Al 100

Elizabeth Muñoz Orellana, Taekwondo

“El Taekwondo te ayuda a creer en ti; si te caes, te puedes volver a levantar”

A los cinco años, Elizabeth Muñoz comenzó a practicar esta disciplina, una pasión que la llevó a obtener diversos logros, entre esos, ser la entrenadora de la selección juvenil de Siria. Sin embargo, por la guerra volvió a su país natal y a su ciudad de infancia, Chillán, donde actualmente entrena a niños, jóvenes y adultos este arte marcial.

“Mi padre Fernando Muñoz es maestro 7mo Dan de Taekwondo, así que yo nací viendo este arte marcial, además él abrió la primera escuela de Taekwondo en Chillán. Mi padre comenzó a entrenarme de muy pequeña, prácticamente estaba en pañales cuando él ya me estaba enseñando algunos movimientos”, cuenta entre risas Elizabeth Muñoz, quien a los cinco años comenzó a practicar esta disciplina.

Al principio fue complejo para Elizabeth, pues no existía la categoría femenina: “Tuve que pasar muchas barreras, porque como era niña y este deporte es de contacto, para la familia y amistades era extraño que lo practicara, ellos pensaban ‘¿cómo una mujer podía hacer arte marcial y no ballet?’ Entonces había muchas barreras de por medio, que casi yo sentía vergüenza”, confiesa.

Pero la lucha por el Taekwondo nunca la detuvo, y fue así como después de los años noventa inició la división femenina en Chile. Cuenta que al principio era divertido, porque había un campeonato nacional y siempre competían entre ellas mismas, pero “finalmente esto comenzó a crecer y a surgir de manera masiva”.

Tus inicios fueron compitiendo solo con hombres, ¿fue un panorama complejo?

Me pasó tanto compitiendo como entrenadora, y actualmente también, y es que el hombre todavía siente temor o vergüenza de ser entrenado por una mujer, sobre todo en las artes marciales, pero de a poco se está abriendo camino, donde era impensado que la mujer fuera árbitro, entrenadora y hoy eso ya lo vemos.

DEL CINTURÓN BLANCO A NEGRO

 

A los 14 años Elizabeth comenzó a competir profesionalmente en la división femenina. Su rutina deportiva se destacaba por tener entrenamientos duros, pero con esfuerzo logró representar a Chillán y Chile en campeonatos tanto nacionales como internacionales.

¿Qué logros destacas en tu trayectoria?

Fui seleccionada nacional desde los 18 a los 21 años, participé en el nivel juvenil y también adulto, tuve la posibilidad de ser medallista nacional, sudamericana e internacional, y de ahí no pude continuar ya que necesitaba viajes a otros continentes y por temas económicos fue imposible, en forma paralela me especialicé como árbitro, siendo por muchos años, réferi nacional, arbitrando también en Argentina y en Siria.

¿Recuerdas el momento que recibiste el cinturón negro?

Sí, aprobé mi cinturón negro a los 18 años, había pasado por bastantes competencias, tenía madurez, disciplina. Mi primer y segundo Dan los rendí en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) frente a toda la comisión de maestros reconocidos por la Federación Deportiva Nacional de Taekwondo. Para ello, realicé exámenes físicos, psicológicos y escritos, con contenidos que van desde historia y vocabulario del Taekwondo, como también primeros auxilios, arbitraje, entre otros aspectos.

El último examen que rendí fue el año pasado para mi quinto Dan, mi padre y Maestro fue quien me evaluó junto a instructores cinturones negros presentes, un examen público, fuerte y exigente, pero siempre agradecida de las exigencias de mi padre porque eso me dio “chance” de representar a la mujer chilena fuera del país, en Siria, donde me encontré con un buen nivel de Taekwondo y donde las mujeres lo entrenan masivamente.

VUELO A SIRIA

Elizabeth además de árbitro y entrenadora de Taekwondo, estudió Técnico en Administración de Empresas en la Universidad Adventista. Además, es madre de dos hijos y está casada hace 17 años con un sirio, una pareja con la cual, en búsqueda de nuevas experiencias, decidieron en 2008 trasladarse a Siria.

¿Cómo nace la idea de mudarse a Siria?

Teníamos nuestro primer hijo y mi esposo llevaba años sin ver a su familia, así que un día se nos vino esta idea de irnos a vivir a Siria y nos fuimos. Estuvimos tres años viviendo en la ciudad de Homs, organizamos toda nuestra vida y, por supuesto, no dejé el Taekwondo.

Seguiste tus entrenamientos allá…

Sí, cuando llegué a Siria era cuarto Dan y comencé a entrenar en una escuela de la ciudad de Homs con los cinturones negros, de a poco fui ingresando a entrenamientos con más exigencias y se dieron cuenta que yo tenía un buen nivel competitivo, fue así como me invitaron a un campeonato nacional que se desarrolló en la ciudad de Latakia logrando mi primera presea, pronto me llamaron de la Federación de Taekwondo de Siria para que pudiera competir por su selección, sin embargo, no se pudo porque no tenía representante de Chile y por la edad, pero igual competía de manera personal y mi coach era una persona que no le entendía absolutamente nada (ríe).

A raíz de mis competencias y logros, desde la Federación de Taekwondo de Siria me propusieron que yo fuese la entrenadora de la selección juvenil, así que rápidamente me puse a estudiar más el idioma árabe e iniciamos con los entrenamientos de alto rendimiento.

¿Qué sentiste cuando te eligieron para que fueras la entrenadora de la selección juvenil de Siria?

Había sentimientos encontrados, porque uno piensa “pucha en mi país, en mi ciudad, no se dio la oportunidad y estando aquí afuera sí”, era extraño pero estaba feliz, fue un sueño cumplido. Y bueno, comencé como entrenadora y me propusieron participar en el asiático que se realizó en el Líbano, era una gran responsabilidad y volvimos a Siria con medallas doradas, fue la primera vez que las chicas de la selección Siria femenina habían llegado con primeros lugares, celebramos, estaba feliz, con muchos sueños por cumplir. Estaba en esto y comenzaron los inicios de la guerra.

¿Qué recuerdos tienes de aquello?

Yo vivía en la ciudad de Homs, donde se inició la guerra. Al principio se hablaba de una guerra civil, algo que nunca fue. Recuerdo que tenía que ir a clases y debíamos desviarnos porque la calle estaba tomada, nos decían que había grupos extranjeros amenazando y matando, eran grupos terroristas. Esto empezó de a poco, salimos a las calles a pedir paz, pronto ya nos encontrábamos en la calle con militares resguardando a la población.

Por eso, nos dirigimos a la Embajada de Chile para obtener más información y nos sugirieron venirnos a Chile por seis meses y después volver a Siria, fue una decisión difícil, pero yo en mi mente pensaba que vendría a ver a mi gente, saludarla y volver. Sin embargo, ya había información interna que esta guerra sería extensa, pues los grupos terroristas se estaban tomando las ciudades.

Un regreso triste…

Sí, la venida a Chile fue triste, sentía que era una despedida a largo plazo, me traje algunas medallas y nuestra casa quedó cerrada. Cuando nos faltaba un mes para volver a Siria, nos llega un llamado y nos cuentan que donde vivíamos todo había sido destruido, nuestra casa estaba destruida, habían caído misiles, no nos quedó absolutamente nada, yo recordé mis medallas, diplomas, certificados…

De hecho, no supe más de mis vecinos y de las chicas que entrenaba, de un grupo de 20 mujeres, solo con dos he podido retomar contacto, sé que algunos están bien, quizás en otros países, pero te puedo contar que más de la mitad de la selección descansa en paz.

¿Cómo resumes tu estadía en Siria?

Lo mejor que me ha pasado, fue un sueño cumplido y quiero retomar algún día mi vida en Siria o al menos ver a la familia y amistades.

Te gustaría volver…

Sí, me gustaría volver, lo que yo viví allá fue un sueño que acá nunca lo viví. Yo siempre pensé que era una cultura machista, pero es un país totalmente abierto, hay mucho que aprender. La verdad es que yo no quería volver, si esta guerra no hubiera existido, probablemente yo no estaría acá en este momento.

UN NUEVO COMIENZO

Luego de tres años viviendo en Siria, en 2011 Elizabeth regresó junto a su familia a Chile: “Mi familia nos apoyó, empecé en búsqueda de trabajo y seguí entrenando, de a poco fuimos rehaciendo nuestras vidas. Actualmente, estoy enfocada en los entrenamientos de Taekwondo para formar a niños, jóvenes y adultos en la escuela que inicié como Escuela Kim’s Ñuble”, señala.

¿Desde qué edad se recomienda practicar esta disciplina?

Los infantes desde los dos años pueden ya iniciarse a través de juegos, pero personalmente yo lo recomiendo desde los cuatro años para reforzar movimientos básicos.

¿Qué beneficios otorga el Taekwondo?

A los niños los ayuda a desarrollar capacidades motrices propias del deporte, habilidades sociales y disciplina, empiezan a crear hábitos y hay mucho compañerismo. A los jóvenes los ayuda físicamente a desarrollar técnicas y tácticas del Taekwondo, a formar una personalidad, tener ideas claras, es decir, los beneficia tanto en el ámbito deportivo como en ámbitos de su vida diaria. Y a los adultos a tener un estilo de vida saludable, comprendiendo la importancia de mantener una buena salud, trabajan cuerpo y mente, sentirán como recuperan movimiento y son capaces de continuar aprendiendo.

Y personalmente, ¿qué aprendizajes te ha entregado el Taekwondo?

Respetar, tener disciplina, amor al prójimo y ser constante. El Taekwondo te ayuda a creer en ti; si te caes, te puedes volver a levantar.

Por último, ¿cuáles son tus metas?

Crecer como entrenadora, formar a mis estudiantes y competidores.

 

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