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Empatía: Percibir la vida con inteligencia emocional

Camila Merino, psicóloga

¿Qué entendemos por empatía? La mayoría, con seguridad, respondería que es “ponerse en el lugar del otro” o pensar en cómo nos sentiríamos si estuviéramos en el lugar del otro frente a una determinada situación, sin embargo, ambas definiciones si bien se relacionan con el concepto, no logran abarcar su complejidad conceptual.

La empatía puede ser entendida como la capacidad mediante la cual la persona puede percibir y comprender, a través de sintonizar emocional y cognitivamente con el otro, sus estados emocionales, el cómo vive y significar sus experiencias. Este concepto, que es utilizado en la actualidad, tanto en ámbitos de salud, como educativos y laborales, ha sido ampliamente estudiado desde su aparición en 1917 en Alemania como “einfühlung” (sentirse dentro de algo o alguien) y su posterior traducción en inglés como “empathy”, implicando un constructo multidimensional que no ha llegado a ser unificado, del cual hay una gran diversidad de definiciones dependiendo de la perspectiva y dimensión desde la cual se entienda, estando entre las más destacadas la dimensión cognitiva, que da cuenta de la comprensión de los otros y la toma de perspectiva, y la dimensión afectiva, que pone en foco los componentes emocionales del fenómeno.

Para la psicóloga Camila Merino, de lo anterior, ha surgido una visión más integradora de este concepto, a partir de lo cual se puede desprender una idea general de que la empatía engloba la capacidad de comprender las emociones y sentimientos de las otras personas, lo cual se basa en la visualización y reconocimiento del otro como un similar. “Diversos estudios han podido dar a conocer que la empatía, y sus bases funcionales, se encuentran ubicadas en el cerebro desde las primeras etapas del desarrollo del niño, donde ciertas disposiciones neurológicas, en conjunto con el apego, la capacidad de mentalización y la teoría de la mente (atribuir estados mentales a otros distintos de los propios), van dando forma a la capacidad empática, que se desplegará a lo largo del desarrollo de la vida de la persona por medio de la interacción con el ambiente, siendo fundamental para este proceso el previo entendimiento de la autoconciencia”, explica la profesional.

En este proceso tan importante, se ha descubierto que las neuronas espejo tienen gran relevancia para el desarrollo de la capacidad empática en las etapas primarias del desarrollo, ya que permiten mediante el “contagio” el poder comprender al otro, tanto desde lo emocional como desde sus acciones. “Asimismo, se ha estudiado que el rol del apego en el desarrollo de la empatía en el bebé es crucial, especialmente la capacidad del adulto cuidador para mentalizar, es decir, para inferir estados mentales en el infante, estimularlo afectivamente, responder a este con caricias, contención y miradas que generen una experiencia emocional de respuesta positiva, que posteriormente les permitirá, en la interacción de la diada madre-bebé o cuidador-bebé, regularse mutuamente, dando posteriormente lugar, en el proceso de crecimiento del niño, a experimentar sentimientos y afectos hacia otro, como es el caso, por ejemplo, de empatizar. De esta manera, las tendencias empáticas de los padres hacia sus hijos en la primera infancia y su propia experiencia emocional en respuesta a las emociones que los bebés experimentan, contribuye según diversos estudios al desarrollo de la empatía”, asevera Camila.

Mejor relación padres-hijos

Dentro del ejercicio de la parentalidad, la empatía también juega un rol significativo, ya que el poder empatizar como padres con las necesidades de los hijos, viéndolos más allá de la propia proyección personal, “permitirá el que estos puedan reconocerse en su individualidad y autonomía, desarrollando mayor seguridad, y propiciando además, cuando la empatía se utiliza por ejemplo dentro del ejercicio de disciplinar, un aprendizaje interno en los niños que les permitirá desplegar a largo plazo una mayor capacidad de autocontrol, tolerancia y regulación”.

Herramienta social y emocional

Por otro lado, en los niños, empatizar les brinda la posibilidad de leer las emociones y señales no verbales de los otros, lo cual les aporta valiosa información respecto al como conducirse en la interacción social con estos, ayudándolos a modular su forma de vincularse, siendo una gran herramienta social. “Así, en la etapa escolar y adolescente, se ha visto que la empatía tiene una importante relación con la predicción de la conducta prosocial, es decir, cualquier conducta que beneficie a otros, así como también, con la inhibición de las conductas agresivas y el desarrollo de la moralidad. Asimismo, resulta un factor modulador de la inteligencia emocional, que es la capacidad para reconocer y regular efectivamente nuestras emociones y las de otros, en la medida que permite la comprensión del mundo emocional del otro, diferenciándolo del suyo propio, otorgando así herramientas para poder, a partir de esto, modular las emociones y sentimientos y expresar estos de manera efectiva en la relación con el otro. De todas maneras, hay que tener en claro que la empatía es una capacidad permeable para seguir desarrollándose en el tiempo”, subraya.

Etapa adulta: habilidades blandas  

En la adultez, la capacidad de empatía tiene estrecha relación con las habilidades blandas, que resultan de gran importancia en la actualidad para el mercado laboral, pero ¿por qué?, porque la empatía favorece el que las personas puedan enfrentar y resolver distintas situaciones conflictivas, donde el comprender al otro puede resultar de gran ayuda para interactuar efectivamente a la hora de resolver un problema.

“Ahora bien, es importante tener claridad que tanto la ausencia de empatía como el exceso de empatía, podrían provocar dificultades en distintas esferas de la vida de la persona, como por ejemplo, su desarrollo psicoemocional, ya que sí una persona se viera continuamente sobrepasado por los problemas de quienes lo rodean y no pudiera distanciarse de ellos, mezclando las emociones de otros con las suyas propias, se afectaría en su capacidad de regularse emocionalmente, o, por otro lado, su desarrollo psicosocial, en la medida que una persona no pueda comprender a los otros, dificultará el establecimiento de relaciones afectivas estables, duraderas y profundas”, profundiza Camila.  

Beneficios de la empatía

  • Favorece la capacidad para relacionarnos y conformar relaciones constructivas y profundas con otros.
  • Ayuda a diferenciar nuestras propias emociones y las de otros, propiciando un mayor autoconocimiento interno.
  • Contribuye a la validación de la experiencia emocional y al desarrollo de otros procesos, como la capacidad de mentalización, reciprocidad, regulación emocional, conducta prosocial e inhibición de las conductas agresivas.

Camila Merino, psicóloga

ps.camilamerino@gmail.com

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