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Marcela Henríquez Aravena, profesora. Más allá de la sala de clases

Marcela Henríquez Aravena, con mis alumnos

Oriunda de Quirihue, Marcela desde su infancia recuerda su gusto por la literatura, lo que la llevó a estudiar Pedagogía en Español, una vocación que le permitió ser una de las cinco finalistas del Global Teacher Prize Chile y ser reconocida a nivel internacional.

Antes que suene el timbre en el Liceo Polivalente Carlos Montané de Quirihue, Marcela Henríquez ya está en la sala de clases. No se toma recreos, pues los ocupa para cambiarse de una sala a otra para transmitir todo su conocimiento en Lenguaje, Comunicación y Literatura, asignatura que imparte.

Con clases expositivas y también clases donde los niños son los protagonistas, los alumnos quedan encantados, pues Marcela se reconoce como histriónica, pasea por la sala mientras cuenta sobre el Quijote, por ejemplo, incluso lo relata como si se tratara de un cuentacuentos infantil. De esta forma reconquista a los estudiantes con la lectura.

Pero más allá de su rol de profesora –papel que le es difícil desligarse debido a su vocación– Marcela Henríquez (39) conversó a corazón abierto sobre su infancia en su querido Quirihue, sus estudios y su distinción en el Global Teacher Prize.

¿Cómo recuerdas tu infancia?

Tengo recuerdos bastante idílicos de mi infancia, en general una muy buena etapa que se vio favorecida con la presencia de mis cinco hermanos. Tuve la fortuna de vivir en una época de Chile donde todavía los niños jugaban en las calles, donde la vida de los barrios era muy activa, entonces recuerdo haber tenido un grupo enorme de amigos. Una infancia sin mucha tecnología pero con libros, con otros tipos de herramientas que hoy se han dejado de lado.

Y luego te viniste a Chillán…

Sí, por una decisión familiar, en segundo medio, me vine a estudiar con mi hermana mayor al Liceo Marta Brunet, ahí estuve interna. Fue también una experiencia muy bonita, tenía muchas amigas en el internado, no era estricto y de hecho recuerdo anécdotas muy interesantes de esa época.

¿Cómo cuáles?

Una vez vino Carlos Pinto con su equipo de Mea Culpa a grabar un episodio sobre unas chicas que lamentablemente se habían quitado la vida en un hogar de Chillán Viejo. Ellos habían pedido autorización para grabar en ese hogar y una vez que llegaron no los autorizaron, entonces fueron de casualidad al internado, pidieron autorización para grabar y mi hermana, amigas y yo aparecimos de extras, ambientando la escena (ríe).

Posteriormente emigraste a Concepción, ¿por qué decidiste estudiar pedagogía?

Siempre supe que quería ser profesora, no había otra cosa que me gustara más. Pienso que fui bastante valiente porque era una época en la cual estudiar pedagogía era muy mal visto, donde generalmente si tú tenías un buen puntaje, que fue lo que me pasó a mí, te cuestionaban por tu elección. De hecho, cuando postulé puse en primer lugar Pedagogía en Español en la Universidad de Concepción y solo por completar llené el resto de la cartola, entonces la persona que me recibió me dijo: “te equivocaste porque pusiste pedagogía primero” y yo le respondí “sí, eso es lo que quiero”.

No fue una decisión difícil desde el punto de vista familiar, incluso creo que mi mamá estaba muy contenta porque ella también es profesora y ninguna de sus tres hijas mayores había seguido su camino, entonces yo creo que para ella fue importante que una de nosotras siguiera sus pasos.

Marcela Henríquez Aravena¿De dónde nace esta vocación por educar?

Principalmente de mi madre, yo fui testigo de cómo ella fue capaz de criar a seis hijos en un tiempo no tan sencillo para Chile, además tenía cientos de otros hijos, sus estudiantes, y podía cumplir muy bien ambos roles. Por otra parte, sentía que tenía ese corazón para ser maestra. Ya llevo más de 17 años trabajando en esto y todos los días son una aventura, reafirmo que este era mi camino y estoy enamorada de lo que hago.

¿Y cómo se ha ido formando tu trayectoria?

Volví a Quirihue de inmediato, comencé a trabajar con 21 años sin tener mi título profesional en un reemplazo. Luego, a los 22 años con mi título, empecé a trabajar con pocas horas en el liceo que aún estoy. Al poco tiempo, el director se fue dando cuenta de mi compromiso y motivación, hasta que finalmente quedé con horario completo.

Cuando llevaba alrededor de cinco años tomé la decisión de volver a la universidad a estudiar un Magíster de Literatura Hispánica, estuve casi tres años y ese era mi objetivo, hasta ahí llegaba, pero cuando me estaba despidiendo de los profesores, el que me guió en mi tesis me dice: “No Marcela, tú vas a continuar con el doctorado”, yo le dije que no podía porque era muy caro y tenía la dificultad de la distancia, pero mi profesor no me dejó, postulamos a una beca Conicyt y en 2009 realicé el Doctorado de Literatura Latinoamericana.

Estaba rindiendo mis estudios de doctorado cuando mi profesor guía de tesis, Gilberto Triviño, fallece de cáncer, fue un golpe tremendo para mí porque yo sentía que gracias a él yo estaba ahí, pero por otro lado fue mi motivación para terminar este grado académico.

FUERA DEL AULA

Marcela se define como una persona alegre y optimista, también trabajólica pero sin descuidar lo lindo de la vida: “Me encanta viajar, compartir con mis seres queridos, no le quito tiempo a los espacios con la gente que amo”, comenta con emoción.

¿Quiénes componen tu familia?

Fui madre adolescente a los 17 años y por mucho tiempo me dediqué a mi hija y a mis estudios, luego como profesora. Cuando mi hija ya creció y se fue a estudiar a Concepción pensé que era el momento para mí también y por esas cosas de la vida conocí a Lee Cusacovich, teníamos historias similares, nos enamoramos y llevamos cuatro años juntos.

¿Cómo fue ser madre adolescente?

La verdad es que fue algo sencillo gracias al apoyo incondicional de mis padres, lo difícil fue desde el punto de vista del apego, ya que me separé de mi hija por mis estudios y hubo cosas que me perdí, por eso siempre tuve claro que quería volver a Quirihue para estar con ella.

¿Quién es tu ejemplo a seguir?

Por una parte mi madre, por su rol de mujer profesora, creo que las mujeres profesoras son un tremendo ejemplo de cómo se puede lograr la valoración social. Por otra parte, mi profesor que falleció, solo el hecho de haber estado en su clase era un regalo que la universidad me dio.

¿Cuál es tu libro favorito?

“Crónica de una muerte anunciada” de García Márquez, fue un libro que me abrió una puerta que no se cerró más y me permitió conocer la buena literatura, me gustaba tanto que lo aprendí de memoria y cada vez que lo leo descubro cosas nuevas. Incluso a los nueve años realicé mi primera lectura de un libro adulto y fue este.

GLOBAL TEACHER PRIZE

En 2017 Marcela Henríquez fue una de las cinco finalistas del Global Teacher Prize Chile, una iniciativa impulsada por la ONG Elige Educar conocida como el “Nobel de la enseñanza”.

¿Cómo participaste en este concurso?

Vi que estaban realizando la primera versión del premio en Chile (2016) pero no le presté mayor atención. Al año siguiente, nuevamente vi la promoción de este concurso y un día me llegó un correo de mi director solicitando permiso para postularme, él decía que yo cumplía con todos los requisitos y acepté. Me debía llegar un correo de confirmación de Elige Educar pero no llegó, se acercaba la fecha límite para postular y nada, de pronto se me ocurrió ver el correo no deseado, ahí tenía el código de postulación.

Tiempo después llegó un correo electrónico que decía que había quedado entre las 20 finalistas y que necesitaban un vídeo de dos minutos, lo envíe y a los días siguientes vino de sorpresa un dirigente de la fundación al liceo, yo justo me estaba preparando con mi equipo de debate y entré a la sala de profesores, estaba mi papá, mamá, hija, esposo, sobrinos, colegas, alumnos y de la fundación para avisarme que había quedado entre los cinco finalistas chilenos. Fui a Santiago con mi esposo a la ceremonia de premiación, ganó otra persona pero muy feliz con la experiencia.

Y luego la versión internacional…

Sí, a los cinco que quedamos nos postularon a la versión internacional del concurso en Dubái, yo pensé que todo había quedado ahí pero el día cinco de diciembre revisé mi correo y veo que tengo uno en inglés de la Fundación Varkey, reconocí las palabras “Top 50 congratulations” y pensé “esto es bueno”, había quedado como una de las 50 finalistas a nivel mundial. Además, tuve otra buena noticia: quedé seleccionada para que me capacitaran en proyecto de investigación, viajé a Dubái, trabajé todo el año 2018 en esto y ahora en marzo vuelvo para exponer los resultados.

¿Qué significan estos logros para ti?

Mucha satisfacción personal y familiar, me lo he tomado con mucha humildad, no ha significado ningún cambio en mí. Además, la Universidad del Bío-Bío me distinguió con el premio Educa UBB y también Comunidad Mujer me eligió como mujer destacada en educación a nivel nacional, fue el último acto que realizó la presidenta Michelle Bachelet en su mandato.

SÍ & NO

¿Es buena la reforma educacional?

Que exista una reforma sí, pero es mejorable su implementación, valoro el esfuerzo y me quedo con lo positivo.

¿Lectura obligatoria?

Sí, no estoy de acuerdo con el término “obligatorio” pero creo que el profesor debe guiar las lecturas, ¿quién soy yo para privar a los niños de una lectura tan maravillosa?

¿Son valorados los profesores?

No, creo que se toman muchas decisiones para los profesores pero sin los profesores, eso nos hace creer que lamentablemente en Chile no nos valoran como se debería.

¿Se debe eliminar la PSU?

Sí, definitivamente, porque creo que lamentablemente no mide todas las habilidades que los niños desarrollan en su paso por la enseñanza media. Debería cambiarse por un sistema de admisión a ciertas áreas específicas.

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