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Álvaro Acuña Hormazábal, Ingeniero, Profesor Universitario, Coach, Escritor y Padre de Familia

Álvaro es un carmelino de 36 años, destacado académico de la Universidad del Bío-Bío, pero por sobre todo, un hombre de familia, como el mismo se define y es que la vida ha sido para él un constante aprendizaje donde gracias a la resiliencia ha podido aprender de diferentes acontecimientos dolorosos para ser un hombre feliz junto a su esposa Carola y sus hijos Simón y María Jesús, aunque hace poco más de un mes, el gran Simón de 8 años, falleció producto de un cáncer que le fue detectado al poco tiempo de nacer, situación que le ha provocado una profunda tristeza, que con sabiduría e inteligencia emocional ha sabido canalizar positivamente, ya que siente que “Simón vive en nuestros corazones y gracias a su existencia nos dejó grandes enseñanzas sobre la felicidad”.

No es fácil vivenciar el fallecimiento de un hijo, más aún si es pequeño y con toda una vida por delante, pero Álvaro Acuña, conocido profesional ñublensino, lo asume como un hecho muy doloroso pero a la vez se siente agradecido de haber sido padre de Simón, un niño feliz, amoroso, tierno, creativo y que siempre en cada momento de su vida entregó una luz que seguirá alumbrando el camino de toda su familia, en especial de Álvaro, quien conversó con NOS Magazine, justo ahora, cuando el silencio externo hace retumbar con mayor fuerza el caudal de emociones que lo inundan.

¿Quiénes componen tu familia de origen?

Mis padres (Mirson y Rosa) que trabajaban en el Carmen (contador del área de finanzas de la municipalidad y educadora de párvulos) cuando yo nací, aunque solo él era del lugar ya que mi mamá era de Parral, además de dos hermanos, Pamela y Javier.

¿Qué recuerdos tienes de aquella época?

Hay muchas cosas que se me vienen a la memoria. Recuerdo que me gustaba escribir cuentos, jugar con los juguetes que me hacía mi papá, los almuerzos familiares, soñar con ser bombero, ir con mi mamá a sus clases como oyente, pasear con mis compañeros por los alrededores y el balneario de El Carmen, Trehualemu, donde íbamos al río… aún siento el sabor del pan con jurel y tomate… fue una niñez muy linda.

¿Dónde cursaste tus estudios?

En kínder, con 5 años, estudié en la escuela El Tejar que quedaba frente a la casa donde vivíamos, ya que cuando tenía esa edad nos volvimos a Chillán. Ahí estuve hasta segundo básico y cursé medio año en el Colegio Darío Salas. En la escuela El Tejar sufrí mucho bullying, por lo que un día decidí no ir más. Mi abuelo Alejandro conversó conmigo y le conté lo que pasaba (los más grandes nos pegaban y hubo un abuso sexual que conté a en mi libro ¿Y si digo que no?). Posteriormente, me cambié al colegio Sagrado Corazón de Jesús (ex-Martín Rucker) y fue en ese lugar donde conocí a mi señora Carola, cuando ella estaba en sexto y yo en séptimo básico; y me volví apegado a la Iglesia Católica.

La verdad es que me han acontecido muchos episodios difíciles y dolorosos, puesto que al bullying y al abuso se sumaron otros hechos traumáticos como una vez que me perdí en el bosque cuando tenía 3 años. Fue por unos segundos, pero me marcó mucho. A los 11 años me atropellaron y me dieron por muerto aunque logré recuperarme gracias a la preocupación de mi familia, a pesar de que la neuróloga que me examinó no me dio muchas expectativas para estudiar. A los 18 años tomaba pastillas para dormir y sufría depresión.

Pero con todo, el amor de mi familia y de Carola fue la base para transformarme en un tipo fuerte y que pueda visualizar las cosas positivamente. Siempre mis explicaciones de la vida son positivas, sean frente a eventos buenos o malos.

¿Cómo fue tu desarrollo en el ámbito profesional?

Recuerdo que en el colegio nos hacían pruebas para determinar el tema de las vocaciones y todas arrojaban que debía seguir algo humanista. Pero mis padres y yo no queríamos creer en eso. Fue así como en tercero medio decidí irme al matemático ya que tenía buenas calificaciones y la carrera de Contador Auditor se tornaba acorde a mis potencialidades.

De todas formas, recuerdo que el primer año de universidad me fue mal en matemáticas, y no me explicaba por qué, quizás debido a que tenía una base en el colegio muy deficiente. Ahí empezó una crisis vocacional terrible desde donde nació un libro “Palabras Vagas” con reflexiones de vida y poemas. En ese momento supe que muchas veces obedecemos a estructuras sociales que nos dan desde que nacemos y es un trabajo hacernos conscientes de nuestro verdadero camino.

En ese escenario, convencí a mi papá para estudiar teatro en Santiago en la academia de Héctor Noguera, pero reconozco que nunca me atreví porque no me gustaba la vida en Santiago y no quería dejar a Carola. Entonces me cambié de carrera y estudié Ingeniería de Ejecución en Administración de Empresas, donde descubrí las relaciones interpersonales y pude canalizar mi deseo de ayuda social. De esos años guardo mucho afecto por el profesor Mauricio Salazar quien siempre me incentivó. Se podría decir que fue un descubrimiento concreto de mi lado humanista.

Más tarde, cursé un Magíster en Políticas Públicas en la Utal y diplomados de liderazgo, trabajo en equipo y comunicaciones. Eso porque siento que como profesores es fundamental estar siempre a la vanguardia en materia de conocimientos. Siguiendo mi veta humanista en 2016 estudié para ser Coach y el 2017 cursé Psicología Positiva que tiene que ver con la gestión de la felicidad.

También en la universidad participé en un programa de radio con música rock, pop y grunge; y además nunca he abandonado mi pasión por hacer música a través de composiciones. Claro que Carola es fanática del folclore por lo que incorporé ese tipo de música a mis gustos…

¿Cuánto te ayudó el coaching y psicología positiva?

Montón, la vida para mí no ha sido fácil por toda mi historia que conté, pero estoy seguro de que todos podemos sobreponernos a las dificultades. Además, desde siempre nunca había tenido habilidades motrices, por lo que bajo ese contexto descubrí la literatura de autoayuda, en medio de una fuerte depresión y autoestima baja. Ahí fui consciente que tenía que ayudarme. Recuerdo que encontré un libro “El líder que no tiene cargo” de Robin Sharma, a través del cual develé mis debilidades y fortalezas. Con eso y con la Carola al lado salí adelante. Ella me aceptó como soy, me acogió con amor y quiso vivir mi proceso sin separarse de mi lado.

¿Cómo comenzó tu relación con Carola?

Nos conocimos cuando ella tenía 11 y yo 12 años respectivamente, ya que Carola era prima de un compañero. Incluso hoy cierro los ojos y recuerdo su carita llena de pecas, su pelo lindo, flaquita, era la perfección misma y jugando nos dimos el primer beso. Al principio duramos una semana pololeando. Después terminamos y luego de algunos “pinchazos” propios de la edad, decidí que quería tener una polola estable e inmediatamente pensé en Carola.

Al principio no me “pescó”, ella siempre ha sido una mujer muy fuerte y sensible. Entonces recuerdo que viendo en una teleserie una escena donde el protagonista le toma la mano a la niña y se la coloca en el pecho diciéndole “¿sientes cómo late mi corazón?, es por ti”. Yo dije eso ¡es lo que tengo que hacer!… y en el recreo fui con ella y se lo dije… ahí comenzamos a pololear en 1996 teniendo 13 y 14 años.

¿Cómo llegaron a casarse?

Yo quería casarme cuando tuviera la plata para hacerlo, además de tener casa, auto, etc. Pero el destino quiso otra cosa y cuando ya ambos habíamos egresado de la universidad nos casamos en febrero de 2007.

Lo que más me encanta de ella es que siempre soñamos y conversamos de la vida, la que siento como una obra de teatro. Por eso estoy convencido de que en una relación debe primar la comunicación y la sinceridad, el conocernos y reconocernos como diferentes, eso cimentó nuestra relación… somos muy amigos, amantes, esposos y papás.

¿En qué crees?

En Dios, pero no en la Iglesia Católica, ni en ninguna iglesia. También admiro a Alberto Hurtado, quien sabía que lo único que puede salvar al mundo es la caridad de las personas. En nuestro caso personal hemos recibido inestimable ayuda de muchas personas, situación que agradecemos profundamente. Por eso hago siempre la reflexión, si en los momentos de tranquilidad fuéramos más generosos con los demás, el mundo sería mucho mejor. Además, que está comprobado que psicológicamente la gente se siente mucho mejor ayudando.

¿Cuándo llegó Simón a sus vidas?

El 24 de mayo del 2009 supimos que Carola esperaba a Simón y el 28 de enero del 2010 nació en un ambiente de mucho amor rodeado de personas que lo esperaban con ansias. Su nacimiento fue un hecho maravilloso en la vida de todos, ya que encima en nuestra familia no había niños.

¿En qué momento detectaron que algo no iba bien en su salud?

Al principio Carola se dio cuenta de que Simón tenía su vientre abultado, por lo que lo llevamos al médico quien nos señaló que no era nada de gravedad, pero un día mientras le cambiaba paños me percaté que estaba más hinchado y fuimos a Concepción para realizarle unos exámenes más exhaustivos. Fue en ese momento cuando nos enteramos que tenía un tumor de Wilms, que nació con él y que se alojó en uno de sus riñones. A partir de ahí comenzó la lucha por restablecer su salud, lo que significó un viaje a Santiago donde se le sometió a un tratamiento de quimioterapia para achicar el tumor.

¿Cuál fue el primer impacto al escuchar la palabra cáncer?

Nos imaginamos automáticamente muerte. Recuerdo que cuando nos veníamos de vuelta nos pusimos a rezar un Padre Nuestro y en la parte donde dice “hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo”, paré el vehículo y no pude seguir, me rebelé, ya que no quería que Dios me quitara a Simón. Cuando llegamos estaban todos haciendo cadenas de oración, llorando, y les dije a todos: ¡Simón está vivo, no está muerto!, así que vamos a vivir a “concho” el día a día y vamos a luchar con todo por su recuperación, agotando todas las instancias. Fue en ese instante donde me reconozco como padre ya que tenía que ser fuerte para Simón y para mi esposa.

Ahí comprendí que todo lo negativo que había pasado en mi vida era para fortalecerme en el duro camino que se nos presentaba como familia. Tras la quimioterapia se logró extirpar el tumor y el riñón, pero al mes después vino una fuerte recaída. Seguimos las batallas y estuvo a punto de morir tres veces. Lo que sucedió es que Simón nació con un sistema inmunológico débil, por lo que el tratamiento que se aplicó fue muy duro ya que el cáncer fue muy invasivo. Eso fue en 2012 y a partir de esa fecha y hasta este año Simón estuvo bien, los controles estaban súper bien. Estoy convencido de que su mejor medicina fue el amor de nuestra familia que creció con el nacimiento de María Jesús en 2013. Fueron años donde compartimos en torno a juegos, risas, naturaleza y darle valor a cada momento juntos.

¿Cuándo nació “Padres sin licencia para cuidar”?

Fue en 2012, nos dimos cuenta de que no podíamos evitar el dolor del pinchazo pero sí abrazarlo y entregarle amor, lo que me hizo pensar en lo fundamental que es que los padres de niños con cáncer pudieran estar junto a ellos en todo momento. Lo que me terminó de convencer en iniciar esta cruzada fue una conversación que tuve con un médico de gran conciencia social. Además que me sirvió el saber de políticas públicas y de medios de comunicación. Tenía claro que para estar en la agenda pública teníamos (como agrupación) que tener protagonismo en los medios televisivos, radiales e impresos. Hay muchas personas a las cuales les estaré eternamente agradecido porque me ayudaron mucho.

En medio de esa lucha fue cuando surgió la posibilidad de escribir un libro (“Por todos los niños con cáncer”). Recuerdo que siempre he escrito columnas políticas para www.biobiochile.cl, entonces Mauro Mosciatti me instó junto a la periodista Monserrat Álvarez a publicar un libro sobre el tema. Fue así como mientras estábamos en Santiago, mi tiempo nocturno lo dedicaba a correr y escribir y nació “Por todos los niños con cáncer”, que fue un primer paso para aportar en lo que hoy es la Ley Sanna.

¿Cuál es tu opinión sobre la Ley Sanna que se promulgó este año?

Es mejor de lo que esperaba, esto debido a las limitaciones que siempre tiene una política pública por el tema del financiamiento. Paradójicamente fuimos los primeros en utilizar la Ley. El problema de hoy es que la causa sigue, porque la ley está pero hay problemas a resolver, por ejemplo, mientras entra la licencia de los padres al COMPIN, muchas veces deben entrar a trabajar igual porque no se les pagan las licencias. Personalmente, siento que debo seguir luchando por Simón, por esas madres y padres, por mi familia y por la sociedad.

¿Hay algunos otros temas sociales que consideres fundamentales?

Hay muchos temas, soy partícipe de las mujeres por un trato igualitario y está también el tema de la educación, que es la madre de todas las batallas. Pero creo que la salud en general es un tema eje donde gira todo. El sistema de salud aún no logra responder como debería a la comunidad. ¿Por qué las farmacias son tan caras?, falta mucho camino de justicia social. Pero si hay algo que he aprendido es la necesidad de concentrarse en una sola batalla y hoy mi tema es la salud de los niños.

¿Está en tus planes escribir un nuevo libro?

Siempre he escrito, me encanta y me libera. Además que si siento que puedo aportar, maravilloso. Por ahora sigo escribiendo columnas de opinión en algunos medios, pero tengo un tercer libro a medias, después de “Por todos los niños con cáncer” y “¿Y si digo que no?”. Lo dejé por lo complicado que ha sido la partida de Simón. Es un libro que tiene mucho del área de desarrollo de personas, de que las cosas se pueden lograr. Es la historia de un personaje ficticio que de la pobreza surge y logra el éxito en todos los ámbitos de su vida.

¿Qué legado sientes que dejó Simón?

Muchas cosas, pero creo que se puede resumir en la felicidad y el juego de la imaginación. Nunca hay que dejar de soñar, de volar… seguro eso no solucionará los problemas pero nos ayudará a buscar las soluciones correctas.

Era muy especial e inteligente, recuerdo que un día mi suegra fue a buscarlo al colegio y en el paradero de micro, Simón dijo “¿habrá en el paradero alguien que pueda darle el asiento a esta anciana con su niño?”, en otra ocasión él me preguntó ¿por qué existe la tristeza?… de esa reflexión inventó el juego de la imaginación que hoy es un motor importante en mi vida.

 

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