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«Las peticiones y exigencias de nosotras las mujeres, no tienen un problema de fondo, sino de forma»

Camila Zarzar Amor. Coach de Liderazgo
Camila Zarzar Amor. Coach de Liderazgo

Durante estos dos últimos años, hemos visto como nuestra sociedad ha cambiado considerablemente. Hoy somos una sociedad empoderada, demandante, que exige sus derechos de manera vehemente creyendo que el fin justifica los medios.​ ​Eso pasa con todas las causas… Hoy nos está pasando a nosotras las mujeres. ​

Hemos decidido tener opinión y reclamar todo lo que no reclamaron nuestras bisabuelas, abuelas, madres y nosotras mismas. Hemos exigido abiertamente todas nuestras demandas emocionales que queremos se hagan efectivas. ​

Perseguimos hacer «justicia» con nuestra causa. ​Que se repare, en alguna medida, todo lo que hemos tenido que pasar…. Que realmente ha sido bastante. ​

​Todos queremos lo mismo. Tener un país igualitario, es lo que toda la ciudadanía reclama y exige en distintas materias. ​Eso genera bienestar, respeto, seguridad social y paz ciudadana. Es decir, una mejor manera de vivir y convivir. ​

La marcha de 8M nos demostró el gran descontento social respecto a la desigualdad frente a nosotras las mujeres y E. Género. ​El problema en cualquier crisis o rebelión, no radica en el fondo, sino en la forma. ​

En Chile, la manera «inteligente» de demostrar descontento es saquear colegios, quemar buses, salir desnudos a luchar por nuestra libertad, apedrear paraderos, rayar el metro, atentar contra la propiedad pública y privada, amenazar a docentes, rociándolos con bencina para quemarlos o inmolarse rociándose con bencina y prendiéndose fuego, lo que ocasionó la muerte de un dirigente sindical hace un par de años atrás, etc.

No conocemos otra forma de hacer notar nuestro descontento, ni hacer valer nuestros derechos. «Por la razón o la fuerza» ​

Nosotros no tenemos derechos únicamente, sino también deberes. Y en ese punto no nos detenemos a observarnos. ​

Hoy el discurso de las mujeres y la lucha hacia una sociedad más justa para nosotras, está tomando un tinte agresivo que lo percibo en el ambiente y en cada seminario donde me invitan sobre esta materia. ​

​Los ponentes deben tener cuidado de su autodiálogo y del diálogo que queremos llevar a los demás. ​Existe responsabilidad en cuanto a nuestro discurso.​ No estoy de acuerdo con el radicalismo. No creo que nosotras, las mujeres, para ser escuchadas, valoradas, aceptadas y tratadas con respeto debamos ser agresivas. ​

​No quiero que mi género y yo misma deba convertirme en una persona resentida, alegadora, que expone sus puntos sin filtro, sin medir las consecuencias de sus palabras, todo en pos de «la lucha frente a mis derechos”. ​

​Me considero una mujer fuerte, rebelde en mis pensamientos y sentimientos… Los escucho y valoro muchísimo, y por sobre todo, nunca le he puesto valor ni a mis sentimientos, ni condiciones a mi mente. ​

No he transado mis valores por plata… Ni he ocupado mi atractivo para escalar posiciones o conseguir algún fin específico. ​

Valoro el esfuerzo y creo en la meritocracia, de otra manera no trabajaría 12-15 horas diarias. Tendría una vida más fácil y cómoda. ​

Pero no puedo desconocer que no todo el mundo tiene mi pensamiento. Ni actúa de igual forma. Lo cual es válido.​

​Entiendo que la independencia, liderazgo, fortaleza, determinación, no va ligado a la agresividad, muy por el contrario, va ligado a la asertividad y a la estrategia. ​

​Es en ese punto donde nos estamos cayendo y ensuciamos una muy buena causa. ​Chile no va a cambiar únicamente mediante una ley de cuotas que nos ampare. El cambio se hará efectivo cuando vaya de la mano de una transformación cultural y social respecto de esta materia. ​Los resultados son siempre reflejo de un cambio interno. ​

Es muy legítima nuestra causa. Pero debemos entender que si yo exijo debo dar. Por tanto, si exijo respeto, tolerancia, aceptación, vivir sin prejuicios, consideración, igualdad y apertura al diálogo, debo ser capaz de dar lo mismo que estoy exigiendo. ​

Las batallas no se ganan con fuerza bruta… Se ganan con estrategia. ​Es decir, nuestro discurso no debe ser agresivo sino estratégico, argumentado y asertivo en nuestras peticiones.

No concibo el tener que masculinizarnos, fomentar un tono agresivo, prepotente, autosuficiente, para tener que validarnos o que se nos reconozca en una posición de liderazgo. ​

Porque inclusive si ganamos, vamos a haber perdido mucho. Nuestra propia naturaleza. ​Entender que esta no es una lucha entre hombres y mujeres, esta es una demanda social que persigue bienestar y garantías igualitarias para ambos en donde podamos desarrollarnos y tener las mismas libertades deberes y derechos, y que el resultado de aquello sea una mejor vida para todos.​

​Insisto… Todas las demandas son válidas. ​El problema no es el fondo, es la forma. ​Y mientras nosotros no cambiemos la forma en todas nuestras demandas, el cambio que perseguimos no se generará o bien si se consigue, no logrará traer satisfacción.​

Porque si tengo que dañar o desgastar una situación para hacer valer mi posición, habré destruido más que construido. ​Lo que se traduce en un caos emocional para todos los involucrados. ​Las mujeres no necesitamos ser agresivas, sino asertivas. ​

Te invito al cambio. ​

Camila Zarzar Amor

Coach de Liderazgo

Directora HappyEmotions

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