivo inclusive de aprovechamiento político por muchos años. ¡¡BASTA YA!!

Creo que no hay chileno que no quiera un cambio, mejores condiciones de vida y mayores garantías que nos permitan acceder a una mejor calidad de vida, equidad de género, bienestar social e integración.

Esta crisis es un golpe a todos nosotros. Todos hemos fracasado. Aquí esto no se trata de responsabilizar únicamente a un gobierno. Aquí todos en alguna medida somos responsables de este resultado.

Es hora de agachar la cabeza, aprender a ser más humildes, solidarios, menos egocéntricos, y que aprendamos todos de este fracaso. Todos los chilenos hemos fracasado. Quien no lo entiende así, no sabe lo que significa vivir en sociedad y que cada una de nuestras acciones determinan el país en que vivimos.

Insisto… He visto muchos gigantes caer… Hoy somos nosotros «los jaguares de Latinoamérica» los que estamos de rodillas llorando por todo lo que está pasando. Desconcertados y expectantes frente a tanto caos. Ese fue el precio de ser ciegos, sordos y mudos por tanto tiempo.

Los jaguares de Latinoamérica hoy estamos en el suelo… Un golpe a la soberbia y al ego.

El corazón de Chile está herido.

Te invito al cambio

Camila Zarzar Amor

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