La Vorágine Navideña. Consumismo sin sentimientos
Categorias: Reportajes y Entrevistas
Escrito por: NosMagazine Online
La Navidad es una de las fiestas más esperadas del año. Diciembre nos envuelve con su magia, la decoración, los arbolitos, el pesebre, el pan de pascua y la cola de mono. No obstante de ello, hay un personaje, famoso desde siempre, pero que se ha apartado bastante del lado espiritual de esta tradición y se ha convertido en el verdadero protagonista de la Navidad, El Viejito Pascuero. Con su traje rojo y gran barba blanca, ha sido el mejor aliado del comercio, y de la mano de ofertas y créditos, han transformado esta fecha en una celebración de compras compulsivas y felicidad en 12 cuotas precio contado.
Una realidad que nos sitúa entre la espada y la pared y que otorga un éxito comercial a las pequeñas y grandes tiendas, quienes agotan su stock incluso varios días antes de Nochebuena. Víctimas de un sistema político-económico orientado al consumismo, las familias se ven obligadas por sus hijos a comprarles el aparato tecnológico de moda, además de otra serie de elementos de igual o menor valor, que también son imprescindibles para ellos.
El Papa Benedicto XVI, ante otro año de comportamientos consumistas en este período navideño señaló que “frente a una cultura consumista que tiende a ignorar los símbolos cristianos de las fiestas navideñas, preparémonos para celebrar con alegría el nacimiento del Salvador, transmitiendo a las nuevas generaciones los valores de las tradiciones que forman parte del patrimonio de nuestra fe y cultura”. Sin duda un llamado sincero a recordar la religiosidad de la fecha en que recordamos el nacimiento de Jesús.
Si bien la fecha ha sido relacionada con regalos desde su origen, en el Nacimiento de Jesús, los Reyes Magos entregaron sus presentes con el fin de que el Niño llegara a este mundo rodeado de paz y armonía. La misma Biblia nos señala que se debe interpretar cada obsequio de los Reyes y no considerarlo como tal, es decir, cada regalo tiene una “significancia” y no un valor en si mismo. Esta premisa, 2011 años después, tiene una interpretación absolutamente opuesta con regalos navideños sin la mínima cuota de espiritualidad, con hartos botones y varias pilas.
Niños, herederos del consumismo
Las cosas manuales van quedando obsoletas y dan paso a otro tipo de juguetes que permiten entretenerse igual que antes, pero en otra dimensión. Este cambio hace que las cosas que antes nos generaban afecto, vayan quedando a un lado, reemplazadas por objetos innovadores y atrayentes, pero bastante más impersonales.
“En el mundo tecnificado queda menos tiempo para las relaciones, y si los nuevos juguetes tienen menos contenido afectivo, generan una dinámica nueva, en donde los niños encuentran en la tecnología ese cariño que les falta”, señala el psicólogo infantil, Patricio Lara. Esta nueva entretención los divierte por horas y horas, precisamente las mismas que sus padres no pueden dedicarles.
Según el especialista, los múltiples hechos que ocurren mundial y nacionalmente, provocan que los valores y las necesidades vayan siendo diferentes haciendo que la sociedad no evolucione, sino que cambie. La tecnología mejora a cada minuto, y cada día desencadena
fuertes revoluciones económicas y sociales que repercuten afectivamente en las dinámicas familiares tradicionales como la navidad.
Las necesidades de hoy son mayores en cantidad a las de antes, y nos llevan a la carrera por satisfacerlas a través de cualquier medio. Requerimientos y deseos familiares o personales pueden ser abastecidos pasando la tarjeta e ingresando la clave, sin incluso haber reflexionado anteriormente acerca de la real necesidad de adquirir lo deseado.
Lara afirma que las familias de hoy están más preocupadas por tener lo “necesario” para seguir viviendo y están menos centradas en las personas que la componen. De esta forma, a los jefes de hogar se les hace imprescindible contar con smartphones con conexión a internet (sin importar el rubro laboral), electrodomésticos inteligentes, LCD’s, X-BOX y todo aquello que les aminore el trabajo y les extienda el placer.
La familia transfiere esa necesidad de tecnología a los niños a veces sin querer, creando un círculo de búsqueda continua en búsqueda de satisfacciones. “Después de satisfecha una necesidad, siempre nace otra, y desde allí se originan los grandes niveles de endeudamiento por satisfacerla y de frustración por no poder cumplirla”, afirma el profesional.
En los diferentes estratos socioeconómicos también se ven reflejadas estas frustraciones, en lugar de ir aminorándose la brecha, se va incrementando cada vez más. “En los niveles de recursos económicos más bajos, al no poder adquirir lo que desean o no tener lo mismo que los de estrato superior, los niveles de frustración son muchos mayores, y terminan por crear resentimiento, comportamientos violentos y delincuencia. Es la sociedad la que va haciendo delincuentes”, señala el especialista.
Paradójicamente, son los padres los que se encargan de ir generándole a los niños necesidades que incluso no son propias de su edad, “Son ellos los que para navidad y otras fiestas les regalan estos aparatos que no saben utilizar, si al niño a los 2 años le regalan una bicicleta, a los 6 le regalan una cuadrimoto, de seguro a los 15 les pedirá un auto”, asegura Lara.
En esta carrera por tener comodidades mayores y comprar el mejor regalo navideño, la frustración también puede ser heredada a los niños, quienes incluso podrían desarrollar una serie de casos clínicos asociados a este estado depresivo y desenvolvimiento social frustrado.
Políticas consumistas
Los niños son consumistas, sus padres y el país que habitan. Tratados de libre comercio han permitido que el negocio chileno oferte una infinidad de elementos tecnológicos a la vanguardia de la moda norteamericana o europea. De hecho Chile, cifra un uso de teléfonos
celulares mayor al de Estados Unidos ya que tenemos una política económica que apunta a que seamos consumistas de estos aparatos, el mercado chileno trae y trae celulares, y nosotros los compramos.
La publicidad, en su rol cómplice en el círculo vicioso, apela a las necesidades del público “deseoso” de comprar algo, un algo que no está claro, pero que las tiendas ayudarán a dilucidar con ofertas y promociones. Obviamente, las grandes empresas están a cargo de profesionales de la publicidad y el marketing, que saben perfectamente como ayudar a quienes duden qué regalar para esta navidad. La tienda Ripley de Chillán, comúnmente durante el año mantiene una juguetería de 90 metros cuadrados, hacia el fondo del pasillo del tercer piso. En ella apuestan por los productos de moda, de películas y los que son tradición en la preferencia de los niños. Para esta navidad, la Juguetería se encuentra frente a la escalera de acceso al tercer piso, y cuenta con 200 metros cuadrados de exposición, más del doble de lo habitual.
Alguien podría preguntarse por qué una exposición de juguetes crece tanto para navidad, y la respuesta es fácil, el público de Chillán consume tantos juguetes cada año para esta fecha, que los ejecutivos de la tienda no dudan en traer más y más productos cada navidad. El 2010, tenían una expectativa de venta que fue ampliamente superada por el consumo de los chillanejos. Para este 2011 han aumentado la oferta en un 50 por ciento, y según Juan Figueroa, Jefe de Visual de Ripley, están seguros de volver a superarla.
Apelando al instinto consumista del público local, y según lineamientos de la tienda a nivel nacional, se siguen ciertos parámetros de exposición de los juguetes, asumiendo cada espacio para un público objetivo. Por ejemplo, la primera vista hacia la juguetería contiene los productos de moda y los de mayor precio. En estantes perfectamente distribuidos, los juguetes que se encuentran de la mitad hacia abajo son los favoritos de los niños, justo a su altura, y los que están de la mitad hacia arriba, son los convenientes para los padres, justo frente a su visión. Las ofertas y las promociones a orillas de pasillo, que es por donde más transita el público.
“Nada está puesto al azar, todo tiene un objetivo y tiene que ver con la gran apuesta que hace la tienda para navidad, se la juega por productos y marcas y nuestra idea es venderlos”, afirma el encargado de Visual. Wii, Consolas, XBOX, Pistolas Nerf y Barbies es la gran apuesta de la tienda para está celebración de fin de año donde se han esmerado en impecabilidad y buena atención
para el público.
Se ha perdido bastante el real sentido de la navidad y de celebrarlo en familia. Hoy casi se inventan fiestas para incitar a las compras como el nuevo día de la suegra. Regalos para todos y un crédito por pagar hasta noviembre del otro año, hacen olvidar lo lindo de armar el arbolito con cariño.
Quizás algunos cambios sociales nos hagan volver a la esencia de las fiestas tradicionales, tal y como les pasó a los europeos, quienes bastantes más arriba que nosotros en las etapas del desarrollo, se aburrieron de la superficialidad del consumismo, y saturados, decidieron regresar a lo que les hacía más felices, lo natural.











































