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La voz de las emociones

Marcelo González Liapiz, locutor

Marcelo se crió durante gran parte de su niñez y juventud en los maravillosos parajes naturales del sector Los Lleuques, en plena montaña, cerca de las Termas de Chillán, donde estableció grandes amistades que conserva hasta el día de hoy.

Desde hace 12 años en Santiago, este locutor profesional nos habló de su infancia, su exitosa carrera que lo ha llevado a ser la voz de importantes empresas, así como de sus gustos y proyectos.

¿Cómo descubriste este talento?

La verdad es que nunca lo descubrí, porque siempre estuvo conmigo. Ser un actor vocal en gran medida es un oficio, es decir, hay un componente natural que es esencial y que permite a una persona comunicar con mayor facilidad un mensaje y plasmarlo en un soporte. Luego viene el estudio y la técnica. En mi caso, desde que era niño, el mundo de la radio, la música y la televisión me atrapó. Recuerdo pasar horas frente al equipo de música de mis viejos y grabar comerciales con un pseudomicrófono, inventar programas y mezclar música. Tenía una radio imaginaria que se llamaba “88.1”, quizás porque era el único dial libre en ese entonces, lo curioso es que hoy trabajo en la “88.1” Radio Imagina, quizás siempre lo supe. En resumen, creo que fue en mi infancia donde desarrollé las habilidades con las que hoy me gano la vida.

¿Qué estudiaste?

Estudié Ingeniería Comercial en primera instancia, quizás haciendo lo que hacen muchos, es decir, estudiar algo tradicional, seguro. Obviamente no terminé esa carrera, pero sí me sirvió mucho para administrar un negocio. Luego decidí, ya más empoderado, que haría lo que realmente me gustaba. Fue así como estudié Comunicación Audiovisual y realmente encontré una carrera que influenció todo lo que hago hasta el día de hoy. Una vez que me dediqué ciento por cierto a la locución, estudié doblaje, canto y una serie de estudios complementarios, tanto en Chile como en el extranjero.

¿Te acuerdas de tu primer trabajo?, ¿cuánto cobraste?

Uf, qué difícil, pero creo que fue mientras estudiaba Comunicación Audiovisual. Como no tenía ni un peso, típica vida desdichada de estudiante, decidí trabajar y me fui a presentar para hacer lo que sea, al canal TVU de Concepción, donde por 60 ‘luquitas’ mensuales iba en mis ratos libres a arrastrar cuanto cable había en los estudios. Estuve un buen tiempo, primero siendo coasistente, luego hice cámara, más tarde conocí gente del área deportiva grabando partidos de básquetbol, etc. Hasta que un día, la voz oficial de canal se enfermó y los chicos del área deportiva debían sacar una cuña ¡ya! El director gritaba quién podía hacerla y obviamente, dije… ¡YO!

La cuña salió al aire y gustó mucho, si la escuchara ahora no sé si opinaría lo mismo. Me llamaron días después para hacer otras, hasta que un día no me llamaron más, al parecer, la voz de aquel entonces hizo sus reclamos y claro, me sacaron ‘altiro’. No me vi tan afectado porque no me pagaron ni uno, sino que sentí que me había ‘picado el bichito’.

¿Cómo fue llegar a la capital siendo de región?

Llegué a la capital gracias a una charla de cine que gestionamos en mi curso mientras estudiaba Comunicación Audiovisual. En aquella época era muy difícil experimentar con el mundo del cine, todo era televisión. Por lo que contactamos a gente de Santiago, ligada al cine y la publicidad, que nos vino a mostrar su trabajo.

Quedamos alucinados, decidí ese día que el horizonte era Santiago. Conseguí con ellos mismos una práctica y luego ya me quedé para siempre. Llegar a la capital fue increíble, aunque fue un hecho no exento de problemas: una ciudad enorme, viva y donde había muchos haciendo y viviendo de lo que yo amaba, sin muchos amigos y conociendo muy poco de este mundo.

¿La música o la voz?

Jajajaja, Buena pregunta, pero creo que son esencialmente lo mismo. La locución tiene muchas formas y se basa principalmente en el canto y la actuación, en la oratoria. Muchos de quienes nos dedicamos a esto, además somos músicos y/o actores. Son aspectos de lo mismo.

Tu conexión con Ñuble, ¿desde cuándo?

Desde siempre. Mis padres tienen una pequeña cabaña en los Lleuques, en plena cordillera. Fue la primera casa que mis padres construyeron, por lo que desde que sé que me llamo Marcelo, Ñuble es una parte importantísima de mi vida. Íbamos todos los inviernos y veranos allí, hice muchos amigos y tuve mil aventuras, quizás es eso, Ñuble representa mi infancia y mi adolescencia y mis mejores recuerdos.

¿Conservas amigos de infancia?

Claro que sí, muchos de ellos son de Chillán, si bien ya no nos vemos como antes, el cariño y el contacto no se pierden. He aprendido que la amistad no es un asunto de frecuencia, sino de cariño.

¿Cuándo decidiste dedicarte a esto al 100%?

Esa historia es buena. Yo llegué a Santiago como Comunicador Audiovisual, no como locutor. Trabajaba en una productora publicitaria en Santiago y siempre necesitábamos hacer maquetas o comerciales “truchos”, es decir, que solo van a concurso. Siempre lo hacían con la misma gente y de la misma manera, y yo creía que podía hacerlo mejor. Se me ocurrió grabar algunas locuciones, pero en secreto, e inventé un nombre: Fabián Liapiz, jajajaja. Mi segundo nombre y mi segundo apellido. El asunto es que cuando lo escuchó el resto del equipo, quedaron encantados. Todos preguntaban, ¿quién es? Desde ahí en adelante comencé a grabar cada vez más. Le debo mucho a mucha gente que confió en mí y en mi talento. Mauricio Márquez, René González, Charly Varas, Gerardo Maluje, Alejandro Lyon, Pato Valenzuela, Lito Zerené, Norma Grandi, Julio Duplaquet y tantos otros.

¿Cuándo nace la productora?

Nace a raíz del proceso anterior. Primero me convencí de que era esta mi vocación y que me dedicaría a ella al ciento por ciento. Luego, arrendé una oficina en el Parque Forestal e instalamos, junto a mi manager, un estudio sencillo de grabación para mi voz. Comenzamos a aumentar nuestro flujo de trabajo paulatinamente, tanto así que comenzamos a reunirnos con gente del mundo audiovisual, mundo que tanto conocía y a realizar la postproducción de audio para cortometrajes, documentales, etc. Con el tiempo nuestro estudio, “Cueronegro” en ese entonces, hoy “Clap”, se consagró en el mercado y nos permitió realizar largometrajes tan conocidos como la película “03:34, Terremoto en Chile”, entre otras.

Cuéntanos sobre tus clientes, te escuchamos en Kia, Movistar, ¿qué otras marcas más?

Afortunadamente, muchas marcas y empresas, tanto en Chile como en el extranjero, confían en mis capacidades para interpretar el mensaje que la marca quiere entregar y llegar de manera directa a su grupo objetivo. La voz de una marca no solo debe sonar bonito, debe ser capaz de transmitir, de emocionar, de impactar. Entre ellas, destaco a Canal 13, Mall Plaza, Nissan, Mazda, Ford, Movistar, Miller, Heineken, Cristal, Despegar.com, Colún, etc.

Tu voz es reconocida a nivel nacional, ¿por qué nunca quisiste dar entrevistas?

Básicamente timidez, pudor tal vez. Siempre fui de los que pensaba que las voces debían ser anónimas, es decir, mantenerse siempre tras bambalinas. Hoy la cosa es bien distinta, exige a todos los profesionales a estar más presentes, más asequibles, debido a la explosión y consolidación de las redes sociales. Estuve estudiando unos meses fuera de Chile y comprendí que allá la interacción social es vital en el desarrollo profesional. Eso ha cambiado paulatinamente mi perspectiva y si bien, no soy un tipo que muestra y habla todo el tiempo en redes, sí me he abierto a la posibilidad de compartir mi experiencia con los futuros pares y con todos aquellos que valoran lo que hacemos.

Estuviste en New York, ¿cómo fue ese viaje?

En mi opinión, todos quienes nos dedicamos a esto, debemos encontrar en el perfeccionamiento constante, el único camino para seguir creciendo como profesional. Es por ello que decidí partir fuera de Chile a perfeccionarme en el inglés, una lengua de carácter internacional y que define a la publicidad en sí misma. Si bien manejaba el inglés de manera básica, no tenía ni la fluidez, ni los conocimientos necesarios para interpretar un texto de manera adecuada. La experiencia de vivir en una ciudad como Nueva York, empaparse de su cultura y de su estilo de vida es impagable. Estudiar en inglés es también una gran experiencia. Gran parte de lo que estoy realizando en la actualidad, se lo debo a esos estudios. Han comenzado a abrirse puertas dentro y fuera de Chile y el dominio del inglés es claramente una ventaja.

Fuiste además a un festival de voces muy reconocido…

Sí, estuvimos junto a un grupo de colegas en los “Voice Arts Awards”. Una premiación maravillosa en la que son tus pares los que celebran anualmente el talento de quienes están nominados, en un gran evento que se realiza en la sede de la Warner Brothers en Los Ángeles, CA. Estuvimos nominados en dos categorías, tanto como mejor locutor en español, como en mejor Demo 2017.  Fue una experiencia maravillosa e inolvidable y sin duda, un reconocimiento que ha dado sus frutos. Luego de aquella participación, tuve la oportunidad de seguir viajando a los Estados Unidos, volver a estudiar, pero esta vez en Miami, con el destacado Frank Carreño la emblemática voz de la serie “Pinky & Cerebro” y en su propia academia “Voces de Marca”. Una vez allí pude perfeccionar mis estudios de doblaje, gracias a un arduo entrenamiento y a la calidad de las clases. Es una suerte poder perfeccionar tus herramientas y acumular experiencia.

¿Tienes algunos proyectos en Chile o en el extranjero?

Mis planes son seguir desarrollándome como profesional. Estoy realizando las mismas gestiones que “Kramer” para poder trabajar en Estados Unidos y ya estamos en la etapa final. Se han abierto puertas y quiero abrirlas, ver cuánto puedo dar como comunicador, como voz. Es un gran desafío, ya que implica estar yendo y viniendo, alejarse de la familia, pero creo que vale la pena.

Háblanos más de ti, ¿soltero, casado?

Estoy felizmente comprometido con una gran persona, una gran mujer, mi consejera, coach, compañera. Sin ella, nada sería posible. Las personas inquietas no somos fáciles de llevar. Pero como dice el dicho, ‘ella me impulsa’. La pareja es muy importante en este tipo de decisiones y ella me apoya al ciento por ciento.

¿Otras pasiones en la vida?

Tengo muchas pasiones, mi mujer es una de ellas, la música es otra de mis grandes compañeras, el canto, la bicicleta, por supuesto, y para cerrar bonito… ¡la vida!

Tu familia, ¿dónde vive?

Somos de Concepción, nací y me crié allá, es la ciudad que me preparó para la vida y la amo profundamente. Además siento un gran lazo afectivo tanto con la Región del Bío-Bío como con la nueva Región de Ñuble. Como contaba, mi papá era fanático del esquí y se hizo una cabaña en Los Lleuques, en las Termas de Chillán, y es por eso que tengo tanta cercanía con esa zona, la gran mayoría de mis amigos también viven en Chillán. Así que mi corazón está dividido entre ambas ciudades y Santiago que me vio crecer profesionalmente.

¿Cómo te ves en unos años más?

Difícil pregunta… siento que en esta profesión uno puede entregar mucho durante muchos años… la edad no es limitante, al contrario, con la edad en este oficio se puede llegar a la maestría y además me gustaría mucho brindar los conocimientos que he adquirido, técnicos y multidisciplinarios, a otros que quieran desenvolverse de manera profesional en este ámbito. Me veo transmitiendo lo aprendido para formar nuevas generaciones que tengan mucho mayor conocimiento y complejidad en su formación.

Mis Gustos

Lectura favorita: Ciencia ficción y astronomía.
Placer culpable de comida: Ufff!… Kentucky Fried Chicken.
Película que no te cansas de ver: “Una historia violenta” con Viggo Mortensen.
Frase típica: ¡Vos daleee!- —
¿Cómo te gustaría que te recordaran?: Aquí yace un hombre yaciente…

 

@marceloliapiz
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