Entrevista

Hilda Palma, Directora Escuela República de México Chillán

“Cuando tú amas lo que haces en la escuela pública, tiene muchas más satisfacciones”

Hilda PalmaNos acoge en su hogar, su espacio íntimo, aquel que le permite crear nuevos relatos para su faceta de escritora, pero también el lugar donde se prepara día a día para asistir a su querida Escuela República de México, de la cual es directora desde hace cinco años.

Cree en un modelo educativo integral, es decir, donde los niños puedan aprender desde las ciencias básicas hasta las habilidades blandas: “Sobre todo un sistema que te enseñe a aprender a vivir”, señala. En una emotiva conversación, Hilda Palma nos cuenta sobre sus orígenes, sus penas, alegrías, sacrificio y, aún más, por su pasión por la pedagogía.

UNA POTENTE INFANCIA

Nació en Yerbas Buenas, comuna perteneciente a la Provincia de Linares. Creció en el campo, rodeada de animales, un lugar tranquilo y patrimonial; en una época muy distinta, pues, desde pequeña, tuvo que aprender diversos oficios.

¿Qué recuerdas de tu infancia?

Crecí en una época en que los padres mandaban y lo que ellos decían era sagrado, desde pequeña trabajé mucho, aprendí todos los oficios habidos y por haber, era muy apegada a mi papá, quien me enseñó de todo, desde cultivar el campo, arreglar un enchufe, hacer una mezcla de cemento, darle la cuerda al pozo, hacer quesos, hasta entenderme con los animales.

Estudié en un colegio público los primeros seis años y luego me fui al Liceo María Auxiliadora en Linares y terminé en el Instituto Marianista de la misma ciudad.

Y del colegio, a la universidad…

Sí, comencé estudiando Trabajo Social porque sentía que esa era mi vocación en la Universidad de Chile en Talca, pero al pasar el tiempo me di cuenta que me gustaba educación haciendo un interinato, por lo tanto fui a la Universidad Católica de Valparaíso a estudiar Pedagogía en Educación Básica y me enamoré de los niños. Luego estudié Administración en la Universidad de Concepción porque me gustó la idea de dirigir.

EL AMOR QUE TRASCIENDE

Finalizado sus estudios de Pedagogía General Básica, Hilda Palma vuelve a su comuna de origen y ejerce su profesión en una escuela. Un día, en búsqueda de libros en Linares para su establecimiento escolar, conoce a Julián Guzmán, quien dos años más tarde se convertiría en su esposo: “Tenía una simpatía única y así me conquistó”, confiesa.

No obstante, el primer día que Hilda vuelve al colegio después de sus vacaciones y con un embarazo de cuatro meses de gestación, una mujer le cuenta que hubo un accidente y que el involucrado es Julián: “Me imaginé que quizás podría haber atropellado a alguien, pero la camioneta que manejaba había caído a una zanja. Me llevaron al hospital y nadie me decía nada de mi marido, hasta que entró mi papá y me tomó la mano, inmediatamente supe la noticia”.

“Enviudé a los seis meses, once días. La noche anterior del accidente había soñado con un término de mundo, una luna roja donde el cielo se partía, en el sueño yo decía ‘este es el fin del mundo’, pero realmente no lo era, era el fin de mi mundo”, nos cuenta.

Un episodio muy duro, ¿de dónde sacó fuerzas para seguir adelante?

Mi padre fue mi guía, mi maestro, quien me decía las verdades y así salí adelante. Me puse a trabajar por mi hija Juliana, tenía una parcela y paralelo a mi trabajo como profesora, me puse a cultivar remolacha, dormía cinco horas y me gustó mucho la ganadería también, con ellos me compré un auto e hice una línea de colectivos de Linares a Yerbas Buenas, en dos años ya tenía cuatro autos, eso permitió tener una vida más holgada. Luego, tuve dos hijos con un amigo, un matrimonio que fracasó, pero del que nacieron mis otros dos amores: Reinaldo y Carolina.

VOCACIÓN DE PROFESOR

Por una enfermedad de su hija Juliana, debido a su nacimiento prematuro, Hilda decidió mudarse a Coyhaique porque un médico le recomendó clima frío a su primogénita. Se fue en búsqueda de un hogar, trabajo, para formar así una nueva vida, sin nunca dejar de lado su vocación por la pedagogía.

¿Cómo transcurrió su vida en Coyhaique?

Comencé trabajando como Jefa Técnica en un colegio particular, pero como yo estaba acostumbrada al sistema público en agosto de 1989 se produjo una vacante en la Escuela Nieves del Sur, fui encargada de Teatro, Gimnasia Rítmica, Castellano, Grupo Folclórico, Coro… Mi tiempo lo volcaba en la escuela. No obstante, llegó el verano y se terminaba mi contrato por seis meses, y me llaman del DAEM para que asumiera como la encargada extraescolar comunal, me esforcé mucho y estuve siete años en ese cargo.

En 1995, volví a Yerbas Buenas para pasar Pascua y Año Nuevo con mi familia, y el 28 de diciembre me llama el secretario municipal de Coyhaique porque me necesitaban allá para asumir la jefatura del DAEM desde el 2 de enero. Después de eso, transcurrido los años, se concursa el DAEM, no participé porque era inmoral ya que yo había hecho las bases, así que asumí como directora en la Escuela Víctor Domingo Silva, que fue mi orgullo, hicimos programas propios como una escuela nocturna denominada “De vuelta al Colegio”, para aquellos que no pudieron terminar su educación escolar, armamos una orquesta sinfónica, la dejé con excelencia académica, implementamos la jornada escolar completa en prekínder, entre otras cosas, estuve diez años como directora.

Y desde la Región de Aysén, se traslada a Ñuble…

Sí, alguien me escribe “se está concursando la Escuela de Quinchamalí” y yo tenía dos opciones, volver a concursar a mi escuela Víctor Domingo Silva en Coyhaique o postular en Quinchamalí, así que vendí mi casa, renuncié, concursé y me vine a Chillán sin saber si iba a quedar o no y quedé. Fue un gran desafío, porque nos entregaron una escuela con 201 puntos en matemáticas y lenguaje, y dejamos la escuela, en cinco años y siete meses, con 297 puntos. Quinchamalí para mí es un lugar especial.

Siempre orientó su carrera al área pública más que privada, ¿alguna razón?

Para mí el fundamento es que la escuela pública te necesita más, porque de hecho tiene más exigencias, y yo creo que cuando tú amas lo que haces en la escuela pública, tiene muchas más satisfacciones.

ESCUELA MÉXICO

En 2013 Hilda asume como directora en la Escuela República de México de Chillán, establecimiento escolar que ya tiene 77 años de existencia, 28 cursos, 800 alumnos y 66 docentes: “Terminé mis cinco años en Quinchamalí y concursé en primera prioridad la Escuela México”, explica.

¿Qué desafíos asume y cuál es su lineamiento?

Me encontré con una escuela con muy buenos maestros pero con clases muy sistemáticas, así que llegamos implementando el uso de los patios, compramos mesas de ping pong, realizamos una plaza viva en el interior de la escuela, colocamos música en el recreo del almuerzo, se contrataron monitores y, de hecho, hicimos un cambio en el horario.

A los niños, entre más talleres les ofrezcas, pueden ver sus habilidades, por eso creamos 43 talleres y rompimos el núcleo curso. Los que quieren aprender guitarra, arte, deporte, danza, se encuentran en una sala, así pueden desarrollar sus potencialidades.

Un modelo educativo más integral…

Sí, porque lamentablemente hay poca creación literaria en nuestro sistema educativo. Por eso, nosotros difundimos el patrimonio mexicano a través de un festival, este año será la versión décima del Festival de la Canción Mexicana que realizamos junto a la embajada, lo desarrollamos en el Teatro y este año se realizará el 7 de noviembre. Tenemos muchos auspiciadores, entre esos, empresa Arauco, AFP Capital, Asociación de Rodeo Chileno de Ñuble, Universidad Pedro de Valdivia, Vinos Cortés, Diario La Discusión y Ñublense.

¿Cómo nace y quiénes participan?

Nace para difundir el patrimonio mexicano, participan de todo Chile y hay cuatro categorías: de primero a cuarto básico, de quinto a octavo básico, de primero a cuarto medio y adulto, profesores o paradocentes.

SU OTRA PASIÓN

Hilda PalmaAdemás de su vocación, Hilda es amante de la escritura: “Nace este gusto por la sencilla razón de querer expresarme, empecé a escribir a los seis años. Me inspiraba en la lluvia, los días melancólicos, en una flor, en lo que fuera, era muy romántica”, ríe.

De versos, empezó a escribir cuentos, por ejemplo, a sus hijos, para explicarles porque la letra “h” era muda, y así se encantó con la escritura, llegando así a ganar un concurso de cuento a nivel regional “Los amigos inconformistas” en Coyhaique.

Y ya tienes tres libros bajo el seudónimo Handy Cimmi…

Sí, en novelas he escrito Cosecha 1972, Gran Reserva (2011), El otro viaje (2015) y hace dos años escribí Ignacia, que espero publicar este año. Mi segundo libro me inspiré en una noticia donde una madre perdía a su hija, y me puse en el caso y es así como Elena se convirtió en una madre que logra recuperar a su hija en una segunda vida. Ignacia es diferente, es una novela que trata sobre la trascendencia del amor más allá de la muerte y ahora está concursando en España.

Y ahora, ¿se aproxima otro escrito?

Ahora estoy escribiendo sobre el efecto de un paro para la educación pública.

Fondo de medios de Comunicación

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