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La sensualidad que nace de nosotros

Paula Bustos Cáceres, psicóloga

Pensar en sensualidad es conectarnos con tantas escenas eróticas proyectadas en la pantalla grande, medio visual importante en nuestros días donde se ve lo erótico circular de un modo masivo. Pero, qué es la sensualidad, qué relevancia tiene para la persona y las relaciones interpersonales, cómo se desarrolla; son interrogantes que deseamos despejar.

La sensualidad es un conjunto de conductas aprendidas a través de los diferentes medios de socialización que dispone cada sociedad, por lo tanto, cada sociedad potenciará en cada hombre y mujer aquellos atributos que valora en la personalidad de cada uno de ellos. Es así como el recibir una educación demasiado rígida podría propiciar la inhibición de la sensualidad. Del mismo modo, con una educación que potencia sin límites lo sensual, obtendremos conductas muy erotizadas.

La sensualidad nos permite generar una reacción en el otro, impactando en los sentidos del interlocutor para provocar el deseo que surge de la “forma de ser” del sujeto, pero esta atracción no solo es utilizada meramente para obtener encuentros sexuales. Desde lo particular, la sensualidad tiene que ver con la actitud que cada sujeto tiene frente a la vida, así como con la forma en que nos relacionamos con los demás, es una fuerza, un magnetismo que conquista y que envuelve, siendo captada por el entorno circundante.

Hay mujeres y hombres con bastante poder sensual, que atraen poderosamente, y esto se debe porque están siempre con una gran necesidad de “cazar” al otro, sólo por el afán de sentirse complacidos, generalmente se caracterizan porque se preocupan de amplificar ciertas cualidades externas que son más sensibles a los estímulos. Desde esta perspectiva, el interlocutor podría reducir el concepto de sensualidad meramente a la imagen, pero no es así. Para alcanzar una sensualidad equilibrada, natural y no caer en los estereotipos que los medios de comunicación propician, es primordial desarrollar el mundo interno y no olvidar el lugar que tiene el proyectar una buena presencia. Así la base de este magnetismo es una alta autoestima y un positivo autoconcepto de sí mismo, que unido al desarrollo equilibrado de las cualidades externas, conseguirá generar una atracción poderosa.  Obviamente, el poder sensual que emana de un hombre o de una mujer, permite satisfacer la necesidad de tener una pareja, como también el poder materializar encuentros sexuales, por lo tanto, es importante, conocerse a sí mismo o misma porque se podría “seducir”, a la persona errada y exponerse a un mal rato.

Nuestra esencia sexual

La sensualidad es una cualidad inherente a todo ser humano, que está presente en mayor o menor grado durante toda la vida y está estrechamente unida con la sexualidad. En la pareja, cumple un rol protagónico, ya que permite cautivar al otro, manteniendo el interés en la relación. Esto se consigue recordando la importancia que poseen los sentidos, ya que, a través de ellos nos relacionamos con lo que nos rodea, siendo una poderosa vía por donde la sensualidad se canaliza, pudiendo revitalizar el deseo en la relación. Importante es tener el interés de abrirse a nuevas formas de cautivar, pues la sensualidad nace en el juego de ocultar y mostrar, permitiendo vislumbrar aquello que anhelamos. También se relaciona con lo sugerido y no con lo explícito, con lo imaginado y no con lo percibido concretamente, con lo velado y no con lo expuesto.

¿Cómo desarrollarla?

Hay que atreverse a llevar al máximo el potencial de cada sentido, pues estos activan el deseo sexual si sabemos cómo utilizarlos. Es así que el olfato nos conecta con los aromas naturales de la pareja, por lo tanto, se sugiere utilizar fragancias que inviten al contacto. De la misma forma, debemos considerar el poder de la vista, siendo un medio afrodisíaco muy potente para activar el deseo sexual, hay que advertir que los hombres responden con mayor rapidez ante cualquier estímulo visual. El oído para la mujer es el medio activador de preferencia, donde un susurro, un tono sugerente permite atraer en ella el interés de entrar en contacto íntimo con la pareja. Besar es uno de los placeres más grande de la vida en pareja, a veces la rutina hace que se olvide que es un importante medio de afecto que nos conecta con el sentido del gusto, finalmente, el tacto, que permite recorrer el cuerpo de la pareja conectándose con todas aquellas zonas erógenas.

Debe quedar muy claro que en la sensualidad no basta con explotar los sentidos, sino tener en cuenta otros aspectos de la persona como viene siendo la forma de ser, por tal razón es vital buscar el desarrollo íntegro de la personalidad, considerando aquellas áreas que se relacionan con la espiritualidad, la emocionalidad y el conocimiento, ya que potenciar cada una de las áreas nos ayudará a acceder a una evaluación más certera de la realidad, desenvolviéndonos de manera más asertiva con quienes nos rodeamos.

En caso contrario, nos podemos encontrar con personas que exacerban su sensualidad externa, con la finalidad de atraer al sexo opuesto para llenar vacíos que están más ligados con las carencias psicológicas, objetivando las relaciones por una necesidad hedonista carente de sentido y de proyecciones. Por otro lado, tener una mirada negativa de la sensualidad, es reprimir un aspecto importante del ser humano. Es negarse a la posibilidad de ser plenamente feliz en la sociedad y en la vida en pareja.

Paula Bustos Cáceres

Psicóloga y Trabajadora Social

@mundodpaula

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