Cultura

Laura Daza, directora de gestión del Grupo Literario Ñuble “Los libros me han salvado la vida”

Amante de la literatura, esta profesional de las Relaciones Públicas y Comunicaciones es un torbellino humano. Madre de 4 hijos, lectora incansable, trabajadora y estudiante, Laura se considera una aprendiz de la vida en todo el universo de la palabra.

¿Cómo llegaste al mundo de las letras?

Ese mundillo lo descubrí a los 4 años con las lecturas que teníamos con mi abuelo Andrés, él me enseñó a leer, como una forma de “sosegarme” pues era muy inquieta y la verdad, no sabían qué hacer conmigo, y la lectura era un buen aliciente, lo que no sabían era que estaban alimentando un monstruo. No tuve lecturas infantiles, mis primeros libros fueron libros religiosos de mis abuelos e historias, luego mi madre comenzó a traer libros de poesía, novelas y muchas revistas, pasaba el verano leyendo, a los 9 años comencé a leer a Alfonso Alcalde y otros libros de poesía sin tapas, aún recuerdo algunos versos y palabras que me marcaron. La lectura fue un transporte, leía la biblia y terminé odiando los evangelios, me daban miedo, terror, tanta culpa, tanto pecado. Ya en la adolescencia, la biblioteca del Liceo de Niñas Marta Brunet, fue mi refugio. Los libros me han salvado la vida, la lectura permanente es una forma de vida, que naturalmente, como todo hábito se transmite, en este caso a mis hijos.

 

¿Qué libros te han marcado?

Hay muchos libros que me han marcado, otros pasan sin pena ni gloria (como las personas); cronológicamente puedo mencionar: “Catecismo en ejemplos” (que era de mi abuela Irma), “Ejercicios con el tema de la rosa” de Alfonso Alcalde, “El perfume” de Patrick Suskind, “El lugar sin límites” y “El obsceno pájaro de la noche” de José Donoso (en realidad tengo una obsesión con Donoso, he leído casi todos sus libros) y considero que es el mejor narrador de Chile, “El hermano Asno” de Eduardo Barrios (una joya) y en poesía, mi poeta amado, Gonzalo Rojas, he leído casi toda su poesía y su biografía, “El Volcán y el Sosiego” de Fabienne Bradu, “Las playas de fuego” de Bárbara Délano, entre otros autores. La lista es enorme, porque me encanta la literatura chilena y latinoamericana, como no mencionar a Gabriel García Márquez y “El amor en los tiempos del cólera”.

¿Cómo ha sido la experiencia de ser parte del Grupo Literario Ñuble?

Mágica, siento que antes teníamos una relación bien profana con el grupo, éramos algo así como amantes, me encantaba participar de las actividades (desde la tribuna). Finalmente, sucumbo a la reiterada invitación de Fernando May y terminamos trabajando codo a codo. Conocer a los escritores ha sido una experiencia enriquecedora, interactuar con ellos desde sus obras hace que los baje del olimpo. Por otro lado, me doy cuenta de que la obra siempre está enlazada a un diálogo confesional, es decir, aunque los libros sean obras de ficción, la realidad continua es permanentemente el tronco, la mirada y la acción en la creación.

¿Cómo vives el proceso de editar un texto?

Recuerdo el primer libro que llegó a mis manos, eran relatos breves de situaciones bizarras, particularmente bizarras, pasa que cuando leo, voy desnudando al autor, desde la intención de lo que pretende mostrar, hasta el lenguaje intrínseco que se produce al leer entre líneas.

Con la edición, pasa eso, la voz del autor en mi cerebro, las imágenes, estilo, todo es un conjunto de vida, en un proceso que acaba con la corrección de prueba.

Lo más difícil de editar (para mí) fue la Memoria Literaria, Antología Grupo Literario Ñuble (1963- 2017). Tantas voces, décadas, dolores, un registro de días duros de dictadura, poesía desde la provincia, sonetos, cuentos, crónicas y la historia en sí, escrita por Fernando Arriagada.

 

¿Qué nos puedes contar de tu faceta como escritora? 

“La mujer inmoral”, esa es mi hija bastarda, es un libro “huacho”, que responde a una época con la cual, naturalmente, ya no me reflejo. Hoy estoy en otra, leyendo muchísimo, para nutrirme de distintos géneros y autores, con el objetivo de definir mi propio estilo.

Algún verso o frase literaria que te represente

“Porque es fuerte el amor como la muerte” y “la pasión tenaz como el infierno” (Cantar de los Cantares).

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