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Entre parras y vendimias: la vida de la empresaria Daniella Gillmore, Gerente General Viña Gillmore

Daniella Gillmore, Gerente General Viña Gillmore

Es ingeniera agrónomo y hace ya 19 años que tomó la decisión de continuar con lo que comenzó su padre, la Viña Gillmore. Nació en Santiago, pero toda su vida estuvo ligada al campo, los animales y la producción de vino.

“Soy una persona bastante inquieta, siempre trato de hacer cosas nuevas. Soy autodidacta, así que trato de aprender en base a generar experiencias”, así se define Daniella Gillmore, gerente general de Viña Gillmore donde se destaca como una gran empresaria, pero además de la gran mujer que es en los negocios, ella tiene otros roles en su vida, como ser esposa, madre e hija.

Daniella nació en Santiago, ciudad donde realizó toda su formación educacional, sin embargo, el campo tiene protagonismo en su vida desde su infancia. “Desde muy chica iba mucho a la casa de mis abuelos en el campo, mi abuela tenía un huerto grande en su casa y me encantaba. Luego, a los ocho años, comencé a venir muy seguido a Talca, los fines de semana y todas las vacaciones” explicó.

En esa línea, sus recuerdos de infancia se remontan a sus vivencias en el campo y con la naturaleza en general. “Mi papá es una persona que le gusta mucho los animales, entonces nos criamos con muchos en la casa, tenía patos, gallinas, conejos, tortugas, etc. Animales fuera de lo común, al nivel de que me criaron con una oveja, me daban leche a mí y a la oveja”, expresó riéndose Daniella.

MUJER EMPRESARIA

Su cercanía con el campo y sus constantes viajes a Talca, le permitieron desarrollar una cercanía con la viña desde pequeña, por ello siempre que podía ayudaba en los quehaceres del rubro. “Si venía en el invierno ayudaba a podar o en Fiestas Patrias si estaban injertando también lo hacía. Ya más grande ayudaba a mi papá en el laboratorio o en la vendimia”.

 Además, agregó que, “la primera práctica la hice en 1995 acá, en la viña (formada por mi padre a principios de los 90’). Luego, cuando salí de la universidad en el 99, me fui por seis meses a California, Estados Unidos, a trabajar en una viña en los procesos de la vendimia y cuando volví me hice cargo del campo”.

Fue su padre quien decidió dejar a Daniella a la cabeza de la producción. “Él es un hombre muy generoso, los dos primeros años trabajamos juntos y luego me entregó la viña. Tenemos un sistema de trabajo donde una vez al año tenemos reunión de directorio y yo rindo todo lo que se hace en el campo. Pero, en otras ocasiones, también acudo a él para que me de su opinión con respecto a cosas puntales”.

¿Cómo defines tu trayectoria en el rubro?

“Las áreas agrícola y vitivinicultura son súper dinámicas, me ha tocado ver un par de crisis y eso es bueno, porque no es un sector económico estático, pues todos los años varía. Es un mercado difícil, vender vino embotellado no es algo fácil, es decir, tiene grados de complejidad y eso te obliga a estar al día y conectada para saber qué esta pasado en el resto del mundo, cómo son las vendimias en otros lugares, qué está pidiendo el consumidor y cómo está comprando.

Otra cosa que puedo destacar es que hace un tiempo era un mundo muy masculino, pero hoy es súper transversal, ya que hay muchas mujeres involucradas y eso lo encuentro súper bueno”.

Dices que antes era un rubro masculino, ¿fue una complejidad para ti esa característica?

“Yo creo que más en la parte agrícola, porque es un área que generalmente se ven más hombres. Una mujer a cargo de un campo no es tan común. En cuanto al vino, por su venta toca viajar harto y mientras no hay niño no es tan complicado, pero cuando ya uno tiene niños cuesta más viajar”.

Con la viña tú rescatas el área histórica-patrimonial, ¿cómo desarrollas esa parte?

“Trabajamos con  42 artesanos, vendemos productos de la zona, y tratamos de rescatar mucho el patrimonio social de la zona, que las personas se vean reflejadas y que sientan orgullo. Para mí es fundamental esta área porque somos parte de una comunidad y al rescatar el patrimonio y el valor social del lugar es la única manera lógica de poder insertarnos. Tenemos que entender que todo se lleva a cabo gracias a las personas, ya que si la viña funciona es gracias al equipo técnico que tengo”.

En esa línea, ¿qué rol juega el turismo?

“Me gustaría que fuera mucho más, nosotros siempre pensamos en abrir la viña al turismo y así fue desde 1996 que partimos con las primeras ideas y el 2000 lo logramos formalmente. Sin embargo, tenemos menos flujo de turistas del que nos gustaría, por ejemplo, me encantaría vender todo el vino mediante el turismo y eso aún no se da, pero creo que es algo que sí va a ocurrir, es una apuesta concreta que tenemos”.

Como mujer empresaria, ¿qué mensaje puedes entregar a las mujeres?

“Por un lado, yo creo que lo importante es siempre atreverse, seguir los sueños y trazarse objetivos que sean a corto plazo, ya que el mundo es muy dinámico, por eso deben ser metas cercanas y visualizar el por qué hacemos lo que hacemos y qué buscamos detrás de ellos.

Por otro lado, las mujeres somos súper soñadoras, vamos dos pasos más adelante y pensamos muy bien en qué hacer, sin embargo, comenzamos a poner ‘los peros’ y analizar los problemas. En ese sentido, tenemos que ser más pragmáticas y concretas, atrevámonos a hacer cosas, sin culpa del tiempo que podemos quitar a los niños o a la familia. Finalmente, debemos entender que el tiempo no es lo importante, pero sí lo es la calidad”.

MÁS ALLÁ DE LA VIDA PROFESIONAL

Con dos hijos, uno de doce y otra de nueve años, Daniella tiene como regla intentar finalizar sus labores en la viña a las cinco de la tarde, para dedicar tiempo a sus pequeños y compartir con su familia.

Me ha costado organizar las rutinas, pero al llegar a casa quiero estar con mis niños, ayudarlos en sus tareas y darles tiempo. Trato de que los momentos que pasamos juntos sean de calidad, que hagan cosas que les gustan a ellos. Pero también, yo soy una mamá muy aprensiva, eso me alegan mucho mis hijos, el mayor, incluso, me dice que soy absorbente”, expresó entre risas la empresaria.

Aparte del tiempo que dedicas a tu trabajo y familia, ¿queda un espacio para algún pasatiempo?

“Me encanta leer libros de historia, pero, a veces con los niños es difícil. También, tejo telares y hago bonsái. Trato de hacer de todo un poco, ya que me van cambiando los gustos, pero los bonsái lo hago hace mucho, tengo algunos que tienen más de 30 años que me regalaron y yo los seguí.

Y los textiles y las lanas me gustan mucho, a veces tejo a croché, a palillos o telares. Me enseñaron a tejer desde muy pequeña, le hacía ropa a las muñecas y después a las guaguas de mis primos”.

¿Tienes algún referente en tu vida?

“Mi pilar en la vida es muy papá, de él he aprendido, lo admiro mucho y es mi referente en todos los ámbitos, es decir, como ser humano en general.  Siempre destaco los valores que nos inculcó en la crianza de mis dos hermanos y mía. Mi papá tiene una manera de enseñar muy especial, es en base a la libertad, por eso nunca nos impuso cosas, solo nos dio herramientas y cada uno tenía que buscar su camino. Una manera distinta pues la gente está acostumbrada a que les impongan lo que se hace en la vida, pero él jamás lo hizo”.

¿Cómo evalúas tu vida profesional?

“Me faltan miles de cosas, no sé cómo me va alcanzar el tiempo para todo lo que quiero hacer. Ha sido un crecimiento constante, ya que uno parte con algunas ideas y te das cuenta que tienes todo un mundo por descubrir, para mí ha sido un viaje que ha tomado distintos caminos”.

¿Y en lo personal, has logrado todo?

“Creo que la vida va poniendo distintos desafíos y uno tiene que tratar de funcionar lo mejor posible. A veces, nos gustaría que las cosas fueran de otra manera o tener más oportunidades pensando sobre todo en mis hijos. Pero, creo que siempre trato de ver la vida desde las perspectivas más positivas que negativas. En ese sentido, creo que podríamos haber vivido como familia en otro lugar, pero estar acá tiene sus privilegios, la naturaleza es un regalo. Entonces, en la medida de lo posible hemos tomado las mejores decisiones para tener la mejor familia y para darle, dentro de mis capacidades, la mejor calidad a mis hijos”.

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