Columna

NO POR MATAR AL PERRO, SE ACABARÁ LA RABIA

 

NO POR MATAR AL PERRO, SE ACABARÁ LA RABIA

Estamos sumergidos en una crisis profunda. Tan profunda que ni siquiera sabemos cuánto tiempo nos demorará recobrar la paz. Lo único que se manifiesta a diario por todas partes es una profunda rabia.

¿Dónde?

En la calle, en los aeropuertos, en el trabajo, en los tacos, en el supermercado, al interior de las familias, en los grupos de interés, en los hospitales, en los colegios, en el tribunal, en el Congreso, en La Moneda…

Hoy estamos en tierra de nadie. Todos contra todos. Si no están conmigo, están contra mí. Por tanto como eres mi enemigo, debo destruirte. Esa es la consigna.

Todos defendiendo lo indefendible. Es decir, imponer una sola posición sin contemplar la visión de otros.

No se  respeta  a quienes expresan  una posición distinta a la que podamos tener.

Imponer una única verdad aunque aquello signifique nuevamente dividir para gobernar.

Esto queda de manifiesto en todas partes. Personas que ocupan un recurso lícito para ejecutar revanchas personales si se da la oportunidad. Fusilamiento político todos contra todos. Dispuestos a matar.

Estamos frente a líderes  de diferentes sectores que no representan inclusive a quienes votaron por ellos. La misma gente le ha quitado legitimidad.  Han reprobado su examen de liderazgo y ética.

Han demostrado con su actuar que no están aptos para ejercer un cargo público que implique representar a las personas con honra, valor e integridad.

Han hecho un show y negocio rentable para sí mismos, sin entender que están ahí para ayudar a un país. Resguardar a cada ciudadano indistintamente de su pensar. Sacarlo adelante y prosperar. Estamos evidenciando una lucha de egos y poder, donde cada persona quiere sacar un mordisco de la situación y lucrar con ella, ya sea para saciarse o bien para vengarse.

Menos entender que detrás del caos hay personas, familias y una sociedad completa  que espera un mejor vivir y convivir.

Niños que merecen estar en un país civilizado que les asegure paz social. Derechos y garantías básicas que les permitan crecer para que construyan  un  próspero porvenir.

Hoy ese sueño se tiñe de conflicto, caos, atentados, desidia, complot, revancha, manifestaciones, tortura, aprovechamiento, farándula, abusos, etc…

Rabia que se ha descontrolado provocando un daño tremendo a nuestro país. Debates que no ayudan a fomentar una conversación diagonal para  construir  y alimentarse de aquel debate, sino más bien sacarse los ojos con el fin de imponer una única verdad.

Revivimos un pasado de profundo dolor donde al parecer en todos estos años no hubo reflexión profunda  de lo sucedido con anterioridad.  No queda de manifiesto el  aprendizaje. Disfrazamos el dolor con una falsa prosperidad.

Una olla a presión que no pudo más, que buscó la manera de hacerse notar explotando de manera desproporcionada generando el más grande estallido social. 

Odio, desidia y resentimiento que se manifiesta  en las calles. Estamos frente a la crisis del  descontento.

Hasta en el parlamento evidenciamos hechos inaceptables que lo único que fomentan es la división, animadversión y aprovechamiento político respecto de lo que está sucediendo. Todos contra todos.

No se respeta a una nación y a un pueblo que necesita  mejores condiciones que aseguren vivir con dignidad no que nos matemos entre nosotros mismos, para lograr ser escuchados y respetados en una sociedad que no sabe escuchar, dialogar, ni negociar.

Palabras llenas de odio y violencia  que se expresan sin responsabilidad, propagando por todos lados odio, odio, y más odio; revancha, revancha, oportunismo y más revancha; caos, violencia, abusos y más violencia.

Egoísmos y lucha de poderes que se superponen al bien superior de una nación.

Líderes fomentando y alimentando el odio. Cuando su rol es trabajar en pos de una nación. Salvaguardar  a los ciudadanos velando por sus intereses, mas no sobre sus intereses particulares o partidistas. Atentando  contra el orden democrático.

Faltas de respeto que creemos lícitas. Abusos que consideramos justificados. Atentados, robos y saqueos que justificamos, heridos abusados y torturados  que justificamos. Golpes, interpelaciones y fusilamiento político que justificamos. Nadie hace una autocrítica ni reflexión de lo que está pasando y cuál es su responsabilidad en los hechos.

No se invita a la cordura y a la resolución de conflictos. Negociación por la paz social. Los acuerdos son un show escénico que dura lo que dura. No tienen trascendencia porque carecen de profundidad.

La estrategia es seguir dividiendo y cada parte sacar su pedazo como perro dispuesto a matar y despedazar a la víctima que muestre siquiera una pizca de debilidad.

La injusticia tomó tribuna volviéndose inoportuna. Callos que una vez pisados empiezan a hablar. Instituciones cuestionadas por un sinfín de malas prácticas que hoy la ciudadanía no perdona ni olvidará.

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