Al 100

Más allá de los límites que pone la ciudad

Parkour

Cualquier obstáculo sirve, la idea es avanzar por la ciudad utilizando principalmente solo las habilidades del cuerpo humano de manera fluida. Correr, saltar, trepar, rodar, escalar o simplemente sostenerse son parte de las acciones que realizan quienes se dedican a esta disciplina que este año fue reconocida como deporte en nuestro país. Una actividad que tiene detrás una interesante filosofía y que cada vez gana más adeptos en la Región del Maule.

¿Qué hace una persona o un grupo de jóvenes saltando, corriendo y trepando entre barandas, bancas, muros y escaleras? Nada malo. Muy por el contrario, están practicando una disciplina deportiva. Sí, tal cual lee. Se trata de una actividad que se llama parkour, una palabra que proviene del francés “parcour” y que significa recorrido.

Este deporte, relativamente nuevo en nuestro país, está basado en destrezas para desplazarse en cualquier entorno urbano, valiéndose únicamente del cuerpo y procurando ser siempre rápido, fluido y capaz de superar todos los obstáculos que se presenten en la ruta trazada.

Suena fácil, pero no lo es. Y lo interesante de esta disciplina urbana está en lograr justamente esa fluidez en el cuerpo para sortear todos los elementos que ofrece la ciudad, porque todo puede ser un obstáculo. De esta forma, correr, saltar, trepar, rodar, escalar o simplemente sostenerse son acciones que los “traceurs” (nombre de quienes practican parkour) realizan, y donde la agilidad, la elasticidad, la velocidad y la confianza, aparecen como las capacidades físicas y mentales a desarrollar para la práctica de la disciplina con un denominador común: el dominio del cuerpo y la mente mediante las cuales los deportistas logran comprenden las dimensiones de los espacios en que se mueven.

Pero eso no es todo, porque el parkour tiene una fuente filosófica, que se traduce en que para los practicantes más experimentados se vuelve más que un simple deporte o algo recreativo, pasando a transformarse en una forma de vida con un lema claro: siempre avanzar, nunca detenerse, porque así como en las prácticas, en la vida real, si hay algún problema, debe superarse como un obstáculo más y no debe detenernos para seguir nuestro progreso como ser humano. Además, hay una fuerte preocupación por el cuidado del entorno y la naturaleza, porque como dicen los “traceurs”, si se rompe algún elemento urbano o natural se pierde un obstáculo para sortear.

En nuestro país, esta disciplina ha ido ganando cada vez más seguidores, a tal punto que este año el Ministerio del Deporte reconoció como tal al parkour, con lo cual se abren muchas proyecciones de seguir desarrollando esta actividad que, por supuesto, llegó hace algunos años a la Región del Maule captando el interés de decenas de jóvenes que se han comenzado a tomar los lugares públicos, plazas y parques principalmente, para desarrollarlo.

Y aunque no ha sido fácil, porque han debido luchar contra los prejuicios tanto por las acrobacias que realizan como por la vestimenta que lucen, casi sin mucha organización han logrado ser tomados en cuenta en algunas instancias. De hecho, en el diseño y construcción del parque que se está habilitando en el sector de Costanera en Talca, se consideró que las obras pudieran ser levantadas de tal forma que permitieran la práctica del parkour, todo un logro para los amantes de este deporte, que esperan sean entregadas a principios del próximo año aunque ellos ya practican en ese lugar.

Cuerpo y mente juntos

Sergio Soto y Carolina Castro son dos jóvenes maulinos que practican parkour desde hace algunos años. Ambos estudiaron Pedagogía en Educación Física en la Universidad Autónoma de Chile.

¿Cómo entienden ellos el parkour? “La idea es volver al origen natural del cuerpo humano, volver a trepar, a hacer cuadropedia, a correr, a saltar, a usar todo tu cuerpo”, dice Carolina. “Es más que nada como volver a ser niños, como divertirse haciendo algo diferente a los demás”, explica Sergio.

¿Cómo llegan entonces a la práctica del parkour? “Siempre me preguntan cómo llego y siempre digo que no llegué, que nací ahí porque desde que aprendí a gatear y caminar que hago parkour. El punto es que lo descubrí como disciplina a los 18 años cuando salí de la enseñanza media y una amiga me invitó a practicar, allí me di cuenta que sin saberlo hacía parkour. Para mí es una filosofía de vida, porque no solo lo practico cuando estoy en la calle sino también en mi forma de pensar,  actuar y decidir”, cuenta Carolina.

“En mi caso relaciono el parkour con la vida misma. Cuando era niño, viví 10 años en el sur y me gustaba explorar, subirme a los árboles, pero en ese momento no sabía que eso tenía un nombre. Me invitaron, cuando llegué a vivir a San Javier, a practicar esta disciplina donde había que correr y saltar, y me gustó, comencé a practicar solo y veía videos en Youtube para saber más de los movimientos”, relata Sergio.

Contando sus historias, ambos deportistas coinciden en que cualquier persona que tenga la motivación de aprender y las ganas de sentirse como un niño puede practicar parkour. “En cierta forma lo hace más fácil tener ciertas características físicas, pero acá el único límite es tu mente, nada más”, asegura Carolina Castro.

Superación personal

El parkour tiene como idea la superación personal respecto de lo que antes no se podía hacer, y eso lo hace una disciplina de permanente búsqueda. “Nunca terminas de aprender, siempre va a existir un obstáculo mayor que sortear, entonces es una disciplina constante. Yo llevo seis años practicando y sé que me falta mucho por aprender y dar en este deporte, y eso es bueno porque no te sales nunca y siempre sigues innovando, sigues aprendiendo, sigues conociendo”, sostiene Castro.

“Mucha gente se basa en el lema “ser y durar”, que sería la filosofía del parkour, que habla de cuidarse a sí mismo para trascender en el movimiento y en el futuro. Por ejemplo, si quiero salvar vidas más adelante, tengo primero que cuidarme y entrenar mi cuerpo para lo que sigue”, subraya Soto.

Y es justamente esas ideas que subyacen de la práctica de este deporte, las que al parecer generan escenarios propicios para atacar algunos de los flagelos más comunes de nuestra sociedad. “En este caso, yo he visto casos de jóvenes que están en el alcoholismo y la drogadicción, que se han acercado al parkour y de a poco van interesándose, se van metiendo y se dan cuenta que si dejan de tomar o fumar pueden rendir más con su propio cuerpo. Este es uno de los más grandes beneficios sociales porque en los grupos de parkour hay apoyo, se escucha, se comparte y se genera identidad y pertenencia, que es lo que les falta a los jóvenes hoy”, reflexiona Carolina.

“El parkour es incluir a las demás personas para que se sientan bien con ellas mismas. También conozco casos de niños que consumían cigarrillos, alcohol y drogas, y con esto se comenzaron a motivar dejando de lado en un gran porcentaje esos vicios. Les gustó tanto la disciplina que quieren superarse”, complementa Sergio.

Por ello, un aspecto importante para estos dos jóvenes es poder influir en las nuevas generaciones con la realización de talleres de parkour o reuniones de “traceurs” donde puedan compartir experiencias y transmitir los valores del este deporte: respeto mutuo, respeto al entorno y la naturaleza, cuidado con los lugares donde entrenan, entre otros.

Así este deporte, que lo practica ya un par de centenares de jóvenes, principalmente en Talca, ha ido ganando espacios en las ciudades, superando la discriminación y poniendo como elemento central esta filosofía, que quienes practican el parkour intentan hacer visible en cada acción.

Historia del Parkour

David Belle es considerado el fundador de esta disciplina, la que heredó de su padre, Raymond, un conocido ex militar francés que buscando formas para salvarse en la guerra de Vietnam, desarrolla un entrenamiento basado en la agilidad corporal, donde lo principal era la destreza del cuerpo para desplazarse, inspirando a su hijo con el llamado «método natural» que había aprendido en el ejército. Este método natural se basa principalmente en el entrenamiento de algunas tribus indígenas africanas en donde se enseña a utilizar tu cuerpo de una manera eficaz y útil para correr, trepar, saltar o esquivar cualquier obstáculo natural.

A partir de esta inspiración, David transforma esto en una forma de vida y de hacer deporte y a principios de los años 90, junto a un grupo de amigos, comienza a prepararse física y mentalmente para desplazarse por el entorno urbano y natural, corriendo y saltando ágilmente, sosteniendo el lema «ser y durar».

Beneficios

Según Sergio y Carolina, la práctica del parkour tiene múltiples beneficios. “Cuando los niños están en su proceso de desarrollo al tan solo moverse hacen sinapsis y eso es beneficioso para su potencial cognitivo, y con el parkour se puede hacer desde muy temprana edad. Se desarrolla la motricidad del cuerpo”, sostiene Sergio.

“Se trabaja de todo, espacialidad, fuerza, potencia, elasticidad, coordinación. Necesitas de todo para esto, para superar los diferentes obstáculos, incluso la parte mental también para enfrentar los desafíos”, agrega Carolina.

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