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La chillaneja que desafía la gravedad y que se compromete con la salud de Chile

Fernanda Sade Morán, diseñadora gráfica y paracaidista

Es una diseñadora gráfica radicada en Santiago, quien en los últimos años ha descubierto su mayor pasión, el paracaidismo, lo que la llevó a crear la revista de deportes extremos “Free Magazine”, que le abrió todo un nuevo mundo en torno a esta disciplina, la que complementa con su trabajo en su agencia de diseño Baal. Asimismo, hoy, frente a la contingencia país, lidera una campaña contra la pandemia de COVID-19 llamada “Guerreros de la Salud Chile” que confecciona insumos de protección gratuita para el personal de salud que hoy lo necesita.

¿Quién no ha soñado con el poder de volar y ser un ave surcando los cielos?, lo más próximo a ello, lanzarse en paracaídas tras una increíble caída libre desde 13 mil pies de altura de un avión, es de lo que esta chillaneja bien sabe, siempre con la misma adrenalina y pasión.

Se trata de Fernanda Sade Morán quien actualmente está radicada en Santiago, claro que sin perder vínculo alguno con la capital de Ñuble, donde está su familia y amigos, y quien mediante su trabajo, logró descubrir su más grande pasión practicando el paracaidismo deportivo, que la ha llevado a compartir con referentes mundiales, como por ejemplo, la leyenda viva del skateboarding, Anthony Frank Hawk, más conocido como “Tony” Hawk.

Y es que esta diseñadora gráfica, junto a una amiga, decidieron embarcarse en un proyecto  que fue crear un revista de deportes extremos, “Free Magazine”, entre otras cosas, principalmente, para mostrar que Chile no es solamente fútbol, y que por lo demás, nuestro país bien ha sabido contar con campeones mundiales en disciplinas que mediáticamente no son tan vistosas y masificadas. Es un proyecto que ya terminó pero que le dejó grandes lecciones de vida.

“La historia es más o menos larga. Fue como un cambio que hubo en mi vida. Yo antes era gordita, soy una gordita rehabilitada, y de repente quise hacer un giro en mi vida, lo que produjo hartas cosas, y entre esto, apareció una persona a quien le empecé a ayudar con diseño, pues soy diseñadora gráfica de profesión. Con esta persona, después de un tiempo,  comenzamos una relación de amistad, se llama Laura, y con ella empezamos a trabajar, y viendo lo que estaba pasando en Chile con los deportes, decidimos crear una revista de deportes extremos. Con esto, comencé a cambiar más aún el ‘switch’, pues me adentré en un mundo totalmente nuevo para mí. En la primera edición de la revista, la portada fue Ramón «Chapa» Rojas, que es un basejumper chileno, una leyenda a nivel mundial en salto base con un récord logrado en el cerro El Plomo (4.100 metros), gran amigo, y que falleció en septiembre del 2014. Él es el record mundial de ski-wingsuit-base, y fue mi primer acercamiento al paracaidismo”, evoca Fernanda en el comienzo de su relato donde se estableció el vínculo al deporte extremo y su trabajo.

¿Cuál fue la finalidad de la revista?, ¿ahí nace el primer acercamiento al paracaidismo?

La idea de la revista fue principalmente poder mostrarle a Chile que no somos solamente fútbol. Nosotros tenemos muchos campeones mundiales y no los respaldamos. A los ojos de afuera tenemos campeones mundiales, y acá en Chile prácticamente nadie sabe, somos leyendas, y nadie sabe. Entonces la idea es romper esta ignorancia, para eso se creó la revista.

En su lanzamiento conocí a hartos paracaidistas, CircoVolante, que es un club deportivo de elite en Chile, y yo soy parte de las Juliet Skydivers, que también estaban en el evento, y que es el primer club de paracaidismo femenino dentro de Chile, y el único del momento, donde somos 15 integrantes.

¿Tenías de antes la intención de saltar o despertó por el acercamiento a las Juliet?

Si bien siempre el paracaidismo me llamó la atención, en mi ignorancia, yo pensaba que solamente las Fuerzas Armadas podían hacerlo, pero la verdad es que no, cualquier civil puede hacer el curso. Antes era más complicado para un civil poder hacerlo por la disponibilidad de los aviones principalmente. Ahora no, es algo que está mucho más abierto acá en Chile. De las cuatro zonas de salto que funcionan, tres lo hacen de manera constante, todo el año, y una que funciona en Pucón, solamente en verano. La otra queda en Melipilla, Skydive Andes. Después está Paracaidismo Chile, que está en Curacaví, y Skydive Aloha, que es donde estoy saltando más constantemente ahora, y que queda en Tapihue.

A las Juliet las conocí en el evento, y terminé de entusiasmarme más aún con el tema, siempre he soñado con volar… después de la entrevista con las Juliet para la revista, decidí que sí o sí quería hacer el curso. Observar sus rostros iluminados cuando hablaban de paracaidismo, literalmente me hipnotizó. Te van explicando que no es terrible como uno piensa, que no se siente esa sensación de vacío, y te empiezan a sacar un poco los sustos. Finalmente uno no hace cosas por el miedo, y ahí la idea es enfrentar los miedos.

¿Por qué en esa y no las otras zonas de salto?

Porque me gusta esta zona en Tapihue. No se salta muy alto comparado con Andes que es a 13 mil pies, acá se salta a 11 mil, pero la vista aérea es totalmente otra cosa. Es más cerca de Viña del Mar, pasas por arriba del mar, es increíble. Tú saltas y ves la costa ahí, en el «sunset» ves el sol en el mar.

¿Dónde hiciste el curso y en qué consiste?

Yo hice el curso A.F.F. que tú ya saltas en altura, a 13 mil pies. El primer salto lo haces con paracaídas independiente y saltabas auxiliado por dos instructores, ahora no, el curso mutó un poco y el primer salto es un salto tándem -unido con el instructor por un arnés-, que yo no lo hice. El curso lo hice en Paracaidismo Chile, y depende de muchos factores. Son dos clases teóricas, y luego prácticas de dos a cuatro fines de semana, pues en Chile solo se salta los fines de semana, a lo más, viernes, sábado y domingo.

Pensé que era algo con lo que soñaba todo el mundo, pero al parecer no es tan recurrente. Yo sí tenía el deseo, me encanta volar, me encanta viajar, cuando voy en avión me encanta abrir la ventana y mirar. Me gustan las alturas. Llegar al paracaidismo fue algo genial, independiente de todo, porque está presente el susto de que pueda ser algo arriesgado, de que se abra el paracaídas, de que si te falló el paracaídas tienes que hacer esto, de que si cayeras muy alto tendrás una caída fuerte y tienes que hacer lo otro; todo es un bombardeo de información que te dan primero en nueve horas de clases teóricas, y después tú te vas a la zona de salto, te muestran el paracaídas y te hacen entrenar en tierra para tener tu primer salto.

¿Se hace un trabajo psicológico igual o no es necesario?

Los instructores se dan cuenta. Si te ven con susto no te dejan subir al avión. Te van preguntando, ¿qué vamos a hacer en el aire?, ensayar, pues tu primer salto es como una coreografía. Te escoltan y dirigen hasta el 7º salto, donde ya puedes saltar sola.

Desafiando la gravedad en Chile y Rusia

A nivel personal, la aventurera y osada chillaneja ha saltado en tres de los cuatro puntos de salto de Chile, salvo Pucón, «la diferencia entre los otros tres es en los aviones y las alturas».

Fuera de nuestras latitudes, en tanto, Fernanda vivió la “infartante” experiencia de haber hecho túnel de viento en San Petersburgo, Rusia, en el llamado Flystation. Allí, se entrenó con Leonid Volkov, campeón del 2015 de los Wind Games (Paracaidismo en interiores).

“Túnel es un edificio que tiene una turbina especial, donde el aire es extremadamente fuerte, y puedes hacer distintas figuras y distintos entrenamientos. Ahí me dediqué a entrenar para llegar mejor, y finalmente hice dos horas y media de túnel”, explicó.

¿Qué tal es la experiencia?

La experiencia, ¡increíble!, ¡increíble!, no dormía nada. Llegué casi en los huesos, y tomé túnel en las noches. Durante el día, aprovechaba de recorrer caminando. En Rusia además no hablan casi nada de inglés, así que me compré un cuaderno y prácticamente con dibujos pude llegar a los lugares más turísticos. Tomaba el metro, luego taxi al hotel, buscaba mis cosas y de nuevo al túnel. Fueron siete días los que estuve en Rusia. Esto fue el 2015.

¿Cómo fue ese primer salto?

Al principio es todo rápido. En mi primer salto recuerdo que saltaron unos chiquillos antes que yo. Los veo en la puerta del avión y de repente como que desaparecieron, como si fuera magia. No los vi caer, se desaparecieron, como que se hicieron humo, y me dije: ¡Uy nooooooo! Y me tenía que tocar a mí.

Hoy en día yo los veo. Veo como caen, los sigo con la vista, porque el segundo empieza a deformarse. Tú dices, ya, ¿cuántos segundos de caída son?, 40 a 55 segundos de caída libre ¿y qué van hacer?, vamos a salir, hacer una formación, luego perseguirnos un rato, después otros movimientos más y tú te preguntas ¿hacen todo eso en 45 segundos?, y es así. Tú saltas y ese minuto lo vives a concho, como si se te estirara, entonces puedes hacer todo eso. Puedes jugar, darte vueltas, hacer un ‘back lupe’, que es como una vuelta hacia atrás, jugar.

Luego de tantos saltos, ¿se mantiene la misma sensación?

Van variando las cosas. Al principio estás asustado de varios factores. No te estabilizas bien, entonces entras en giros que no quieres girar y giras. O te desestabilizas y uno asusta. Pero a medida que vas saltando, todas esas cosas las vas superando. Es como el niño cuando camina. Al principio, se para y se cae. Después anda caminando como curadito, hasta que ya llega un momento en el que corre. Hay cosas que se te van haciendo naturales mientras vas aprendiendo otras nuevas. En el paracaidismo es más o menos similar. Tú vas aprendiendo una cosa, las vas superando y ya después no las piensas tanto, lo haces. No piensas, por ejemplo, que tienes que salir mirando la punta del avión, solo lo haces.

¿Qué consejos puedes dar a quienes aún no se atreven a intentarlo?

A la gente nueva que quiera adentrarse en este mundo, les diría que se animaran, en el sentido de que si quieren vivir la experiencia una vez, ¡todos! deberían vivir la experiencia al menos una vez. Quizás no ser paracaidista deportivo, no necesariamente, pero que sí tengan la posibilidad de volar.

Que no sean mezquinos con el tema de las cámaras. La verdad que mucha gente no compra la cámara porque es cara. Porque salta otro paracaidista, hay que pagarle a otra persona que es la que tiene que grabar, y te sale 80 mil pesos un camarógrafo y uno dice que no.

Pero es muy diferente el saltar solo, a saltar y que haya alguien adelante que vuele, que vaya para arriba, hacia abajo, que te haga caras. Eso ya te hace que el salto sea algo más especial. La idea no es que caigas, es que sientas la sensación de volar. Nosotros sentimos que volamos. Avanzas, puedes frenar, estás cayendo, es cierto, pero en tu caída, puedes avanzar, girar, hacer otras cosas y manejar tu cuerpo. Ya cuando abres el paracaídas es otro cuento, estás con alas encima, si tú ves el paracaídas al volar y frenas, es el mismo gesto de un ave al frenar. También juegas, vas hacia un lado, después el otro. 

¿Cómo varían los precios para cursos y saltos?, ¿se debe contar con indumentaria especial?

Los precios de curso varían bastante. Para un curso bueno y legal, yo recomiendo ciento por ciento el de CircoVolante, que son la elite del país, que se está realizando en Tapihue, donde estás aprendiendo con los mejores paracaidistas de Chile. Los otros igual son muy profesionales, cumplen todo los requisitos, donde encuentras a Paracaidismo Chile y Skydive Andes.

El costo del curso está entre 1 millón y 1 millón y medio de pesos. Dependiendo la zona creo que son como ocho saltos más las clases teóricas. Y los saltos tándem varían entre los 200 y 260 mil pesos con todo el servicio, es decir salto más cámara. Solo salto, entre los 135 y 160 mil pesos.

En cuando a indumentaria, lo ideal es ir con las ganas de pasarlo bien. Eso es importantísimo, pues el paracaidismo más que nada es pasarlo bien. Si saltas estresado, lo pasas pésimo. Hay que estar tranquilo y relajarte, esa es la primera técnica. Mientras más relajado estés, mejor lo pasas. Ropa ajustada al cuerpo, para que ayude a una mejor movilidad pues al haber mucho roce es más difícil manejar el cuerpo y zapatillas normales, las típicas de gimnasio.

Pero fuera de eso, ha saltado gente de 100 años. Acá en Chile, yo conozco alguien que tenía más de 82 años. Si la persona tiene alguna operación a corazón abierto no. De ser otro tipo de operación, puede consultar a su médico y presentar su certificado. Pero la verdad es que no deberían tener ni un problema. Es más, si tienes estrés y una cantidad de problemas quedan literalmente en el aire, en el avión, (suspira) es tan rico saltar.

¿Has incursionado en otros deportes extremos?

He probado escalada. Hice el recorrido de El Grat, que es un recorrido que queda hacia Calera. Ese incluyó hartas disciplinas, como trekking, escalada, tirolesa, rápel. También hubo una invitación que nos hicieron por la revista, que fue ir al Glaciar Exploradores, en Puerto Río Tranquilo, cerca de Coyhaique. Hicimos trekking hasta llegar al glaciar. Nos fuimos a pie, instalamos las carpas en la mitad del glaciar. Recorrimos algunas cuevas y grietas. Al otro día, buscamos murallas para escalar, con un panorama maravilloso.

@fer_sade
@baal360
@agua.el.elefante
@guerrerosdelasaludchile

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