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El abogado del diablo

Camila Zarzar Amor. Coach Liderazgo - Directora HappyEmotions
Camila Zarzar Amor. Coach Liderazgo – Directora HappyEmotions

“Ni siquiera el más malo de los malos, es tan malo como lo pintan: Satanás”

Todos hemos jugado ese papel en algún momento de nuestra vida. Ya sea cuando queremos conseguir algo de mala manera faltando a la ética, o bien desacreditando a otros gratuitamente sin justificación alguna, causando muchísimo daño a los afectados a través del falso testimonio, injurias o calumnias.

Actuamos como el abogado del diablo cuando creamos animadversión o perjuicio entre los involucrados de un hecho particular, propagando dolor a través de la revancha o juego sucio, con el fin de perjudicar a la persona de nuestro interés. Actuamos con desidia producto de algún resentimiento anterior. Buscamos aliados para seguir propagando y alimentando el odio o la injusticia, solidarizando con el mal actuar.

La envidia y el resentimiento dan vida a la calumnia.  Así surgen las malas prácticas cuando se persigue perjudicar.

Los actos maliciosos denotan negligencia, falta de ética y resentimiento. Una acción maliciosa puede tener un desenlace insospechado.

También jugamos el papel de abogado del diablo cuando omitimos, o bien nos desentendemos de lo que está pasando frente a una situación injusta. Cuando evidenciamos maltrato, abuso, mentira, chantaje, malas prácticas y no somos capaces de abogar por la justicia, para restituir la verdad, ya sea por miedo a la represalia o bien por mantener en resguardo mezquinos intereses que aquella situación injusta proporciona.

Somos participes de hechos dolosos cuando ponemos un precio a nuestro silencio o actuar. Por negligencia o conveniencia hacemos la vista gorda a situaciones que perjudican a otros causando así perjuicio a personas inocentes.

El silencio puede ser un arma mortal. Deja muchos heridos y víctimas en el camino.  Se roba la paz dando protagonismo a la impunidad.

Existen personas que son capaces de morir por defender su verdad, aunque aquella verdad sea una completa mentira. Aceptar el punto de vista de otra persona significa asumir que está equivocado en su visión, planteamiento o bien en su comportamiento. Resultado de aquello, injusticia y más injusticia.

Somos el abogado del diablo cuando hacemos como si nada pasara, teniendo pleno conocimiento que nuestro actuar o el de personas cercanas a nosotros, tienen como objeto impactar y dañan vidas, sin entender que nuestra intervención puede ser la esperanza para la persona que está débil y que no ha podido defenderse de una situación o personas que han ejercido injusticia hacia ellos, provocándole grandes perjuicios.

Defender lo justo y mantener nuestra posición implica coraje y valentía. Ser íntegro y ético cuando la impunidad, envidia y resentimiento cobran protagonismo.

Aquel acto de valentía significará estar en desacuerdo con una o más personas que actúan de manera indebida.

Muchas veces las personas expresan su dolor, indicando que defender su posición o a las demás personas frente a un acto injusto le ha provocado perjuicio. Es por tal motivo que la gente no expresa su posición, por miedo al rechazo, a la crítica o la revancha. Le tenemos miedo a ser auténticos, poniéndole un precio a nuestro silencio.

Defender lo justo muchas veces significará perder la aprobación de gente inescrupulosa que está acostumbrada a omitir o bien hacer la vista gorda frente a los hechos que están evidenciando.

Son ciegos y mudos frente a la injusticia, si aquello supone defender sus propios y mezquinos intereses o también cubriéndose las espaldas entre ellos mismos de dichas acciones dolosas que tienen como objeto beneficiarse entre los involucrados.

Muchas personas que han tratado de develar la verdad han terminado muertas. La verdad es tan poderosa que muchos hacen lo que sea con tal de que no salga a la luz. Prefieren dejarla de rehén en las tinieblas.

Somos abogados del diablo cuando maquillamos la verdad a nuestra conveniencia, sin ninguna prudencia. Aunque aquella acción signifique dañar a las demás personas.

Somos abogados del diablo, cuando transgredimos los derechos de los demás, para imponer nuestros propios límites, gustos, creencias y preferencias, o bien defender nuestros propios intereses.

Somos abogados del diablo cuando actuamos de manera ilícita sin ser conscientes de las consecuencias de nuestras acciones, provocando un daño irreparable a nuestra propia imagen, reputación y credibilidad como así también a la institución que representamos.

El abogado del diablo es chistoso. No quiere quedar mal ni con Dios ni con el diablo. De amarillo va bien porque así no desaprovecha ninguna oportunidad para sacar ventaja.

Tomar posición supone claridad y consecuencia. Ser firme frente a nuestras propias convicciones aunque aquella suponga perder, por tanto, el abogado del diablo prefiere la ganancia antes que la ética.

El abogado del diablo comenta que ni siquiera el más malo de los malos es tan malo como aparenta. Que detrás de cada error hubo una causa, una raíz que lo creó, y que el juicio de los demás a veces es muy duro frente a los errores ajenos, no así con los propios.

Que muchas veces las cosas no son tan malas como se pintan y que si se logra el entendimiento se podrá observar el error sin caer en un juicio que condena, hiere o esclaviza sin ayudar a una mejora.

El abogado del diablo conoce tanto al diablo que le da pena, ya que lo encuentra un personaje frío, oscuro y herido. No tuvo el privilegio de conocer los principios, el amor, los valores y las convicciones, consecuencia de ello no conoció otra forma de hacer las cosas, producto de tanto enjuiciamiento.

Para qué se iba a esforzar si ya su fama estaba creada.

El abogado del diablo es capaz de hipotecar al diablo con otro diablo si aquello significa resguardar sus mezquinos intereses.

Te invito al cambio.

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