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Decirle no a nuestros hijos también es quererlos

En la sociedad en la que hoy estamos viviendo, nos resulta difícil, como padres, negarles juguetes, permisos, no aceptar pataletas y no ceder a los gustos y los caprichos de nuestros hijos (as), pero nos hemos preguntado de qué manera estamos aportando al buen desarrollo de ellos.

Largas jornadas de trabajo, estrés, problemas varios y eternos trayectos que no nos permiten llegar a nuestra casa con tiempo para compartir en familia, son muchas veces el detonante para no poder realizar actividades en conjunto con nuestros hijos. Es ahí donde se anida un sentimiento de culpa en los padres quienes suplen eso con una actitud de ceder frente a sus peticiones, sin normas ni límites.

¿Qué sucede con los niños a los cuales siempre les decimos sí?, le damos todo lo que piden, evitando de esta forma pataletas, pero ¿qué pasará cuando crezcan? Se transformarán en jóvenes y adultos que no sabrán enfrentar de buena manera las situaciones que la vida les vaya presentando, desde pequeños serán niños sin tolerancia a la frustración, exigentes, de llanto fácil. Si le decimos que sí a todo, los hijos pensarán que tienen absoluto derecho a poder exigir todo lo que quieran y si no les satisfacen, se enojarán. Decir un no a tiempo, sin duda es la mejor opción de establecer límites.

Decir no a los hijos les ayudará a promover sus valores y a aprender grandes lecciones de vida. Además, también aprenderán nuevas habilidades para desenvolverse en la sociedad porque en la vida no tendrán todo a la primera y deberán esforzarse para conseguir las cosas.

No te sientas culpable por decirle que no, a la larga los niños encontrarán en nuestras negativas el valor de las cosas. Así es, que importante es ir integrando en la educación y crianza de nuestros hijos lo difícil que es satisfacer necesidades económicas, por lo tanto, no todo lo que ellos quieran podrá ser dado, premia su buen comportamiento, sus excelentes calificaciones, sus buenas acciones, etc. En cuanto a las necesidades afectivas, solo cabe señalar que deben existir demostraciones de cariño y afecto de manera diaria y permanente, los hijos deben sentirse queridos y aceptados, no basta con decirles te quiero, si no los miras a los ojos para decirlo y ellos se sientan queridos.

No debemos crear el hábito de poner y anteponer los deseos de los hijos por delante de los nuestros propios, en la mayoría de las ocasiones simplemente se trata de establecer un orden y establecer prioridades.

Una crianza con autoridad sí puede ser firme, cálida y llena de amor. Decir no a los hijos no debe estar acompañado de miedo. Es responsabilidad de los padres que los hijos los respeten como figuras de autoridad y no que nos tengan miedo. Que tus hijos te obedezcan porque entienden que tú quieres lo mejor para ellos y no porque sientan miedo.

Como padre o madre nos equivocaremos, no somos perfectos y lo más probable es que nuestros hijos visualicen los errores que nosotros hemos cometido, con esta experiencia te invito a enseñarles que existen soluciones, así se les transmitirá un buen modelo de conducta, donde los errores están presentes pero para aprender de ellos.

La comunicación entre los padres es primordial en la crianza de nuestros hijos, una comunicación efectiva nos garantiza que nuestros hijos no reciban dobles informaciones, el no que dice el padre, también lo está declarando la madre, evitar desautorizaciones frente a nuestros niños y niñas es esencial, el apoyo mutuo entre los padres, los acuerdos en términos de estilos de crianza y la asertividad entre los adultos, entregarán seguridad a nuestros hijos, confianza en el mundo adulto que los rodea.

Sara Acuña Morales

Asistente Social

Diplomada en Psicología del adolescente

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