Cultura

Daniela Sol, escritora talquina

“Necesitamos la poesía en este mundo lleno de desigualdad, violencia y rutina”

 Los invisibilizados, los violentados o desaparecidos están permanentemente en la retina de esta joven poeta talquina en quien parece cumplirse el adagio de que nadie es profeta en su tierra. Con una visible carrera en el exterior, la escritora se radicó en Talca donde ejerce docencia en la Universidad Autónoma de Chile. Desde la capital del Maule continúa trabajando en los temas que le interesan, entre los que destaca la Antología Internacional de Poesía Feminista que realizó el año pasado y el poemario que desarrolla actualmente en el que intenta rescatar la identidad que Talca ha ido perdiendo.

Cuéntame un poco de tu vida personal, ¿dónde naciste y creciste?, ¿dónde estudiaste y qué recuerdos tienes de esa época?

Daniela Sol, escritora talquina“Nací en Talca y viví aquí hasta los 23 años. Luego de eso, con un título de profesora de Filosofía, partí a México y me quedé ocho años allá, lugar donde realicé mi Magíster en Letras y trabajé en todo lo que pude (fui niñera, correctora de estilo, maestra, mesera, artesana, entre otras cosas). Posteriormente realicé pasantías académicas largas en Argentina, Canadá y España, en las que por varios meses me quedé en cada país, convirtiéndome en una estudiante errante, sin casa fija.

Mis estudios de pregrado los realicé en la Universidad Católica del Maule, mientras que el magíster lo hice en la UNAM México y el doctorado en la Universidad de Alicante, España.

El haber vivido fuera, sin mi familia, me enseñó tanto. Guardo en mi retina todo lo que cada persona, cada momento me otorgó y me enseñó. Soy una agradecida de la vida por haberme dado la oportunidad de emprender un vuelo con pasaje de regreso”.

¿En qué momento te interesas por la poesía y por qué?

“Desde muy pequeña me gustó la poesía. Fui experimentando las palabras a medida que crecía. Ya en la adolescencia escribí muchos poemas cursis, que no tuvieron mayor destino que el basurero o el diario de vida que usaba. Creo que comencé a tomarme en serio el ejercicio poético ya estando más vieja, como a los 25 años, cuando vivía en México y comenzaba a hacer análisis de los poetas surrealistas chilenos como el grupo Mandrágora y Ludwig Zeller”.

¿Cómo definirías tu poesía y qué es para ti?

“No sé si pudiera definir mi poesía. Definirla sería ponerle límites. Mi poesía ha sido una búsqueda constante, primero en mi interior y posteriormente en las problemáticas de la otredad. Con los años he puesto la sensibilidad en quienes han sido violentados, desaparecidos, invisibilizados. La poesía social es un motor que me mueve mucho, cada día. Total, la poesía introspectiva y “yoísta” la escriben todos. Sin tener la certeza de una definición de poesía, puedo sostener, eso sí, que la poesía salva vidas. La necesitamos, sobre todo en este mundo lleno de desigualdad, violencia y rutina. Ella (la poesía) es el espacio bendito que aparece entre cada estímulo del día. La poesía me permite detener el tiempo, clavar mi mirada en un pájaro haciendo nido, en la sonrisa de mi hijo, en la esperanza que veo en mis estudiantes, etc.”.

¿Dónde encuentras temas e inspiración para esa poesía?

“En todo. De todo podemos escribir, y además, todos podemos hacer poesía. La verdad es que no busco la inspiración. Ella llega de súbito, en momentos en que necesariamente no la espero. Eso es maravilloso. Aunque sí debo mencionar una tendencia, me conmueven los temas sociales y de género, también aquellos que vislumbran en lo comunitario, lo patrimonial y aquellos que denuncian abusos”.

Hiciste una Antología Internacional de Poesía Feminista. ¿Por qué? ¿Te interesa el tema del feminismo? ¿Cómo ves ese tema desde lo formal y desde la poesía?

“El feminismo aún no es lo suficientemente reivindicado por la comunidad. Mucha gente escucha la palabra feminismo y se asusta, porque tiende a confundirlo con la antítesis del machismo, que además se sitúa como un ejercicio violento y despectivo hacia los hombres. Eso no es el feminismo y creo que hay que educar a la población respecto del feminismo como un movimiento social que busca la igualdad en todos los sentidos.

Me vi en la necesitad de comulgar el ejercicio poético con las reivindicaciones de género y creí pertinente hacer una antología poética de feminismo. Pero quise hacerla internacional, pues sabía que tendría mucho más ‘power’ comprender que las poetas de todo el mundo estamos escribiendo en la misma órbita. Fue así como convoqué a escritoras de los cinco continentes a mandar sus poemas feministas. El resultado ha sido tremendo: 60 poetas de más de 30 países, además de ilustradoras y traductoras se sumaron a este apoteósico barco, que finalmente publiqué en Madrid el año pasado. La antología ha tenido súper buena crítica, ha sido vendida en toda Europa y algunos países de Latinoamérica. Lamentablemente aún no ha llegado a Chile de forma masiva”.

¿En qué proyectos estás actualmente?

“Estoy escribiendo un nuevo poemario. Aún no le pongo nombre, pero el ejercicio se asemeja al de revisar un antiguo álbum de fotos de la familia. Toco los lugares de identidad que esta ciudad ha perdido con los años, sitúo mi mirada en las antiguas casas de adobe, el barrio, el patrimonio, las recetas de cocina de las abuelas, al amor fraternal de los vecinos, todo relatado desde una poesía que se asemeja a los daguerrotipos análogos. Es un poemario sobre memoria colectiva, y confieso (sin el ánimo de ser soberbia) que está quedando bellísimo”.

¿Con qué te desconectas del trabajo?, ¿tienes algún pasatiempo?

“Sí, históricamente he sentido sensibilidad por la artesanía. Mi mamá, con manos sagradas, me instó a experimentar diferentes maneras plásticas del arte. Desde hace un tiempo realizo corazones mexicanos de latón (milagritos y detentes), una artesanía típica del sur de México que aprendí de artesanos de Oaxaca. Los vendo en Talca y afortunadamente me ha ido muy bien, porque están un poco de moda. Aparte de confeccionar artesanía mexicana, el estar en casa con mi compañero y mi hijo, han sido el mejor regalo que recibo a diario. Nuestra casa es el lugar en el que descanso del trabajo: en ella me pierdo entre el patio y sus pasillos, entre el olor a menta y las estrellas”.

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