Entrevista

Elsa Gardeweg, empresaria angelina

“La familia es lo más importante”

Cinco hijos, 18 nietos y 3 bisnietos, ese es el tesoro más grande para la “señora Tita”, quien, a punta de trabajo y esfuerzo, ha conseguido posicionarse en los mercados internacionales, ofreciendo los productos más frescos de su campo a través de una sociedad con su familia.

Elsa Adriana Gardeweg Baltra de Kulenkampff, prefiere que simplemente le digan “Señora Tita”, así nadie se complica la vida, dice entre risas. Y es que una de las primeras cosas que llaman la atención de ella es precisamente su sentido del humor y la agilidad con que se desenvuelve a sus 88 años. No existe evento al que no esté invitada, aunque participa especialmente de las actividades culturales, debido a su gusto por las artes, la antropología y la historia.

Nació en Santiago, se educó en el Colegio Villa María y luego estudio Economía y Administración de empresas en Estados Unidos. Habla inglés, alemán y francés, idiomas que le permitieron ayudar a su padre, que era exportador. Sin duda, una preparación académica poco común para la época, porque Elsa Gardeweg fue una adelantada para los tiempos que corrían, donde el mundo era dominado por los varones, sin mayores cuestionamientos.

Precisamente, por esa razón, su familia se sorprendió cuando decidió no solo casarse, sino que también emigrar al campo. Junto a su marido Carl Kulenkampff llegó a Los Ángeles, al fundo Vigo, donde crecieron sus 5 hijos. Su esposo, incansable dirigente, que presidió la Federación de Agricultores y distintas cooperativas, falleció el año 1973 de un ataque al corazón, por lo que ella tuvo que asumir, además de los negocios, los gremios que él dirigía y por supuesto, la familia.

Elsa Gardeweg, empresaria angelina¿Cuál fue la actividad económica con que iniciaron el negocio?

Nosotros tuvimos espárragos desde un principio, le entregábamos a Osiris a pedido, y eso nos permitió independizamos. Armamos una fábrica chica, llegó la luz el año 67 y ahí empezamos a crecer. A puro ñeque fue todo, primero haciendo mermeladas, los chiquillos operaban la caldera, cerraban los frascos, y así, se formaron y crecieron en esto.

¿Cuándo ve usted que el negocio puede expandirse y pasan de las conservas a los congelados?

Fuimos con mi marido el año 70 a Europa, él era vicepresidente nacional de la Federación de Agricultores y fue invitado por el embajador, con otros dirigentes del mundo a Francia, para que conociera el sistema allá. Hasta ese minuto yo era dueña de casa no más, pero como sabía francés, me embarcaron porque era la única que hablaba el idioma. Estuvimos un par de meses, recorrimos mucho, fue muy interesante y no me podía distraer en las visitas, porque todos necesitaban de traducción.

¿Cómo se fue implementando esa idea?

Después de lo que vi en Europa no me cabía duda de lo que había que hacer. Gané muchos contactos allá, y empezaron a pedir congelados. Llegó una máquina trifásica que encargamos y pudimos instalar frigoríficos, por lo que cambiamos de las conservas a los congelados. Teníamos la base, porque sabíamos producir espárragos y berries, así que empezamos dándole y le enseñamos a mucha gente.

¿Recuerda alguna anécdota al respecto?

La frambuesa fue lo más curioso, como partimos. Un día estábamos aquí en el campo con mi marido, y de repente llega un taxi. Salimos, y el conductor, que nos conocía, nos explicó que venía con un señor alemán, y nos dijo que lo traía porque no le entendía nada de lo que decía. Entonces lo invitamos a almorzar y yo de postre tenía frambuesas, porque como no había camino, o tenías huerta o no tenías nada. Y el joven saca una pinza y una lupa, mira la fruta y nos dice: ustedes no saben lo que tienen, en Europa las frambuesas tienen gusanos que no se pueden eliminar, así que piensen en exportar. Y le hicimos caso.

CRECIMIENTO EXPONENCIAL DE LOS ÁNGELES

La ciudad de Los Ángeles en los años 50 dista mucho del progreso que hoy presenta, incluso en materia tan básica como conectividad y caminos. Para la “señora Tita”, que ha sido parte de ese progreso y ha visto atenta los cambios, esto es “un sueño”.

¿Cómo lograron arribar a Los Ángeles, en una época en que no había carretera?

No existía la Ruta 5 Sur. Existía el camino Longitudinal, que venía de Huépil, Tucapel, Yungay, lo que es el actual camino a Antuco y se cruzaba en el puente Tucapel que era de madera, el que se vadeaba. Me acuerdo patente, que venía la micro, la gente se bajaba, cruzaba de a pie con sus bultos porque no daba la estructura. La panamericana es del año 60, cinco años después que yo llegara. Mis hijos iban a caballo al colegio.

¿Qué es lo que más le asombra de los cambios que ha vivido la ciudad?

Su crecimiento, porque es exponencial. Cuando yo llegué a Los Ángeles se había hecho recién un CENSO y la ciudad tenía 18 mil habitantes, era menos de lo que ahora tienen las comunas de Mulchén y Angol. Hoy Los Ángeles tiene cerca de 200 mil habitantes, ha crecido 10 veces y ha sido un desarrollo increíble. Esto se debe a tres cosas: a que tiene mucha agua, produce energía y cuenta con una ubicación geográfica privilegiada.

¿Cómo calificaría estos avances?

Es un sueño, una cosa que uno no se puede figurar. Es un cambio tan grande y dinámico. Le voy a dar un parámetro: cuando mi hijo mayor entró al Colegio Alemán, hubo una celebración porque él fue el alumno número 60, ahora están con 800 alumnos. Es la misma relación del crecimiento en habitantes.

¿La gente es la misma?

Es la misma, aunque ha llegado gente de afuera, pero es la misma gente que ha ido aumentado, ya que se ha casado y ha traído otras personas, porque piense usted que hay muchas industrias. Fue entre Iansa y Chiprodal (Nestlé) que le dieron impulso a esta ciudad y luego las papeleras, porque activaron muchos servicios relacionados.

¿Cómo proyecta a Los Ángeles en unos 10 años más?

No me gustaría que crezca inorgánicamente. Me gustaría que crezca sin desbandarse, porque la gente está viviendo mucho hoy día en las afueras de Los Ángeles, todo el rededor se está poblando, hay un cambio muy fuerte en ese sentido. La gente de edad está viviendo dentro de la ciudad en departamentos y los jóvenes con familia, buscan el espacio que les brinda el campo.

FAMILIA

Aunque esta octogenaria empresaria cuenta con una vasta trayectoria en los negocios y también en lo social, su principal riqueza es la familia. “No tengo por donde aburrirme”, dice con una gran sonrisa, en alusión a sus 5 hijos, 18 nietos y 3 bisnietos.

¿Qué significa para usted la familia?

La familia es lo más importante, mantener la familia unida y ciertos estándares y ciertas premisas de corrección y de que las cosas no se caen del alto cielo, porque uno no puede estar pensando que va a heredar, porque vienen guerras, revoluciones y nuestros antepasados lo vivieron en Europa, por lo que siempre hay que estar dispuesta a empezar de cero.

Se convirtió en una matriarca a temprana edad…

Cuando murió mi marido me tuve que hacer cargo de un día para otro, ahí nadie me preguntó si quería o no quería. Y como yo le hacía a veces de secretaria, entonces no estaba tan ajena. No era corriente que una mujer asumiera cargos en esa época. Salí adelante con todos mis hijos, hoy dos viven conmigo, además de un nieto.

¿Cómo logró salir adelante, con tantas y tan diversas tareas?

Salí adelante poniéndole empeño, con mucho apoyo de los trabajadores, de mi hijo mayor que tenía 16 años y manejaba el tractor. Ellos fueron mi apoyo mientras estuvieron aquí, ya que luego se fueron a estudiar. El mayor estudió agronomía, el segundo estudió transporte marítimo en Europa, mi otra hija estudió tecnología en alimentos, el siguiente es técnico agrícola, y la última es agrónoma. Actualmente todos trabajan conmigo, somos socios, porque heredaron la parte de su padre. O le poníamos empeño o no salíamos adelante, no había mucho para escoger, la vida nos marcó y nos marcó no más.

¿Qué le permite estar tan activa?

Es una cuestión natural, es una cuestión de querer. Porque hay gente que dice: ay, estoy tan vieja, no hago esto, no hago lo otro, y no pues. Hace poco fui al médico y me dijo: le voy a dar un remedio, dese una friega con el carnet unas tres veces al día jaja, No tengo enfermedades de base, porque he sido muy activa y he comido muy sano toda mi vida. He tenido accidentes, pero nada más.

Usted participa de cuanto evento social hay en la ciudad…

No me puedo quejar, me invitan siempre de todas partes. Me llaman, participo y como sé algunas cosas, tengo harto que aportar. Y yo encuentro que cuando uno puede, debe. Hace dos años que no manejo, tengo 88, por lo que ahora me llevan y me traen mis hijos. Ya voy para los 89 bien galopeados.

¿Cuál es su mayor aporte a la ciudad?

Haber demostrado que se podía hacer cosas en Los Ángeles que no se pensaron nunca. Cuando yo dije que iba a exportar espárragos en avión, nadie me creía. Pensaban que estaba loca, pero abrimos el mercado en Europa, y con las frambuesas hicimos otro tanto. Yo dije se puede, y se pudo.

No sólo la oficina ubicada en el Fundo Vigo mantiene ocupada a la señora Tita, ya que ella también pertenece a la “BPW, bussines and professional women international”, que cuenta con un grupo en Los Ángeles, además integra el comité de agua potable rural del sector Cerro Colorado y es miembro de la Coorporación Cultural de Los Ángeles.

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