Club de Lulú: Mujeres Reunidas. La Mejor Terapia para enfrentar la cotidianeidad
Categorias: Reportajes y Entrevistas
Escrito por: NosMagazine Online
Los hombres se juntan para ver fútbol y preparar un asado, criticar por horas al entrenador y a los jugadores. Las mujeres temen cuando saben de una despedida de soltero, pues de todo se puede esperar. Los hombres son más bien confrontacionales y los temas hogareños y sociales probablemente no estén en la pauta de sus reuniones de trabajo. Si es tan conocido el “Club de Toby” y todos sus alcances, ¿qué pasa cuando las mujeres se reúnen?, ¿de qué hablan?,¿qué sucede cuando quedan solas?
Por un lado, las mujeres aún cuando pertenezcan a diversos estratos sociales o económicos, se ven sumergidas finalmente a una realidad que sólo ellas pueden entender y comprender. La maternidad sobrepasa los límites del trabajo, de las reuniones, de las labores del hogar, etc. La rutina por si sola se encarga de entorpecer el desarrollo de quienes en su mayoría se mantienen como dueñas de casa, esposa, madre o abuela y limitan, de cierta forma, su campo de acción y de pensamiento.
Por otro lado, la amistad es una conexión que no sabe de geografía, tiempo, ni edad. Es una unión que liga sentimentalmente, y emana de lo más profundo para hacer el bien y proteger. Más bien si se desarrolla dentro de un núcleo bien cohesionado e íntimo, dicha unión puede transformarse en una necesidad.
A pesar de que muchos hombres creen que el “Club de Lulú” nace de la ira o la rabia de verlos a ellos reunidos en su “Club de Toby”, muy por el contrario, la idea se gesta por la necesidad de ocupar un lugar en el tiempo y el espacio y desde allí hacer notar sus valores, principios y necesidades. La mujer hoy cumple un rol específico en la sociedad, que va mucho más allá de cuidar a los niños y organizar la casa, hoy tienen voz y sus decisiones pueden ser trascendentales en la vida de quienes las rodean y es en este grupo femenino donde se sienten libres y acogidas, importantes y escuchadas y, por sobre todo, felices de formar parte de algo que complementa su vida.
Nacimiento de la necesidad
Claramente la conformación de un grupo no tiene que ver con las edades, las tendencias, ni la sangre, mucho menos con la época en que se consolidan como un club de mujeres que se divierte, que disfruta, que sufre y que llora con las diversas situaciones de la vida.
Carolina Jaque, es una joven profesional y hace 15 años que se reúne con Lorna Flores, Leidy Sanhueza, Paola Ferrada, Paola Carrasco, Catalina Cueto, Verónica Negrón, Vanesa Godoy, Carolina Rojas, Carolina Morales, Amparo Pulpeiro, Stella Contreras y Pamela Fuller, en un grupo bastante íntimo, como ella señala, y donde ha encontrado la comprensión y el apoyo que tanto ha necesitado en episodios complejos de su vida. “Juntarnos es una necesidad por el apoyo que nos brindamos. En nuestras reuniones, además de compartir, sacamos lecciones para poder llevar una vida más fácil y disfrutar al máximo de ella”, afirma. Entre Carolina y su grupo existe una sinergia tal, que al paso de unas semanas, la necesidad de verse y compartir se hace inmensa.
Ana María Melo, y sus amigas Gloria Velasco, Martita Bastías, Berta Almendra, Sandra González, Edith Cáceres y Marcia Manzi se juntan hace casi 20 años, luego de que naciera en ellas una gran amistad que las inspiró a reunirse bastante seguido para compartir experiencias de su vida personal, en una relación fraternal y solidaria poco común por estos tiempos. Sin intención, se convirtieron, por allá por 1992, en el grupo femenino pionero en reunirse en un café de la galería Concepción a conversar de la vida y de los sueños de cada una. “Llamábamos la atención en esos años, la gente que pasaba nos miraba cuando nos escuchaba reír, se asombraban de vernos cómo lo pasábamos de bien, nos juntábamos todos los días a las 12”, recuerda.
Las cosas buenas de la vida
“Nuestra amistad sigue en pie por que el apoyo que existe entre nosotras, va más allá de una amistad pasajera. Tenemos involucrado a todo nuestro entorno y aunque la mayoría se ha ido a otras ciudades, nuestra amistad está más viva que nunca. Cuando una amiga necesita ayuda activamos un “plan de rescate”. La que pueda ayudar lo hace, si está cerca con mayor razón. Puede sonar curioso, pero después de una vida junto a las amigas, basta escucharlas por teléfono para saber si están bien o mal”, comenta Carolina, quien con su Club de Lulú celebran los cumpleaños, juegan al amigo secreto en Navidad, vacacionan juntas, cocinan, etc, aseguran tener siempre un tema de conversación y no aburrirse nunca.
En el Club de Lulú de Ana María, pese a que en el último tiempo ha sido bastante difícil de juntarse, siempre celebraban los cumpleaños, las navidades, las fiestas patrias, ayudaban y solidarizaban con la amiga enferma, se preocupaban de hacer lindos regalos y de hacer fiestas memorables con la familia de las integrantes. “Creamos una relación preciosa, donde hasta con los maridos somos muy amigos, todos somos muy respetuosos y compartimos los mismos valores, si no fuera así, nuestra amistad no llevaría tantos años”, afirma.
Los malos momentos
Pese a que Carolina y su grupo viven con sinceridad su amistad, siempre surgen situaciones que causan algún mal entendido, “Pero se conversa hasta aclarar lo que pasa. Ha sucedido pocas veces. Ninguna está a la fuerza en nuestro grupo y si algo no nos parece lo decimos frente a frente”, asegura. “Deseamos que nuestra amistad esté intacta, que podamos disfrutar de nuestro logros y que nuestros hijos mantengan entre ellos los lazos de amistad que hemos construido durante más de quince años” concluye. La costumbre podría acabar con este grupo tan fresco y juvenil, pero continuamente realizan actividades tan diferentes que sus distintas personalidades (mañosa, esforzada, atrevida, sociable, etc) hacen que se mantenga el entusiasmo.
“Las señoras del café”, cómo era conocido el grupo de Ana María, son mujeres muy leales, comprometidas con el club y con los valores que siempre han recalcado entre ellas y sus familias. “Una vez tuvimos una mala experiencia, pero nos sirvió para darnos cuenta que tenemos una relación tremendamente fraterna y sincera, y fácilmente pudimos dejar eso de lado y continuar con nuestra amistad” señala. Son personas muy tolerantes y entusiastas, la alegría de vivir y de disfrutar les brota por los poros y la preocupación y dedicación por las demás combate firmemente contra la costumbre. “No nos aburrimos, y pese a lo que la gente pueda pensar, nosotras no pelamos a otras personas, conversamos de las situaciones, pero los cahuines quedan fuera” afirma Ana María. “La diferencia, quizás más evidente, de la amistad entre hombres y mujeres, es que el hombre encierra sus sentimientos y cosas personales dentro de su alma, raramente las saca”, concluye.
Un trascendental estudio de la UCLA (Universidad de California, Los Ángeles) sugiere que las amistades entre mujeres son especiales. La investigación, denominada “Female Responses to Stress” (Respuestas femeninas al estrés), indica que estas amistades dan forma a lo que son las mujeres y a la persona en que posteriormente se convierten. El grupo calma el revuelto mundo interior, llena los vacíos emocionales que se experimentan en el matrimonio, y les ayuda a recordar quiénes son realmente. Desde el campo científico, hoy se sospecha que el tiempo que se pasa con las amigas puede, de hecho, contrarrestar ese tipo de estrés que revuelve el estómago y que se experimenta cotidianamente.











































