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«La única manera de valorar la importancia de la ética, es no haber actuado conforme a ella, y haber pagado las consecuencias de ese error»

Camila Zarzar Amor. Coach de Liderazgo
Camila Zarzar Amor. Coach de Liderazgo

En los últimos años, hemos visto muchísimos casos de corrupción dentro de las instituciones, gobiernos, empresas, y también grandes errores que terminan dañando nuestra vida privada y familia.

Lavado de dinero, escándalos eclesiásticos, colusiones entre grupos económicos, escándalos políticos, estafas millonarias, tráfico de influencias, brujería,  prostitución vip, etc.

También hemos visto lo que ha pasado en Argentina, Brasil, Venezuela, Perú, EE.UU, entre otros.

El gran punto negro de América Latina es la corrupción. Somos una región inmensamente rica que cada día se vuelve más pobre y  desigual  producto de la corrupción.

En Argentina, hace unos años atrás, el fiscal  Alberto Nisman murió misteriosamente por destapar un caso de corrupción que tenía como principal sospechosa a la máxima autoridad de la época; Cristina Fernández. Esas cosas siguen pasando en el siglo 21.

Vemos que esto mismo pasa con los carteles de droga en México. Donde se matan entre ellos para mantener el poder. Donde la gente no puede vivir tranquila o denunciar por miedo a las represalias.

Perseguir la verdad a veces sale caro. El miedo se ha apoderado de la gente. No se atreven a denunciar. Denuncian y luego retiran la denuncia.

Ese miedo se ve reflejado en las familias, en la calle, en el trabajo, en todos lados. Miedo a expresar nuestra posición sin que ello traiga consecuencias negativas.

¿Callar o  vivir con temor? La corrupción y la mafia se alimentan del miedo para operar. Mientras nadie denuncie y se involucre activamente por fiscalizar, seguiremos de la misma manera, sin que se establezcan medidas efectivas que hagan valer la igualdad ante la ley para todos. Debemos actuar, ¡Caiga quién caiga!

El acceso a  la información, y dar a conocer a la opinión pública lo que está pasando, es la única llave para cambiar esta situación.

Las personas que ocupan este tipo de recursos para conseguir sus fines lo tienen muy claro. Hoy un mínimo error se paga muy caro.

Por tal motivo, el que se ensucia las manos, nunca es el autor intelectual. Manda a otros a realizar el trabajo sucio. Eso pasa desde tiempos remotos. Es cosa de observar y analizar la historia. Hoy este tipo de prácticas deben acabar para que podamos vivir en otro tipo de sociedad. Una más sana y justa para todos.

No hay nada más peligroso que alguien que piense y no se deje manipular. Una ciudadanía culta, informada, dispuesta a denunciar abusos y malas prácticas. Instituciones fortalecidas, independientes, fiscalizadoras. Jueces íntegros, éticos, incorruptibles. Que estén ahí por vocación y no por ansias de poder. Gobernadores éticos. Políticos que trabajen para la gente, no para sí mismos. Empresarios que busquen generar un círculo virtuoso dentro de sus negocios. Ciudadanos que no solo exijan, sino que den en la misma proporción de lo que están exigiendo.

La ética debe estar incluida dentro de la declaración de principios de un país. Valores que definen a un pueblo o a una región. La ética debe estar presente en cada eslabón de la cadena para tener un resultado exitoso. No puedo exigir ética a otros, si yo no soy ético. Eso se llama ser sinvergüenza. Exigir lo que no estoy dispuesto a dar.

Hoy sigue habiendo un sistema que ampara al abusador. Quién atente con el statu quo y trate de interferir con los que están detrás del lado oscuro del poder… Será perjudicado en el mejor de los casos…. En el peor, será asesinado. O se intentará presionar y chantajear al denunciante con información confidencial que lo comprometa u otros métodos,  hasta inducir un suicidio. La realidad siempre supera la ficción.

Otro escenario posible, encontrar muerta a la víctima con pruebas falsas que den cuenta de aquello.

Hay tantos escenarios posibles como realidades cuando se quiere perjudicar a  una persona. Eso también pasa en el ámbito laboral. En todo escenario donde se dé cuenta de malas prácticas y abusos. Ese es el reflejo de la sociedad que todos hemos creado por acción u omisión.

No podemos creernos meros espectadores, sino partes responsables de un sistema que se ha movido por la falta de ética, principios y valores.

Muchos creen que la corrupción se encuentra en las altas cúpulas donde se concentra el poder. Pero en la práctica no es así. Ella se encuentra a todo nivel.

La única diferencia es que los ojos están puestos en las grandes cúpulas, con entidades encargadas de prevenir fraudes y anticorrupción.

Aun así, con estas medidas, hemos fallado. El resultado de aquello se ha visto reflejado en las  graves consecuencias a nivel regional Latam.

Hoy todos están pagando las consecuencias en una cadena de errores que han ensuciado la imagen, reputación, credibilidad y confianza de cada uno de los involucrados.

Donde hay dinero y poder,  existe la posibilidad de que se genere mafia, tráfico de influencias, sobornos, juegos de poder, conspiración y asesinatos.

Muchas personas están dispuestas a todo, inclusive hasta matar por mantener el control o poder de lo que creen, les pertenece. Inclusive hasta en las mejores familias. Ya sea poder económico, político, fáctico, o mediático. Todos estos hechos nos deben servir como aprendizaje.

Seamos chicos, medianos, o grandes… Todos en algún momento hemos actuado sin ética. Honestamente es lo mejor que nos puede pasar. No haber sido éticos y pagar las consecuencias de aquel error. Es la única forma de que entendamos el valor y la importancia de conducirnos con ética en cualquier aspecto de nuestra vida. Haciéndonos responsables de las consecuencias de nuestros errores.

Privilegiar el camino largo,  el esfuerzo  y la meritocracia. Entender que el poder es una ilusión…. No nos pertenece. Es una simple herramienta. Dependiendo el uso que le demos es el resultado que obtendremos. No hay que obsesionarse con él.

Todos somos juez y parte de la sociedad que hemos creado. Si queremos resultados distintos, debemos involucrarnos activamente para  cambiar lo que nos perjudica a todos. Cambiar el ADN de nuestra sociedad.

No puede ser que la falta de ética siga siendo parte de nuestra idiosincrasia. Eso ensucia la imagen de la región completa. No podemos delegar a otros nuestra ética. Tampoco justificar nuestra falta de ética a nuestras circunstancias adversas. Todos pasamos situaciones complejas  a lo largo de nuestra vida, y tenemos la opción de elegir qué camino queremos seguir, y con ello hacernos responsables de las consecuencias de todas nuestras decisiones.

Eso lo aprendemos conforme va pasando el tiempo, a través de la experiencia. Ahí radica  la importancia del error. Necesario y aleccionador. Juzgar menos y aprender más. Tener voluntad de ser agentes de cambio, que de manera activa busquemos fomentar buenas prácticas que nos ayuden a transformar el mundo en que vivimos.

Tenemos la gran posibilidad de hacernos cargo de nuestra participación en los hechos, y generar un cambio real y significativo que impacte a toda nuestra región. El cambio se genera adentro para poder expresarse afuera.

Te invito a ser ético.

 

Camila Zarzar Amor

Líder Coach

Directora de HappyEmotions.

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