Alberto Fuguet, cineasta y escritor. Hambriento cinépata de la vida
Categorias: Reportajes y Entrevistas
Escrito por: NosMagazine Online
Apasionado pero no desbocado, Alberto Fuguet es de esos creadores que le gusta ir tranquilo de prisa por la vida. Con la experiencia de sus años como periodista, su consagrada veta de escritos y hoy entregado al cine, ” la sangre que mueve su cuerpo”, se vuelca hacia el mundo a través de personales simples en condiciones sociales complejas, reflexivos, con un yacimiento interior a punto de explotar, que deambula por las calles de cualquier parte, pisando, una y otra vez, el asfalto del desarraigo. Hoy, con su primer premio cinematográfico gracias a su filme Música Campesina (Festival de cine de Valdivia), siente que no puede perder el tiempo y que su alma cinépata puede perfectamente congeniar con la figura del escritor que le abrio las puertas al éxito.
¿Cómo influyó tu infancia en el creador que eres hoy?
Nunca desee ser artista, lo que desde siempre necesité fue un canal de expresión. Mi infancia la pasé en Estados Unidos hasta los 11 años y recuerdo que en esa época me entretenía mucho el cine y las historias. Todo esto cambió cuando me vine a Chile, una experiencia traumática en 180 grados, ya que tuve que buscar un método para expresar mis ideas (de hecho ni siquiera dominaba el español). Si no me hubiera venido, seguro que jamás habría sido escritor o cineasa, quizá abría estudiado algo con matemáticas. Al respecto, tengo una teoría que la mantengo hasta el día de hoy y es que cada creador, por mucho que tenga éxito, termina movilizado por ese vacío inicial que da el impulso.
Después, estudie periodismo porque no podía estudiar cine (no existía esa carrera), fui escritor porque no pude ser cineasta, era más barato escribir que filmar (risas) y tenía más control, eso para mi fue y es fundamental.
Tus primero libros son verdaderos clásicos, ¿ qué nos puedes contar sobre eso? (Sobredosis, Mala onda, Por favor rebobinar, Tinta roja)
Mis recuerdo de esos años son incómodos más que placenteros. Creo que no tenía la edad para lo que correspondió vivir, pero lo bueno es que todo pasa y queda lo importante. De hecho, en estos momentos, estoy lanzando la edición de lujo por los 20 años de Mala Onda. Así es que puedo decir que la década de los noventa fue un constante aprendizaje y cambio.
¿Qué contraste haces de la ficción y realidad en tus obras?
A mediados de año, cuando revisé Mala Onda y pude volver a empaparme con sus páginas, me di cuenta que mi escritura no ha cambiado tanto (risas), la pasión es la misma y las ganas de expresar también. Más que madurez, porque no creo en ella, sino más bien en ciertos cambios, lo que refleja el ayer y hoy es un contraste de experiencias personales que han fortalecido mis intereses creativos.
Claramente, el primer libro es más autobiográfico de todos, el resto de los libros que siguen, en cambio, son una mezcla entre autobiografía e intereses personales (temas de interés, fantasías que no me atreví a vivir), de ahí que la ficción y la realidad sean una sola verdad.
La ficción es una realidad paralela y necesaria, ya que nos permite, mucha veces, observar con más claridad. En mis creaciones, yo trato de provocar lo que otros libros y películas han provocado en mí. Creo que uno anda buscando emocional a la gente, tocar esa fibra sensible, emotiva y humana. Es muy bello cuando cada persona, en su propio mundo, logra conectarse con su vida, entiende, comprende y acepta quien es.
Las películas de mi vida.
¿Cómo fueron tus experiencia cinematográficas en los largos Se arrienda y Velódromo?
Se arrienda fue el cumplimiento de un sueño y nació luego de que asistí al Festival de Cine en Buenos Aires donde conocí a un director argentino (Ezequiel Acuña) con el cual compartíamos admiración mutua y al que le pasé mi primer borrador de Se arrienda, eso me estimuló mucho y me terminó por convencer de su concreación. Lo bueno de Se arrienda es que es un filme que si lo ves una vez, se te queda en al cabeza y te invita a volverlo a ver (eso me han dicho por lo menos, risas). Aunque debo reconocer que la experiencia de filmarla no fue del todo agradable (recién estábamos viviendo la explosión digital), y no tuve el control que necesito, sintiéndome como un empleado.
En Velódromo fue todo lo contrario, la sensación fue la misma de escribir un libro y eso se refleja en pantalla, sólo creaba pero sin la presión de no tener el manejo necesario. Siento que en esta película, todos mis personajes son personas cercanas con las cuales se puede hablar y conversar, son parte de mí, me componen. Quería que el personaje central tuviera mucha presencia y una fuerza calma muy potente. La idea era plantear la pregunta ¿hasta dónde podemos ser nosotros mismos dentro de esta sociedad?
¿Qué hay detrás de Música Campesina?
Muchos críticos han dicho que es la historia de un desarraigo, pero es todo lo contrario, cuenta la vivencias de un tipo que está súper arraigado y cómodo en Chile, al que no le incomoda el tener que salir del país y vivir fuera buscando el reconocimiento, pero que por casualidades de la vida se encuentra en Estados Unidos (Nashville), siguiendo a una mujer que desaparece, dejándolo perdido y deambulando a la deriva.
Confieso que la esencia de la historia tiene que ver conmigo, es lo que siento cada vez salgo de Chile. Hay una idea que resume lo que hay detrás: quise demostrar, a través de este personaje, que todos los chilenos somos de San Rosendo, con la diferencia que Santiago ahora es el mundo, cuando sales afuera todos tus contactos tus conexiones afectivas desaparecen sin brújula, donde vivir es un desafío diario de adaptación y aceptación que cuesta pero que también se puede disfrutar.
¿Qué importancia le otorgas al premio en el Festival de Valdivia?
Fue una sorpresa, yo nunca había ganado nada y esa sensación es bastante adrenalínica. Es mi primer premio cinematográfico, así que estoy muy feliz y con ganas de continuar con nuevos proyectos, siempre de la mano de esta estructura que comenté, sobre la libertad de filmar barato y personal. Además, el dinero del premio (30 mil dolares) es una buena bases para lo que viene. Como consecuencia de esto, la película va seguir viajando por diversos festivales, por ejemplo, me acompañará al Festival de Gijón en España, al cual estoy invitado como jurado.
“La ficción es una realidad paralela y necesaria, ya que nos permite, muchas veces, observar con más claridad. En mis creaciones, yo trato de provocar lo que otros libros y películas han provocad en mí.”
Tu cine es muy intimista y toca temas muy existenciales, ¿pretendes dar un vuelco en algún momento?, ¿bucear en otras aguas?
Nadar en otras aguas sí, pero siempre desde lo personal, es decir, jamás me voy a colocar a hacer una cinta de terror o fantástica, ya que no va conmigo, no me interesa. Creo, más bien, en la obra con honestidad y consecuencia. Probablemente, el personaje principal de mi próxima película se va a parecer mucho a mis anteriores personajes, aunque estos siempre están en constante crecimiento.
Has declarado que te gusta más ser un cineasta que un escritor, ¿ continuarás compatibilizando ambas disciplinas?
Lo que dije en Valdivia es que cuando chico siempre soñé con ser director de cine, por eso cuando entré a la universidad, como no había la oferta de escuelas de cine que hay hoy , estudié periodismo. Pero yo nunca quise ser periodista, menos escritor, por eso afirmé y reafirmo que, ante todo, abrazo la profesión de cineasta por las posibilidades emocionales que otorga. Conectarse directamente con el público es impagable. Pero no pienso abandonar la literatura para nada.
¿Qué se viene para ti ahora?
Ahora estoy terminando la reedición de Mala Onda, consolidando mi sitio web Cinépatas, y en mayo del 2012 lanzó mi nuevo libro llamado Cinépata, donde recopilo críticas, guiones y apuntes sobre el cine, y exploro cuanto de cerca tiene el cine con la literatura. En su lanzamiento, este libro llevará además, como bonus track, la película Música Campesina.
En cuanto al cine, la idea es filmar y filmar, ya que para hacer cine no se requiere tanta preparación ni planificación, hay que estar haciendo, es la única manera de crecer y seguir desarrollándose. Por lo que espero qeu mi próxima cinta, que filmaré en Iquitos, la selva peruana, sea todo un nuevo desafío, porque como dije en otras entrevistas: filmar es vivir y si no fimas no vives.
“Jamás me voy a colocar a hacer una cinta de terror o fantástica, ya que no va conmigo, no me interesa. Creo, más bien, en la obra con honestidad y consecuencia”











































